Hasta que la boda nos separe
Cine - Series / Dani De La Orden

Hasta que la boda nos separe

7 / 10
Rubén Romero Santos — hace 2 semanas

Sí, la nueva película del grupo Atresmedia también es otro remake de una comedia europea de éxito. En este caso, del filme “Jour J” (2017), de la francesa Reem Kherici. Pero más allá de la fórmula magistral que en estos últimos tiempos parece guiar las decisiones de producción de las cadenas privadas, “Hasta que la boda nos separe” es una película resultona y muy divertida que supera con creces al original. Nos encontramos aquí con un triángulo amoroso formado por tres cayetanos en sus diversas formas: una desgraciada que vive de sacarles el dinero (Belén Cuesta), un aspirante a entrar en el Olimpo cayetanil por vía vaginal (Álex García) y una pata negra por linaje (Silvia Alonso). El grupo favorito de esta última, como irónicamente sucede con casi todos los cayetanos, es Carolina Durante, así que no ha llegado a escuchar “La boda” de Astrud y su “no os caséis”. Es comprensible, pues la formación de Genís y Manolo pertenece a la prehistoria “a.z.p” (antes de las zapatillas Pompeii). Si lo hubiera hecho, la ingenua Silvia sabría lo mucho que de ascensor social tiene el sacramento y se podía haber olido la tostada que han puesto a hornear los otros dos.

Por cuestiones de exenciones fiscales, en vez de Ibiza, Marbella o ser todos gaditanos, la acción transcurre en Canarias, que tampoco es mal lugar. Eso sí, el pelazo y los botones desabrochados no se los quita nadie. Rodada con elegancia y efectividad, a los irreverentes gags con los que contaba la original (chistes alcohólicos y animalistas) se añade una buena dosis de burradas ibéricas como el humor necrofílico y politoxicómano. En este sentido, cabe resaltar a Jordi Sánchez muy metido en el papel de manager de Carolina Durante, un mujeriego y disfrutón muy alejado –creemos– de cómo es Sonido Muchacho en la vida real…

En fin, que la película se aguanta más que dignamente por su aroma de screwball comedy clásica, de trabajo realizado con mimo por alguien que se ha visto una y mil veces “Historias de Filadelfia” y “La fiera de mi niña”, lo que justifica que el espectador sienta que está en un tiempo y un lugar irreales, como sacado de uno de esos reportajes de ciencia ficción social del ¡Hola!, y le permite empatizar con una pandilla de pijos a los que detestaría en condiciones normales. El cameo en la escena final de Carolina Durante en un barco, y una banda sonora en la que el grupo de Diego Ibáñez se mezcla con La Bien Querida y Nena y sus “99 Luftballons” ratifica el buen gusto de una producción que descolla entre los manufacturados productos habituales de las cadenas generalistas.

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