Diez años sin Morente y su legado sigue iluminando a toda una generación
Especiales / Enrique Morente

Diez años sin Morente y su legado sigue iluminando a toda una generación

David Pérez Marín — 16-01-2021
Fotógrafo — David Pérez Marín (Foto: Familia Morente)

Se cumplen diez años de la muerte de Enrique Morente. Una década que coincide con una especie de reconciliación entre la música de raíz andaluza y una generación que hasta ahora había renegado de ella. Morente y su obra fueron seguramente pieza clave en ese acercamiento que ahora se materializa en infinidad de proyectos. Nos acercamos a la figura del maestro desde el prisma de algunos de ellos.

Se fue 2020 y, como decía Enrique Morente, “estamos vivos de milagro”. Despedimos el año homenajeando al maestro granadino en numerosos escenarios, del Suma Flamenca madrileño dedicado íntegramente a su figura, a sentidas actuaciones en su eterna Granada y a lo largo de todo el territorio nacional, por artistas de todos los ámbitos y generaciones.

Y no hay mejor manera de empezar 2021 que la de seguir celebrando su música y rendirle un tributo más desde nuestras páginas, recordando la desbordante vitalidad y energía de un legado artístico único e irrepetible, el caminar de un genio que abrió infinitas sendas para todos los que le rodearon y vinieron después.

Como cada diciembre desde 2010, las nubes trajeron consigo, tomando un verso de “Extracto de una piedra desolada” del gran Jesús Arias, “lágrimas más anchas que doce océanos juntos y asustados”. Una década sin Enrique es una eternidad y un hueco irreemplazable en la imaginación y el corazón del arte. Hay personas que no deberían morir nunca, pero, aunque lo hagan, jamás se van del todo. En palabras de Antonio Arias: “Enrique nos mostró el camino de la emoción en el arte, como principio artístico, como búsqueda de la verdad”.

Aunque muchos ven en el diálogo entre flamenco y rock que firmó junto a Lagartija Nick (con Lorca y Cohen de invitados especiales) en “Omega” (96) el despegue rupturista de Morente con la tradición, esa esencia innovadora que iba de la mano del respeto por las esencias primigenias, le corría por la sangre desde siempre.

Rompió rápidamente con las cadenas puristas, pero nunca con sus raíces, al contrario, las cultivó con inagotable pasión hasta el último aliento. Sabedor de que el conocimiento era la llave necesaria para abrir nuevas puertas, se empapó de los viejos maestros y demostró tener un dominio sin igual como intérprete, cantando más de cuarenta palos flamencos diferentes durante su carrera, renovando y rescatando incluso algunos que, si no hubiera sido por él, posiblemente se habrían perdido tristemente en el olvido.

En esa aparente dicotomía entre, la defensa de la tradición por un lado, y ser un constante renovador de la misma por otro, no solo no hay contradicción ninguna, sino que la conexión de esas dos caras aparentemente contrapuestas, esconde y conforma el verdadero latido lógico y necesario para que, el flamenco o cualquier otro arte raíz, perdure y progrese en los nuevos tiempos, sin perder un ápice de su esencia.

“Aunque no hubiera sido su hija, estoy segura de que su obra me habría calado igual”. (Soleá Morente)

Así, ese hilo de luz en su manera de transmitir el cante que ya aparecía en los surcos de sus primeras obras clásicas, “Cante flamenco” (67) y “Cantes antiguos del flamenco” (68), se fue abriendo paso y se tornó faro y brisa fresca, creciendo sin pausa en compromiso y creatividad a cada paso, convirtiéndose en el cantaor de los poetas desde aquel imprescindible “Homenaje flamenco a Miguel Hernández” (71), y llegando a cimas artísticas que van del “paso adelante y los dos atrás” (uno de los pilares de su filosofía creativa) de “Despegando” (77) y “Homenaje a don Antonio Chacón” (77); sin olvidar otras indiscutibles cumbres flamencas adelantadas a su tiempo como “Sacromonte” (82), “El pequeño reloj” (03), “Sueña la Alhambra” (05) o su último disco de estudio “Pablo de Málaga” (08), solo por nombrar algunas de las obras maestras de una rica e indispensable discografía en su totalidad.

