Diario de la gira francesa de Tokyo Sex Destruction (Parte III)
Especiales / Tokyo Sex Destruction

Diario de la gira francesa de Tokyo Sex Destruction (Parte III)

David T. Ginzo — hace 4 años
Fotógrafo — David T. Ginzo

 

Decir que disfruto de las pequeñas cosas me suena tan paulocoelhista que detestaría leerme de esa manera, tanto como escuchar letras autocomplacientes de grupos de refrito; pero decir que disfruto de ciertos lujos sería acercarme a mi propia traición de principios.
El hecho de pisar Cannes resulta bastante ilustrador a la hora de valorar la situación.

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Pasear por el muelle donde se encuentran amarrados los yates que cuestan varias generaciones de una familia trabajadora es suficiente para plantearse cosas muy básicas. Pensar que es un lujo cenar con tu pareja fuera de casa una vez al año me parece un error, sobre todo cuando miro a una de esas moles que me recuerda demasiado a la ya imborrable imagen del hijo pródigo de la economía española saltando al agua. Rato se permitía lujos a costa de muchos y así comprendo yo esa palabra; algo que no implica un esfuerzo en el trabajo, si no más bien algo propio de quien gestiona el beneficio y se aprovecha del mismo. Algo más allá de lo innecesario.Aún así, es difícil evitar ciertas palabras cuando quieres agradecer un trabajo bien hecho a alguien con quien no compartes una lengua común.
Quizá los actos sean los que demuestren más que las palabras. Por ejemplo, recoger las cosas o dejarlas limpias antes de abandonar un local/habitación/casa dice más que agradecer por un trato digno de reyes.En la sala de Cannes nos trataron muy bien. Había una amplia plantilla de trabajadores y gente muy dispuesta a currar por el bien del concierto. Incluso os contaré una anécdota bastante reveladora.
Empiezo diciendo que no hubo mucho público, como se dice en el gremio: “había color”, pero no demasiado.
Lo habitual en una sala española cuando no hay mucho público es que a esta le parezca fatal y eche la culpa al grupo, a la oficina del grupo del mismo, a los partidos de fútbol, a la crisis o a cualquier hecho paralelo que sí, aunque pueda tener parte de razón, porcentualmente suele ser algo ínfimo.
En el caso de ayer ocurrió lo siguiente: la coordinadora de la oficina de promoción de la sala se acercó a nosotros a pedirnos disculpas porque había venido poca gente. Si a eso le sumamos el hecho de cobrar un caché bastante alto que probablemente no cubriesen con la taquilla podemos ver que lo que se valora aquí es el trabajo de todo el equipo en común.
Por supuesto, viniendo desde España lo primero es pensar en lujos. Quizá sea cosa de replantearnos cómo trabajamos esto en casa de una vez por todas y poner soluciones encima de la mesa en vez de echarnos la culpa unos a otros. Asumir responsabilidades, obligaciones y compromisos en vez de echarle la culpa al fútbol, la educación o los gustos de la mayoría.
Construyendo desde abajo, apoyando a las salas de pequeño aforo me parece la mejor opción para empezar un cambio, pero ahí ya está la decisión de cada uno.
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Una gran nube de estorninos hoy recordaba primero a una animación 3D que al hecho de comprenderlo como algo vivo. En los escenarios hay días que ocurre algo similar.
Tengo varios amigos que se dedican a la técnica de las luces. Es un mundo que me atrae; incluso, después de un concierto de Apparat, me acerqué a felicitar al técnico de luces por el diseño de escenario, era sencillo y efectivo a más no poder.
Lo que ocurre es que este tema me parece más propio de grandes recintos, donde el grupo se dirige a una masa en común desde la distancia y no a las 50/250pax de los pequeños recintos.
Cuando haces un montaje de luces propio de un concierto de Muse en una de estas pequeñas salas para un grupo de garaje ocurre lo que ocurre, que las caras de la gente desaparecen (aunque yo no mire mucho). Parece más un videoclip que un momento de comunión, convierte el concierto en una especie de acto mesiánico, cercano a la presentación de una idea de héroe social que quizá no todos compartimos; pero ponte a contarle esto a un tío que lo único que quiere es usar su mesa de mezclas y meter efectos a tiempo.
Vince lo dió todo y más. Y me parece súper loable su entrega en el trabajo. Solo le faltó preguntar si, para este grupo en concreto, nos parecía bien todo aquello.Durante la tarde estuvieron preparando la cena que, aunque seamos cuatro, de allí podían haber comido ocho personas.
Tras el concierto estuvimos tomando algo en el bar de la casa, que era en otro piso (el recinto era similar a la casa donde se hacía el Faraday de Vilanova pero con la sala en el interior) y conocimos a varios músicos de por allí. Gente súper maja.
Y poco más, vuelta al hotel y con tiempo para dormir y descansar. Ha sido un día tranquilo y viene bien reposar, ya que mañana toda una semana de conciertos.La última semana de enero de 2016, la misma semana en la que llegue a Madrid hace justo 10 años. Había pensado en este momento varias veces, pero nunca creí que lo fuese a pasar de gira. Para la premisa inicial he superado la expectativa.

