Anatomía de un dandy
Cine - Series / Charlie Arnaiz Y Alberto Ortega

Anatomía de un dandy

8 / 10
José de Montfort — 14-12-2020
Fotógrafo — Frame del documental

Algunos hemos leído y releído esa voz umbraliana una y otra vez en sus libros, pensado que habríamos de agotarla cuando, en realidad y como bien se explica en el documental “Anatomía de un dandy”, fue ella la que quiso agotarse a sí misma. Esa voz umbraliana, su génesis, construcción, exégesis, agotamiento e (in)autenticidad es la que se explora en la película de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, que de momento en estos días se puede ver en Barcelona, en los cines Maldà.

“Anatomía de un dandy” toma el título de la biografía que Francisco Umbral le dedicó a Larra en 1965 (y que publicó originalmente Alfaguara) y sirve de puntal, junto a las figuras de Valle-Inclán, Oscar Wilde y Ramón Gómez de la Serna, para tratar de componer el robusto castillo de naipes que fue la personalidad múltiple del escritor vallisoletano: quinqui sofisticado, ácrata sentimental, noctámbulo mujeriego, canalla con alma de rocker y narciso huérfano de padre e hijo. Dividida en capítulos, que toman algunos de los títulos de los libros de Umbral (escribió más de ciento diez durante toda su vida), la cinta nos ofrece abundante material inédito (el más escalofriante, tierno y emotivo es la cinta grabada en la que aparece un Umbral despojado de su personaje, sin la voz afectada, que habla cariñosamente con su hijo Pincho y le cuenta un cuento antes de dormir), además de documentos ya conocidos, así como el testimonio de diferentes personalidades que lo trataron y, lo más importante, las declaraciones de su viuda, María España. Y aquí radica uno de los grandes valores de la cinta, que muestra al personaje sin caer en la hagiografía, también con sus zonas de sombra, sus miserias y sus vulnerabilidades.

Los autores tuvieron acceso a La Dacha, la vivienda familiar de Majadahonda, así como a todo el archivo personal del escritor, y eso hace que la cinta permita una visión de conjunto, reflexionando sobre las causas de lo visible, mostrándonos la trastienda del personaje público: vemos al hombre leal y tierno, al padre herido, al hijo huérfano y destronado, al intruso acomplejado por sus problemas de identidad, al artista circense que busca en la omnímoda presencia en los medios el escándalo que le permita una ampliación de sus lectores.

En su novela “La voluntad”, Azorín dice sobre el espíritu de Larra que era tormentoso, desasosegado y trágico. Y mucho de eso hay en la vida de Umbral, quien se vio obligado a utilizar el disfraz altivo del dandy para desafiar, epatar y, al tiempo, construirse una imagen que sirviera como continente sobre el que verter su obra. Umbral entiende el dandismo a la manera sartreana, como “defensa contra los demás”. Y así es también su prosa, sofisticada, elegante y, por momentos, impostada; y lo más importante: desafiante con el lector.

Tras la muerte de su madre y solo en la vida (sin padre ni madre), Umbral decide apostarlo todo a la literatura. Y bajo este prisma ha de entenderse también la vehemencia y fiereza con la que defendía su espacio, construía sus genealogías y batallaba en las esferas de las influencias. Y en el mismo sentido ha de entenderse su pulsión daliniana por el marketing personal, el dinero y el fanfarroneo de sus ligues con mujeres (piénsese que estuvo casado con María España desde 1959 y hasta su muerte, el 28 de agosto de 2007 y ella lo sabía). Con todo, no puede decirse que Umbral no contase con apoyos, y ahí están sus dos mentores: primero Miguel Delibes y luego Camilo José Cela, pero también José García Nieto, protector de Umbral a su llegada a Madrid y que le dio trabajo en Mundo Hispánico. Ganó, además, todos los premios más importantes del ámbito español y, como dice en el documental quien fuese su amigo Ángel Antonio Herrera, fue un mimado del sistema.

Es este un excelente documental, apto no solo para los lectores umbralianos (que lograrán entender la complejidad del hombre que se escuda tras sus libros), sino también para todo aquel que quiera entender a la gran figura crepuscular de las letras españolas del s. XX. Un escritor y columnista al que, en sus mejores momentos, leían en el periódico, cada día, más de un millón de personas. Un articulista de enorme influencia y un escritor sensible y herido por la vida. Sin embargo, un pero se le ha de afear al documental y es la clamorosa ausencia de Anna Caballé, biógrafa no oficial de Umbral. Y decimos no oficial porque cuando ésta descubrió que Umbral en realidad se llamaba Francisco Pérez Martínez y nació en la maternidad de Lavapiés, en Madrid, en 1932, hijo de una joven soltera y de un padre desconocido, el escritor la convirtió en su adversaria terrible. Con la publicación en El País en el año 2015 por parte de Manuel Jabois (quien sí aparece en el documental) de la verdadera identidad del padre de Umbral (el abogado vallisoletano Alejandro Urrutia, de quien la madre de Umbral era secretaria) no se entiende tan sonora omisión (a no ser, claro está, que la notable biógrafa –por la razón que fuese– declinase su presencia en la cinta).

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