Su voz sigue iluminando ese “camino de la emoción en el arte” y hemos seleccionado a un grupo de jóvenes y valientes artistas que han despuntado a lo largo de esta última década huérfana de Enrique Morente, para que nos cuenten qué ha significado y cómo ha calado en ellas y ellos la figura y obra del Ronco del Albayzín.

El legado Morente estaba ya asegurado por su familia, pieza fundamental en su forma de entender el arte y la vida. De su mujer Aurora Carbonell, bailaora y artista plástica, además de brújula y mitad necesaria en el viaje artístico de su marido, a sus hijos: la Estrella que más brilla, la primogénita que viene de vuelta y posee la voz y pellizco más privilegiado de la zaga, con una carrera contrastada y con un potencial aún por tocar techo; al pequeño de los hermanos, Kiki Morente, que ya en su disco “Albayzín”(17) y últimos directos, demuestra que el quejío y la sonrisa de su padre no se apagaran nunca. Y Soleá, que ha sido quizás hasta la fecha la más aventurera en su carrera, manteniendo muy viva esa valentía creativa que les inculcó su padre y que, en este 2020, la ha llevado a firmar uno de los mejores discos nacionales del año, Lo que te falta” (20).

Soleá Morente nos cuenta que la influencia de su padre en su trabajo “es evidente y determinante. Por una parte, es mi padre y como cualquier hija, aprendí de él desde chiquitita… Y por otra parte, es una persona a la que admiro profundamente y he tenido la suerte de verle trabajar, de escucharle hablar, de compartir con él pensamientos, reflexiones, tanto a nivel humano como a nivel profesional. Me siento una persona privilegiada y muy afortunada de haber podido disfrutar de él tan cerquita. Además, como aficionada al arte y al flamenco, aunque no hubiera sido su hija, estoy segura de que su obra me habría calado completamente, estaría totalmente calada por él. Es una persona excepcional, única y genial, una de esas que nacen cada mucho tiempo”

“Haber nacido ya con una obra de referencia como “Omega” me da alas”. (María José Llergo)

El  jerezano Dani Llamas, que siempre se movió como pez en el agua dentro de la música americana, folk o pop más electrizante, ha encontrado su centro en “La Verdad” (20), uno de los mejores discos nacionales de esta última cosecha, con regusto a cantes populares y jondura que rezuma autenticidad y compromiso, aportándole un extra de frescura y luz marca de la casa. “Yo creo que puede haber cantaores que me pueden representar mucho más, pero creo que hay una cosa que cabe destacar por encima de todo de Enrique Morente, que es esa valentía y esa falta de prejuicio en utilizar el flamenco como frontera entre otras músicas… Claro, el ejemplo más sobresaliente de ello es “Omega” (96), pero hay un disco, que creo que a él le hizo mucha ilusión hacer, que es el “Morente-Sabicas” (90), firmado junto al maestro Sabicas, donde canta a la perfección innumerables palos, de una vidalita, a otros cantes de ida y vuelta, pasando por la “soleá de La Serneta”, que también cantaba la Niña de los Peines, y que yo también he incluido en mi nuevo disco “La Verdad” y que se llama “Fui piedra”.

La cantaora trianera Rosario La Tremendita, además de intérprete, compositora, letrista y multiinstrumentista, con cuatro discos a sus espaldas y una carrera más que consagrada capitaneando mil aventuras, parece haber hallado su voz tras sellar el notabilísimo y genuino “Delirium tremens” (18). Dando rienda suelta a sus inquietudes artísticas y llevando con buen saber la tradición flamenca a nuevos entornos sonoros, fusionando jazz, funk y electrónica con más compás que nadie. Para ella, “El maestro Enrique Morente fue un creador con pensamiento, instrumento y corazón. Fue, es y será la evolución consciente del flamenco. Acercó el cante a la cultura y a lo intelectual, rompió fronteras y llevó el flamenco a una unión universal con otras disciplinas artísticas. Un ejemplo de valentía, lucha y sencillez. Un cantaor con conocimiento, inconformista, con buen gusto y valiente en sus propuestas. Siempre está presente en mí y le estaré eternamente agradecida. Amo el sonido Morente”.

