“No me considero un director de thrillers”
Especiales / Rodrigo Sorogoyen

“No me considero un director de thrillers”

J. Picatoste Verdejo — hace 4 semanas

Rodrigo Sorogoyen estrena este viernes su cuarta película en solitario, “Madre”, después de dos filmes que lo habían enmarcado en el thriller, “Que Dios nos perdone” y “El reino”. Sin embargo, su nueva cinta, que parte del cortometraje homónimo nominado al Oscar, se aparta no solo de dicho género sino también de la propia pieza original, un plano-secuencia que recogía la angustiante conversación telefónica de una mujer con su hijo perdido en una playa solitaria de Francia. La cinta se sitúa principalmente diez años después en los lugares donde se perdió el rastro al niño.

Después de dos thrillers y el corto “Madre”, que iba en esa misma dirección, el largometraje enlaza más con tu primera cinta, “Stockholm”, en cuanto a ser un retrato íntimo de una mujer en crisis. ¿Por qué decides separarte del género que había caracterizado tus últimas cintas?
Por varias razones. Por no repetirme, explorar nuevas cosas, asumir riesgos. En definitiva, por divertirme. Cuando uno se repite, se aburre. “El reino” y “Que Dios nos perdone” habían sido dos aventuras gratificantes, interesantes y muy divertidas pero fueron tan grandes que ni a Isabel Peña [coguionista de todos sus filmes] ni a mí nos apetecía volver por esos senderos. “Stockholm” es un tipo de película que nos gusta más explorar. Nosotros hemos sido creadores circunstanciales de thrillers, no porque quisiéramos dedicarnos a ello. No teníamos ni idea de escribir un thriller pero queríamos colocarnos en la industria. Obviamente como espectadores los buenos policíacos nos gustan mucho, pero fue un ‘vamos a intentar hacer esto’. Y nos salió “Que Dios nos perdone”. Y a la hora de repetir con los mismos socios, pues pensamos en hablar de corrupción en un thriller y hacer otra película comercial que a nosotros nos interesase. Pero una vez hecho eso hemos tirado por estos derroteros y me interesa bastante más. No me considero un director de thrillers.

¿Descartas, pues, volver al género?
No lo descarto, pero tengo tres proyectos en mente para el futuro y ninguno es un thriller.

“Me gustan todos los géneros porque de hecho los géneros me dan un poco igual”

¿Vas a seguir por el terreno de los dramas íntimos?
Bueno, si te digo eso y de los tres proyectos acaba saliendo el que es menos drama íntimo me vas a decir que te he mentido (risas). Me gustan todos los géneros porque de hecho los géneros me dan un poco igual. Una película tiene el género que tiene que tener, no al revés, querer hacer un thriller y a ver qué cuentas. Quiero contar historias y una historia me la imagino de un género determinado. Me encantaría hacer una comedia y una historia romántica mucho menos oscura que “Stockholm” o que “Madre”, que la tengo también en mente. Estoy abierto a todo con tal de divertirme, no en el sentido frívolo sino de manera que yo me vea haciendo cosas que no he hecho antes.

Tanto “Stockholm” como “Madre” están centrados en personajes femeninos. ¿Te interesan especialmente?
“Stockholm” la entiendo como un protagonismo compartido. Siempre lo intentamos contar así, lo que pasa que el personaje de ella termina siendo más complejo por las cosas que hace y, por lo tanto, más interesante. Obviamente, “Madre” no. Es un personaje femenino cien por cien protagonista pero te digo lo mismo que con los géneros. Cada película tiene su protagonista y puede ser un hombre, una mujer o ambos. Ahora ha tocado una mujer y a saber qué toca después. Ahora estoy haciendo una serie para Movistar, “Antidisturbios” , seis tíos y una agente de asuntos internos. Ahí hay más testosterona que otra cosa.

