Charlamos con el fotógrafo Juan Pérez Fajardo con motivo de su libro y exposición
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Charlamos con el fotógrafo Juan Pérez Fajardo con motivo de su libro y exposición

JC Peña — 18-06-2026
Empresa — Sílex Ediciones
Fotografía — Juán Pérez Fajardo

El libro “SOUNDTRACK. Fotografías de Juan Pérez- Fajardo” (Sílex, 26) recoge dos décadas de instantáneas musicales del fotógrafo, músico y realizador madrileño. Su biografía gráfica y una atractiva puerta de entrada a decenas de universos musicales.

Iggy Pop, Santana, Bunbury, Patti Smith, Lemmy, Anna Calvi, Alaska, Fito, Coque Malla… por el objetivo de Juan ha pasado una parte sustancial de los artistas nacionales e internacionales de lo que va de siglo. Su libro, publicado por la editorial Sílex Ediciones, funciona como deslumbrante recorrido por un trabajo cada vez más volcado al camerino y otros hábitats del artista en los que desaparecen las limitaciones de luz, espacio y tiempo del escenario. Del 20 de junio al 18 de julio el Centro Cultural Eduardo Úrculo de Madrid acoge una exposición de fotografías del libro. Se inaugura el mismo 20 con actuaciones de Anni B Sweet, Nat Simons y Luis Brea. Juan firmará libros.

“Ahora los grupos tienen que dar de comer a las redes sociales y se pierde un poco la magia”

Afirma Coque Malla en el estupendo prólogo que “Juan es un rockero al que le gusta la fotografía”, una definición con la que el fotógrafo (que, en su tiempo, colaboró también con esta casa) se siente cómodo. Estamos en el parque del Retiro, aprovechando la presencia de la editorial en la Feria del Libro de Madrid. “Siempre he querido dedicarme a la música. Al final lo he conseguido, pero de otra manera. Me ayuda mucho que no me vean como alguien de fuera, un fotógrafo de moda, sino como uno de ellos. Nos gusta lo mismo. Nos ponemos a hablar de cómo han grabado el disco o qué guitarras han usado, y es como si nos conociésemos. Hablamos el mismo lenguaje”. En el epílogo, escrito por otro amigo rockero, Fito Cabrales (“un tío increíblemente majo y con una cara muy peculiar”), el bilbaíno destaca la potencia histórica de la fotografía para excitar la imaginación del fan y el melómano. Una virtud que hoy se ha diluido entre la avalancha de información que nos sepulta. “Ahora los grupos tienen que darle de comer a las redes sociales y se pierde un poco la magia y el misterio, aunque a la gente le gusta ese rollo voyeur de saber cómo desayunan o están en el camerino. A veces funcionan más sus fotos cutres hechas con el móvil que las de un profesional”, matiza Juan. ¿Es eso un problema? “Es lo que reclama ahora el público. Se pueden tener las dos cosas”.

“Me ayuda mucho a hacer las fotos que no me vean como alguien de fuera”

No ha sido fácil que las reproducciones hagan justicia al nivel de detalle y colores vibrantes de las originales de Juan. La selección, admite, ha sido “muy difícil, porque es como si yo te pregunto a ti cuál es tu canción favorita de la historia. Hoy vas a decir ésta, y mañana otra, y todas van a ser correctas. No sé cómo he elegido… He querido un poco que fuera la banda sonora de mi vida musical y profesional”.

La confianza para dejar al músico ser él mismo destaca en numerosos testimonios coincidentes –de Loquillo a Dani Martín, Leiva o La M.O.D.A.– que en el libro funcionan como complemento de las imágenes. “Muchas veces me dicen que haga lo que quiera, y yo les respondo que las fotos son para ellos, no para mí. No puedes darle una maqueta a un productor y decirle: ‘Haz lo que quieras’. ¿Reggaetón o heavy metal? Siempre tiendo a que me pasen cosas que les gusten. Pueden ser películas, otros músicos o portadas, para saber hacia dónde quieren tirar y acotar el trabajo”. El objetivo es “reflejar un momento en el que están viviendo ahora. Aunque suene cursi, que las fotos suenen. Que cuenten una historia. Que sean un fotograma de su vida. Y para eso les tengo que dejar que hagan. Luego ya les puedo dar indicaciones y ayudar, incluso con la ropa, que me gusta mucho. Les dirijo, pero les dejo hacer lo que quieran. Muchas de las fotos las hago en el camerino, porque es entrar en su casa, y son falsos robados. Me gusta esa inmediatez”.

Junto a todo esto sobrevuela la gran elección del fotógrafo: color o blanco y negro. Ambas opciones brillan en el libro, ya desde la portada que presenta a Billy Gibbons, el barbudo vocalista de ZZ Top. “A mí me encanta el blanco y negro, también por el mundo viejuno de haber nacido y crecido con esas fotos. Los retratos, al quitarle la información del color, cuentan más”. Juan recuerda muy pocos momentos de tensión en todos estos años. Lo importante es que “no sientan que les estoy robando el alma. Hay una labor psicológica enorme”. Juan desvela que Rosendo “es muy majo, pero se pone muy nervioso cuando posa. Le temblaban las manos”. Y que la gente joven “se lo toma muy en serio, pero tiende a dispersarse”, mientras que los veteranos que han hecho muchas sesiones “son un poco más vagos”. No es el caso de profesionales modélicos como Bunbury, que “en cuanto se viste y se maquea en el camerino, sale como una estrella del rock”. En cambio, uno de los peores tragos del fotógrafo fue con la aparentemente afable Patti Smith. “Fue muy borde conmigo. Lo puedo llegar a entender porque debía estar muy cansada y la pillé en mal momento. Para ellos a veces es un trauma”.

Juan no sabe cómo definiría su estilo. “Lo que tengo claro es que me encanta mi trabajo, que disfruto cada día y me parece un lujo. Casi todos mis amigos son músicos gracias a ello. Y me surgen viajes y cosas que nunca habría imaginado. Estuve con M-Clan en Nashville grabando su disco. No había hecho nunca un documental y la discográfica me lo propuso. Me flipan esas cosas, y me imagino que esa pasión se transmite”.

 

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