Este 2020 nos ha traído una pandemia, pero también “Sanación” (20) de la mano de María José Llergo, pasando de ser la revelación del año, a consagrarse en el mismo parpadeo como una de las voces más interesantes y con un potencial creativo sin límites a la vista. La joven artista cordobesa nos habla con entusiasmo de su conexión con Morente y nos desvela que, cuando va al estudio, casi siempre va escuchando dos discos en bucle: La leyenda del tiempo de Camarón (79) y Omega (96) de Morente. “Enrique Morente está omnipresente en todas nuestras conversaciones. De hecho, estoy trabajando con personas que trabajaron con él, y me hablan de él casi todos los días. En mi obra se nota su influencia muchísimo. De hecho, cuando escucharon por primera vez Me miras, pero no me ves en el estudio, me dijeron: Esto es Granada, esto es Morente. Y para mí no hubo mejor feedback que ese. Para los jóvenes nos influye muchísimo su capacidad de mirar a la música desde un prisma abierto, desde un prisma generoso, incorporando instrumentos más modernos a lo que era la tradición flamenca. Es increíble como funcionan con Lagartija Nick en el Omega… O como en El pequeño reloj incorporan sonidos que son como la piedra del mechero cada vez que saca fuego… Para mí haber nacido ya con una obra de referencia como es el Omega, me da alas, me da una capacidad de volar, de imaginar, de meterme en los mundos de Lorca, de meterme en los mundos de Granada, de meterme en la oscuridad y encontrar la luz… Ahora mismo, es mi disco de cabecera. Canciones como La Aurora de Nueva York, Ciudad sin sueño, Manhattan me llevan a un sitio privilegiado donde mi alma vuela…”

El Manifiesto” (20) electrónico-flamenco de RomeroMartín ha sido otro de los lanzamientos destacados del año. Y en Álvaro Romero encontramos una de esas voces valientes que, dominando la tradición (pasó por la escuela sevillana de Esperanza Fernández y lleva 15 años como cantaor flamenco), no tienen miedo a arriesgar y experimentar. Nos comenta que la figura del maestro granadino y su obra le han dejado huella: “Para mí la obra de Morente, la verdad es que me ha influido muchísimo, ha sido de los cantaores que más me han emocionado a lo largo de la historia y a lo largo de esa lista enorme de cantaores desde que tenemos constancia de las primeras grabaciones. Al principio, la verdad es que tampoco le eché tanta cuenta, porque, bueno, me fijaba más en un cante como más tradicional y tal… Fue pasando el tiempo y fui profundizando más en su cante y en su obra, y ahí fue cuando me quedé impregnado de su manera de cantar, de su mentalidad a la hora de trabajar con el cante. Para mi Enrique es el equilibrio exacto entre la intelectualidad y la emoción. A mí uno de los discos que más me han influido, que más me gustan y que más me emocionan de Enrique, ha sido El pequeño reloj (03), por supuesto, aparte de muchos otros, pero El pequeño reloj me parece que tiene unas composiciones que no la tienen otros discos… Cada vez que lo escucho me alegra el alma a la vez que me conmociona, se me ponen los vellos de punta, me provoca una reacción emocional que puede llegar a lo físico incluso”

La voz de Silvia Pérez Cruz desprende magia y sentimiento hasta en los silencios, pura luz desgarradora y sensibilidad artística al alcance solo de unos pocos elegidos. Nadie interpreta como ella y la catalana nos ha vuelto a regalar un álbum que roza la excelencia, “Farsa (género imposible) “(20), un diálogo único y universal entre cine, teatro, danza y poesía.