¿Cuándo se te ocurre la idea de querer convertir un corto en un largo?
Desde que escribo el cortometraje pienso que sería una gran primera escena de una película. Y esa película tenía tres o cuatro rasgos que han terminado estando en “Madre”. Tres o cuatro, de millones de rasgos. Escribí el corto antes de “Que Dios nos perdone”, en 2013. Entonces no salió, aunque tampoco me puse muy en serio para que saliese. Al final lo rodamos justo después de “Que Dios nos perdone”. Siempre fue una posibilidad transformarlo en largo. Otra cosa es que no le dedicara el tiempo ni el esfuerzo que una película merece. Y justo después de “El reino”, con el corto teniendo éxito, Isa y yo nos planteamos cuál tenia que ser el siguiente paso y, ya que el corto estaba tan candente, se lo propuse. Al ser una historia que había escrito yo solo, no sabía si le iba a interesar a ella. Creo que cuando oyó que no iba por donde iba el corto –un thriller de desapariciones– le interesó y nos pusimos a ello.

La película se abre, efectivamente, con el cortometraje. ¿Pensaste de manera seria en no incluirlo?
Se pensó mucho. Para mí siempre estaba, pero una vez nos pusimos a hablar en serio de la película, a saber de qué va, nos lo planteamos durante un tiempo en guión y luego al final del montaje, pero vimos que no funcionaba porque, si ya es una película extraña, se convertía en mucho más y le añadía más misterio. Que luego no lo es tanto, pero lamentablemente hoy en día en el cine comercial resulta extraña porque no te da lo que promete en los primeros minutos. Teníamos que haber encarado el guión de otra manera para que funcionase sin el corto.

Efectivamente, a partir de esa escena, el espectador se espera una tensión de thriller cuando luego la tensión es más subterránea.
Totalmente. Es una decisión arriesgada. Elegimos incluirlo porque me gustan las películas que sorprenden en general, las que parecen que van por un lado y luego van por otro. Y creo que a Isabel también. Nos gusta no dar lo que parece que va a ocurrir. Siempre que esté justificado y que sea mejor, obviamente. Eso ya depende del espectador, pero a mí me parece mejor que “Madre” se convierta en un drama romántico, intimista o psicológico que no un thriller de desaparecidos.

“Creemos que el amor bien entendido es curativo en cualquiera de sus formas”

En cuanto a esto, dentro de la película hay una historia muy hermosa que es la relación entre la protagonista y el adolescente francés que…
¿Te ha parecido hermosa?

…¿Qué?…
¿Te ha parecido hermosa?

¿Eh?… Me parece que hay ahí… sí. Pues sí me lo ha parecido.
¡Me encanta! Es el tema de la película. Me encanta que te lo parezca porque a mí también me lo parece. A lo mejor hay gente que no le parece hermosa sino polémica.

Bueno, son dos personajes que entienden lo que está pasando de manera distinta: un primer amor por una parte y la ilusión del hijo reencontrado por otra. ¿Cómo abordas eso en guión? ¿Fue la parte más difícil?
Supongo que es lo más difícil pero no lo hemos tratado como lo más difícil. La pauta era que este personaje femenino viajase hacia la luz. Viene de la oscuridad, de algo muy bestia y siniestro. El espectador, después del corto, se queda absolutamente destrozado. Y lo que queríamos es que esa historia de amor –vamos a llamarlo ‘amor’, un tipo de amor que cada uno lo vive a su manera– a ella le ayuda. ¿Y por qué? Porque creemos que el amor bien entendido es curativo en cualquiera de sus formas. Para nosotros era esencial que esta mujer acabase la película mejor. Y con esa pauta tan sencilla pero tan radical empezamos a construir una historia de amor donde entendíamos perfectamente las dos partes. Esa es la clave. Que los guionistas y luego la intérprete entendiesen esas dos partes, que son como tú has dicho. Ese chaval, sin discusión, ha vivido el amor que hemos vivido todos y todas en algún momento, y ella está claro que hay algo ahí que le recuerda [al hijo] y no puede dejar de estar con él. A lo mejor no debería estar con este chico según las normas sociales –que también de eso va la película-, pero “¿por qué no voy a estar con él si yo no le hago daño, le hago bien y él me está haciendo bien a mí?”. Con eso intentamos crear un guión con sus conflictos. Tiene algo de Romeo y Julieta, donde nadie quiere que estén juntos y ellos dos sí, pero siempre tratándolo desde lo materno-filial, del cuidado, del “me preocupo por ti” y metiendo un poco de esa psicología de relación ¿cómo llamarla?… sexual, pero no sexual en el sentido físico sino psicológico de una relación entre madre e hijo.

El filme es un recital de Marta Nieto. Con ella ya habías trabajado en “8 citas”…
Sí y no. Ella estaba en la película pero esa película estaba dirigida por dos directores y cada uno dirigía una parte y a mí no me tocó Marta.

