‘Fear Of A Black Planet’ de Public Enemy treinta años después
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‘Fear Of A Black Planet’ de Public Enemy treinta años después

Marcos Gendre — 12-04-2020
Fotógrafo — Archivo

Hace treinta años que Chuck D y su troupe hip hop bélica propagó el caos a través de una observación global: “Miedo a un planeta negro”. Bajo estas palabras se escondía un milhojas de interpretaciones que, a día de hoy, siguen vertiendo ríos de tinta. Y que no solo provenía de sus letras dentadas, sino de una maquinaria instrumental que Bomb Squad moldearon como una mole trepanadora funk aún no superada tanto tiempo después.

Fight The Power

El 4 de julio de 1989 es una fecha que siempre será recordada por la publicación de “Fight The Power”, la canción con la que Radio Raheem encendía los odios latentes de un barrio de Brooklin en “Haz lo que debas”: la película con la que, a finales de los ochenta, Spike Lee se convirtió en el director de cine más cool del momento.

Al igual que el sufrido hincha de los Knicks radiografiaba en su película más icónica, Public Enemy desplegaron un mapa de razas, fobias y toda clase de reivindicaciones, abanderadas por “Fight The Power”, un single incendiario que, junto a “Don’t Believe The Hype”, es su obra más perfecta y rotunda, y cumbre total de toda la idiosincrasia hip hop.

Para el público español siempre nos quedará el recuerdo de haber visto a Public Enemy interpretando “Fight The Power” en el programa de las mañanas que Jesús Hermida conducía en 1992 (hay vídeo en Youtube, imperdible). Sin duda, uno de los momentos más delirantes de la televisión española. Pero lo que aquí llegó tres años después de su publicación como un accidente televisivo, en Estados Unidos fue la bomba atómica.

A través de una consigna como la que reza el título, Public Enemy desnudaron su genoma antes las masas, desde su deconstrucción industrial del funk, y prendieron la mecha de algo que, definitivamente, iba más lejos que sus dos álbumes anteriores. Esto quedó refrendado por una advertencia como “Welcolme To The Terrordome”, segundo adelanto de un álbum cuyo título, “Fear Of A Black Planet”, presagiaba un tsunami en todas direcciones.

El lado oscuro del funk

Fue el 10 de abril de 1990 cuando cobró rostro el tercer larga duración de Public Enemy. Su efecto mediático no se hizo esperar. El single que acompañaba a la publicación del disco, “911 Is A Joke”, era una crítica a la falta de respuesta de los servicios de emergencia en los vecindarios de población afroamericana. A través del flow en modo Joker de Flavor Flav, Keith Shocklee y sus Bomb Squad armaron una apisonadora funk de rodamientos industriales de la que, en aquellos mismo años, mamarían directamente artificieros del rap como los infravalorados Consolidated, autores de “Friendly Fa$cism” (91), primo lejano del tercer disco de Public Enemy.

La producción de “911 Is A Joke” y el resto de hermanas que integran “Fear Of A Black Planet” nace de la claustrofobia que surge de ahondar en el reverso del funk. Al igual que el dub es la sombra abisal del reggae, la receta condimentada por Bomb Squad es el doppelgänger siniestro del funk. Unos doscientos samples, de James Brown a The Temptations, se entrecruzan sobre una línea de bajos suicida y densa hasta niveles de fisicidad asfixiante. La tracción invocada responde a la necesidad de recuperar el legado de obras ligadas a romper con la dinámica de música negra hecha para una industria blanca, y en escapar de los pobres beneficios recogidos de la brutal influencia que la música afroamericana ha tenido en la música blanca (tal como queda expresado en “Who Stole The Soul?”), si es que se puede dividir la música en razas puras…

Hasta aquel 1990, trabajos tan lejanos en el tiempo como “There’s Riot Goin’ On” (1971), de Sly & The Family Stone, y “On The Corner” (1972) de Miles Davis habían sido los abanderados en esta misión. Public Enemy recogieron el testigo, redujeron la abstracción del mensaje y le propinaron un chute de literalidad, como en “Burn Hollywood Burn”, corte cuyo título no puede ser más explícito. Sin embargo, más que en las rimas a cuchillo de Chuck D y Flavor Flav, donde mora el espíritu cuestionador del disco es en su enajenación instrumental hacia un sonido que busca continuamente la confrontación.