Sabemos que en su disco “Granada” (14), la figura de Morente fue determinante y le preguntamos por cómo nació esa conexión entre ella y Enrique: “Yo creo que el primer disco que escucho de Enrique Morente es el “Omega”, y debe ser 2012 o una cosa así… Alex Sánchez nos regala el disco y en uno de los viajes a Portugal lo escucho y me vuelvo loca. De hecho, ahí escucho “El pequeño vals” y veo que es que no puedo, que no lo puedo evitar, que necesito cantar esa canción… Me remueve absolutamente. Y cuando estaba decidiendo el repertorio con Raúl para el disco de “Granada”, le propuse hacer esta canción. Recuerdo que me dijo que no, que había muchas versiones ya y que igual no era buena idea… y le dije que no me importaba, que necesitaba cantarla. Cantando esa canción he sentido y aprendido muchas cosas, una de ellas a gestionar las emociones cuando estás cantando, a no tener prisa… También recuerdo que cuando estaba grabando “11 de noviembre” (12), yo aún no lo conocía. Lo grabé en 2011 y salió en 2012. Y en ese disco hay una canción que se llama “Diluvio universal” y me acuerdo que Raúl me decía que era raro que no hubiera escuchado el “Omega” y hubiera hecho esa canción, sin conocer ese disco, y luego entendí por qué lo decía…

Por otro lado, yo siempre digo que dos referentes muy importantes para mi son: Caetano Veloso y Enrique Morente porque los dos tienen unas raíces muy profundas y a la vez, los brazos y la cabeza abiertas al universo. Gente que conoce muy bien la tradición, pero que es muy valiente e innovadora”.

No hay una voz flamenca más pura e inquieta a la vez como la de Rocío Márquez. Todo con una naturalidad y altruismo creativo (sello también muy morentiano) que la hacen compartir su universo con infinidad de músicos de diferentes géneros, sin escatimar pasión y verdad, vaciándose en cada nuevo movimiento. En su último e imprescindible trabajo, “Omnia Vincit Amor”  (20), ha formado equipo junto a Erike Solinís y Manuel de Falla bajo sus alas. Rocío nos contaba que para ella Enrique Morente es: “el equilibrio perfecto entre el conocimiento de los códigos tradicionales y la libertad más absoluta. La búsqueda incesante y la creatividad desbordada. Si pienso en un reto, en un sueño a nivel artístico, que me gustaría alcanzar a lo largo de mi vida en algún momento, sería dar con este equilibrio. Me parece lo más difícil y lo que más admiro”.

“El Pequeño Vals me removió completamente. Necesitaba cantarla. Con esa canción he aprendido a gestionarlas emociones cantando”. (Silvia Pérez Cruz)

Le preguntamos también como afrontó “Pinceladas”, su homenaje personal a Morente en el Suma Flamenca de este año: “Cuando supe que la Suma Flamenca se dedicaba este año a Enrique, se me vinieron varias ideas a la cabeza por las que poder tirar del hilo… Una hubiera sido reinterpretar versiones o composiciones suyas. Pero al final, bueno, pensé que Enrique no me casaba tanto con la reinterpretación de lo ya conocido, de lo ya estipulado, y por eso al final, el camino por el que me decanté, fue hacer un repertorio tradicional, pero, en cada uno de los palos, por guajira, por seguiriya por levante, por petenera… ir haciendo pequeñas “pincelaitas” que me conectaran con él de una manera o de otra. Y esa fue la propuesta que hicimos. También se me ocurrió hacer algo más rupturista, de principio a fin, porque también me parece que va mucho con su discurso, podría haber sido, pero bueno, en este caso, me he acercado a él a partir del repertorio tradicional y de los códigos tradicionales”.