¿Y cómo pensaste en ella entonces?
Cuando escribo el corto yo quiero trabajar con otra actriz, pero cuando se pone en marcha la producción del corto esta actriz no puede porque está con otro proyecto. Pero nos habían dado una ayuda y había que rodar ya. Pienso en otras candidatas y yo hacía poco que había conocido a Marta Nieto y me apeteció trabajar con ella. Simplemente por lo que sabía, por lo que conocía de ella, creía que lo podía hacer bien. Es una cuestión de piel, de verla en la vida, la sensibilidad e inteligencia que tiene, y le ofrecí la oportunidad de currar juntos. A todo esto, súmale que tiene un hijo. Ya es madre, ha recorrido ese camino e intuía que le iba a ser más sencillo llegar hacia donde queríamos llegar. Y después del corto, hicimos el largometraje. Trabajamos muy a gusto juntos y su trabajo es espectacular, a mi modo de ver.

Por otra parte, está el descubrimiento del chico francés, Jules Porier, que es un hallazgo. ¿Cómo distéis con él?
Contratamos una directora de casting para Francia. Para España no era necesario porque el reparto de aquí es reducido: Marta, Àlex Brendemühl y Raúl Prieto. Ella hizo una gran batida. A este chico lo vi en una foto. Me encantó pero no podía hacer el casting porque tenía una película para rodar. No me convencía ningún chico, nos empeñamos un poco en él y, casualidades de la vida, al final pudo venir. Fuimos a París a ver a unos cuantos chavales y en cuanto él hizo la prueba… Parece de película, lo típico de “en cuanto entró”… Pues sí, ya estaba, era él. ¡Pero era el sexto que veía! Yo creía que íbamos a estar haciendo pruebas meses y de repente el sexto chico que entra, es decir, el primer día de casting, nos miramos y lo teníamos. Marta, como es muy positiva, decía “es esté”, y yo como soy más sufridor respondía que no podía ser que lo hubiéramos encontrado tan rápido, pero la realidad se impuso. El chico es increíble, es un hallazgo.

La película tiene una decisión estilística muy clara, el uso del gran angular. ¿Por qué te decantaste por él?
Cuando me pongo a decidir cómo voy a rodar la película, que cuenta con la anomalía de que va tener una parte ya rodada, había varias posibilidades. ¿Una ruptura total? ¿Una continuación de estilo? ¿Modificarlo un poco? Al final decido continuar ese estilo con ciertas diferencias. El gran angular del corto era un dieciséis y aquí es un catorce. Hemos sido un poquito más radicales. Un motivo era ese, la continuación estilística del corto. Además, yo ya llevo tonteando con el angular desde, ¡ojo!, “Que Dios nos perdone”. Las primeras escenas estaban rodadas con un dieciséis porque me parecía que impregnaban mucha fuerza y violencia a la película que luego iba evolucionando en cuanto a ópticas. Y en “El reino” había todavía más angular. Toda ella estaba rodada con un dieciséis, pero yo ya había rodado el corto. O sea que yo he estado realmente investigando y relacionándome con el gran angular en mis trabajos anteriores, lo que pasa que no han sido tan radicales como “Madre”. Por otra parte, psicológica y conceptualmente el gran angular me ayuda a ver un personaje mucho más pequeño en esas inmensidades. Cuando llegamos a aquellas playas y paisajes tan grandes y hacemos pruebas con las ópticas veo a lo lejos a ese personaje tan delgado, tan pequeñito, que me ayuda a ver a un fantasma que va vagando por la playa. Luego cuando acercas la cámara con gran angular tienes la posibilidad de acercarla todavía más, puedes llegar a estar a dos o tres centímetros del actor. Eso ayuda mucho a intentar entenderlo y conseguir que el espectador se meta en su psicología.

En tus thrillers había influencia de Fincher. ¿Aquí?
Supongo y espero que no. Siempre digo que Fincher tiene tres o cuatro obras maestras y tres o cuatro pestiños bastante heavies. No soy un gran fanático.

Dime una obra maestra de él y un pestiño.
Las obras maestras son “Seven”, “Zodiac”, “El club de la lucha” y “La red social”. Y pestiños, “The Game”, “El curioso caso de Benjamin Button” y “La habitación del pánico”.

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