 

25 de enero.

 

Lunes. Empieza la semana con un recepcionista graciosete (a la par que enfadado e irónico) que le debió parecer divertido decirnos que el desayuno se cambiaba una hora. Nos perdimos un buffet completo con la tontería y sin haber salido de fiesta la noche anterior. Al menos la gente del hotel fue bastante razonable y nos dejó usar las máquinas de café y agua caliente y comer un par de bollos au chocolé.
Al menos podemos decir que hoy tocamos en un barco.

En este tipo de viajes casi no hablo con mi familia. Como mucho un par de llamadas, que al final de mes por esas conversaciones urgentes para decir lo habitual la factura sube entre 10 y 20€.
Desde hace un tiempo tenemos las llamadas digitales, pero mi madre sigue sin entender la diferencia entre wifi y 3G. Viviendo en la montaña resulta entrañable su nivel de desconexión tecnológica y a veces, en situaciones de urgencia, puede incluso llegar a saturar la falta de entendimiento, pero creo que en el fondo lo que siento es pura envidia.

En el camino a Lyon nos tiramos un rato pegados a un bus intentando usar su red wifi. En USA es más sencillo.
Creo que hoy hemos hecho la primera comida pagada de nuestro bolsillo. Es un buen logro para las cuentas del grupo, aunque me pareció hasta innecesaria, llevo días hinchado. Será el cambio de dieta, o los horarios, o el traqueteo de la furgoneta que revuelve. Sea como fuere, hambre no pasamos, así que algo estaremos haciendo bien.

En otras giras hemos quemado varios discos. En la más larga creo que fue el de Fiera, que incluso en algún concierto, en una de las partes de impro, meto alguno de los riffs. Igualmente suenan habitualmente Betunizer, Negro, y sobre todo Les Savy Fav (aunque una de las últimas fue el último de Vetiver, de cuando coincidimos con ellos en Bilbo) pero en esta gira lo que más está sonando es el mítico de Sugar, quizá porque es el que menos rayado está.
También tenemos un altavoz por bluetooth pero no aguanta mucho. Llevo días pensando en poner el de Cuzin, que se que les va a molar, pero siempre pasa algo. Aún tenemos toda la semana.

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Buscar un barco con una dirección postal es lo que parece: aparentemente fácil. Tras varias vueltas conseguimos llegar a la sala en cuestión.
Solo en un par de momentos de la noche se notó el movimiento del agua, aunque creo que si algo mareaba era que casi todo el tiempo el barco parecía inclinarse siempre hacia un lado.

Titi se fue a cenar con unos amigos de la época de Aina (los primeros en traer a Francia a gente como At the Drive-In, por ejemplo) que hacía años que no veía.

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Para ser un lunes la noche funcionó bastante bien y nos trataron genial. Nos quedamos a dormir en casa de Ben, que tiene un casoplón súper cuidado. Es un buen tío y se preocupo por todo más de lo necesario.

Mañana tocamos en Strasbourg. Empezamos a subir cada vez más al norte y por lo tanto, cada vez hace baja más la temperatura. El Rihn da frío solo con mirarlo.

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