Aportando luz en este 2020 sobre el valioso y casi desconocido archivo sonoro de Val del Omar, Niño de Elche recreó primero en la exposición Auto sacramental invisible”, una representación sonora de la estética del singular cineasta granadino (abierta hasta el 26 de abril de 2021 en el Museo Reina Sofía), y luego sumó el doble álbum “La distancia entre el barro y la electrónica”. Siete diferencias valdelomarianas a su inclasificable e indispensable discografía, Francisco Contreras Molina, el ex flamenco más intrépido y camaleónico, capaz de reconvertirse y “traicionarse” en pos de una libertad creativa que lo define y engrandece en cada nueva y poliédrica embestida, nos cuenta qué significa para él la figura de Enrique Morente: “Para mí ha sido muy relevante, sobre todo porque ha encarnado la figura que me gusta reivindicar como “ama de llaves”. Esa figura que conoce muy bien la casa, en este caso la casa sería el flamenco, y portaba, tenía el don de tener una actitud para portar toda esa cantidad de llaves de todas las puertas y realmente entreabrirlas para que muchos después pudiéramos entrar a profundizar, a cotillear, a investigar sobre lo que él ya había intuido en su gran labor. Creo que la mejor forma de homenajear a Enrique Morente es seguir ese espíritu. Ese espíritu investigador, curioso, inquieto, juguetón y sobre todo desprejuiciado de cualquier tipo de idea preconcebida en lo que significan las relaciones artísticas. Para mi Enrique sigue siendo uno de los pilares importantísimos en cómo desestructurar, cómo agrandar esta idea del flamenco, la idea de cantaor… Creo que fue uno de los primeros en poner un interrogante muy concreto a lo que suponía y significaba ser un cantaor de flamenco y desde ahí es donde yo más valoro la figura de Enrique, más allá, lógicamente, de sus composiciones, de sus discos y sus grandes dotes para el cante y para la reformulación de la tradición y todo eso como lo conectaba con según qué prácticas artísticas… Desde ahí, mí máximo recuerdo a su figura y mi aliento a que los diferentes compañeros y las nuevas generaciones aborden la figura de Enrique, no como un fetiche, no como un reproducir canciones, sino como un espíritu liberador que nos sigue animando a seguir las líneas de las indisciplinas flamencas”.

Pocas bandas tienen tanta personalidad y pegada como el dragón psicodélico de cinco cabezas, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, creadores de esa “kinkidelia” que se ha extendido como el mejor de los venenos, consagrándose en un abrir y cerrar de ojos tras su debut homónimo de 2019 y directos explosivos. Dandy Piranha, garganta de quejío eléctrico y letrista de la banda, nos habla del Ronco del Albayzín: “Yo de Enrique Morente me podría pegar horas hablando porque es un cantaor que a mí siempre me ha encantado y me ha llevado a sitios muy especiales, porque es el cantaor más poeta y el cantaor más místico, de hecho, como suenan los versos de San Juan de la Cruz en la voz de Enrique Morente, yo creo que no van a sonar en la voz de nadie. En cuanto a su discografía, siempre ha sido un cantaor que ha investigado mucho. Primero Sacromonte (82), que escuché por primera vez cuando estaba descubriendo, pues tú sabes, los discos estos de Smash, de Manuel Molina, de Sabicas y todos esos primeros discos de fusión… Luego también me gustó mucho Despegando (77), que hizo antes con Pepe Habichuela, me parece maravillosa la instrumentación, con tintes muy árabes en algunos momentos, ese disco es precioso. Y hombre, luego está claro que el Omega (96), con esa mezcla que se hizo explosiva con letras de Lorca y Leonard Cohen, eso siempre estará ahí… También me gustó mucho Misa flamenca (91), me parece también un disco muy bonito… Y bueno, cualquier disco suyo de cante ortodoxo, como he dicho antes, te lleva siempre a otro sitio… Era un cantaor muy culto que se empapó de muchísimas músicas muy distintas y lo reflejaba en sus discos y en sus recitales. Me parece un cantaor fundamental, tanto para empezar a escuchar flamenco, como para cualquier amante entendido de este arte”.

Con su “Caravana”, Quentin Gas firmó uno de los discos del año 2017, surcando el trayecto que hicieron los gitanos de Oriente a Occidente, en pistas impregnadas por romero, jazmín y cardamomo, electrificando raíces y fundiéndose con ecos de Tame Impala y puñaladas lisérgicas. En su siguiente andadura, “Sinfonía Universal Cap 02” (18), continuó su viaje espacial y nos cuenta que sigue matriculado en esa escuela morentiana de reinventarse: “Morente buscaba no quedarse en lo típico, en lo básico, en las cosas ya hechas… Él quería buscar siempre un camino nuevo. Yo profeso esa escuela. Para mi Enrique Morente ha tenido muchísima influencia porque, hace ya años, me di cuenta de que siempre voy a estar caminando por esa sendas que él abrió, buscando algo nuevo, inventando siempre, reinventándome una y otra vez… Para mí es un ejemplo a seguir. Nunca quedará en el olvido Enrique Morente”.