La teoría del caos

Tal como explicaba el periodista Simon Reynolds en la crítica que escribió en su momento de “Fear Of A Black Planet” para Melody Maker en abril de 1990: “La mejor manera de entender a Public Enemy es darse cuenta de que son teóricos del caos. Sus teorías raciales e históricas pueden parecer risibles y ofensivas, pero para Public Enemy son pasamanos de acero en la hora del caos, una forma de mapear la confusión del panorama político contemporáneo y obligarlo a tener ‘sentido’. La difícil situación de la América negra exige explicaciones simples y drásticas y soluciones simples y drásticas. En los últimos tres años, Public Enemy han hecho el intento más consciente de tomar la furia incipiente del rap y la insurgencia sonora, y la han llevado hacia fines políticos. La mentalidad del hip hop es esencialmente paranoica: oscila entre el triunfalismo y la supervivencia, la invencibilidad y la mentalidad de asedio. Public Enemy han reemplazado exitosamente el dictatorial ‘yo’ del rap por el ‘nosotros’ del discurso político, pero en el proceso han colectivizado la paranoia intrínseca del rap. El resultado, todos lo sabemos: delirios de grandeza y un desagradable sarpullido de teorías conspiratorias”.

Sin embargo, lo que Public Enemy plantearon en su tercer álbum iba más allá de una retahíla de críticas grandilocuentes. El eje que generaba la ira convulsa de sus palabras nacía de una idea muy concreta que justificaba el incendio a lo largo de los veinte cortes que lo integran. Así como Chuck D explicaba a Spin en marzo de 1990: “Todo el concepto [detrás de “Fear Of A Black Planet”] es que no existe el blanco y negro. El mundo está lleno de diferentes complexiones. La diferencia entre blanco y negro está establecida por personas que desean permanecer en el poder. Esta cosa en blanco y negro es una estructura de creencias, no una realidad física. No hay nadie en este planeta que sea cien por cien negro o cien por cien blanco. Eso no es una novedad para los negros: los negros saben que están mezclados. La única razón por la que Public Enemy promueve el afrocentrismo es que vivimos bajo una estructura que promueve a los blancos. Por el momento, tenemos que aferrarnos a nuestra oscuridad por defensa propia. La conclusión es que el blanco proviene del negro, el hombre negro asiático, y África no es el tercer mundo, sino el primer mundo, la cuna de la civilización”.

La crítica inversa

Una de las tantas líneas abiertas en “Fear Of A Black Planet” incide en “el renacimiento del hombre negro”. “Revolutionary Generation” es la canción que abre esta vía, que también conlleva a una visión renovada de “la mujer negra”.

A lo largo del recorrido febril que empuja a las canciones, surgen muestras de homofobia, racismo y misoginia. Lo que, en realidad, está buscando Public Enemy es una reacción del oyente ante la ola provocaciones emparedadas entre delirios de grandeza, gritos de guerra y unas más que cuestionables motivaciones. Todo alentado desde el flow autoparódico de Flavor Flav o la sobredimensionada imagen paramilitar del grupo en actuaciones donde incluso montaban una trinchera en pleno escenario. Crítica inversa, donde Chuck D y los suyos se convierten en el verdadero punto de mira del objetivo de su logo. La confusión es el arma esgrimida para inflamar conciencias aletargadas por la rutina de un sistema de clases y creencias desequilibrado, y aceptado como tal por la memoria colectiva. Esquizofrenia tallada por escultores del caos como Public Enemy, firmantes de una obra que, tres décadas después de su alumbramiento, no ha perdido un ápice de su intensidad devoradora. Un clásico imperecedero frente al que no caben las medias tintas ni las escalas de grises. O lo tomas, o lo dejas.

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