“Aliento a que las nuevas generaciones aborden la figura de Morente, no como un fetiche, sino como un espíritu liberador que nos sigue animando a seguir las líneas de lasindisciplinas flamencas”.  (Niño de Elche)

“Porvenir” (19) supuso a Le Parody un despegue que nos arrastró a universos electrónicos donde se respiraban Flores y resplandecía la noche como Plata fina, rebosante de autenticidad y modernidad con sello propio por los cuatro costaos, convirtiéndola en un referente y figura indispensable de la nueva electrónica con raíces. Sole nos cuenta que Morente y su “Despegando” (77) fueron clave en su su Porvenir: “Yo no soy una entendida en flamenco, ni lo estudio minuciosamente, pero sí lo escucho mucho y me quedo un poco con lo que me llega, y en ese sentido, sí puedo decir que el flamenco de Enrique Morente es de los que más me tocan. No sé, me parece que tiene una profundidad… Hay como un cuidado casi ritual de todos los cantes, de las composiciones que afronta, que a mí me han parecido siempre muy cercanas, que tenían que ver mucho con cómo me he ido yo acercando también a la música, sin tener nada que ver obviamente con lo que hacía Morente, claro. Pero en concreto, su disco Despegando (77), que es mi disco favorito de él, por delante del Omega… A mí, el Despegando me parece un disco modernísimo, muy coherente… Yo, para mi último disco Porvenir (19), me fijé muchísimo en ese disco, sin tener nada que ver uno con otro, claro, pero estuvo muy presente, fue de mis discos de referencia… También porque tiene una mirada de Andalucía que me gusta, que me interesa mucho”.

Tras trabajar con infinidad de estrellas del flamenco y jazz patrio, Cristian de Moret despliega sus alas eléctricas y prepara su “Supernova” en solitario, con un personal quejío que posee el espíritu y la autenticidad de los más grandes. Hablamos con el artista onubense y nos relata la importancia central de Enrique Morente en su obra: “La figura de Enrique Morente me llega con el disco de “El pequeño reloj ” (03) y me impacta de una manera muy fuerte porque nunca había escuchado flamenco de esa forma. Una persona que era capaz de expresarse con el lenguaje del cante flamenco totalmente en su alma, en su voz y luego además impregnarle letras nuevas, actuales y encima una musicalidad y una forma de grabar discos que hasta ese momento nunca se había llevado a cabo. Así que, para mi Enrique Morente ha sido un referente como cantaor, como productor y como persona también, porque tengo amigos en común, yo no tuve la suerte de conocerle, pero por encima de todo, todos coinciden en que era una gran persona. Y esa es una de las cosas que creo que es más importante cultivar para ser un buen artista, intentar ser lo mejor persona que uno pueda”.

El cantaor del momento, Israel Fernández, ha deslumbrado este año con “Amor” (20), junto a Diego del Morao, sin lugar a dudas el mejor disco flamenco del año. Composiciones propias con la garra y pasión de los grandes maestros de antaño, con un extra de frescura que ha reconquistado a aficionados al género y a oídos ajenos al mismo.

Con la naturalidad que le caracteriza (otra de sus virtudes) nos cuenta qué significa para él el maestro Morente y su obra: “Para mí el maestro Enrique y su obra significa muchísimo, porque es una manera de sentir y de buscar, es una fuente de inspiración para la juventud, porque a pesar de la afición que él tenía, que era un gran conocedor del cante, aparte de cantaor, era músico y en fin, es una fuente de inspiración donde agarrarse. Yo creo que la manera de sentir de Enrique ha calado a la juventud, como he dicho antes, y a la afición en general y ha abierto nuevas puertas, por llamarlo de alguna manera, y ha abierto un camino que no estaba muy pisado. Él hizo al flamenco más grande, en el sentido bueno de la palabra. Mi disco preferido del maestro Morente, bueno me gustan todos, aunque yo me quedaría con “Sacromonte” (82) porque lo he escuchado mucho en mi infancia, lo escuchaba mucho mi padre y lo tengo más familiarizado”.

Aquí os dejamos el capítulo especial de nuestro podcast Secretos de los Mares del Sur: Morente Eterno.

 

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