Hoy presentamos la segunda parte de su diario de grabación junto a Tony Visconti

Nuestro primer día de estudio consistiría completamente en prepararlo todo para que pudiésemos grabar los tres al mismo tiempo como si estuviésemos dando un concierto. El trabajo consistía en elegir micrófonos, amplis y posiciones de microfonía en la sala de grabación, pre-amplificadores, compresores, efectos y ecualización de cada pista en la sala de control. La sala de grabación mide unos setecientos veinte metros cuadrados, con capacidad para alojar una orquesta completa y la sala de control otros tantos, equipada con una consola SSL 9000J de 80 inputs, el centro de la nave. El monitoreo en el control es cuadrafónico, con un sistema Pilchner-Schoustal designed MAXelle Q8 de cinco altavoces y dos subwoofers, un par de Genelec 8050 y un par de Yamaha NS-10. Además de todos los previos y compresores que puedas imaginarte: Api, Neve, Calrec, Chandler, Manley, Teletronix, Uad, Urei, Spl, etc, etc, etc…

En nuestro caso, utilizaríamos la sala de grabación (que estaba dominada por un inmenso ventanal por el cual entraba luz natural a la sala durante todo el día) para grabar principalmente la batería en las tomas conjuntas, teniendo la posibilidad de utilizar micrófonos de ambiente a mucha distancia para la misma, mientras que Coni y Martín estarían dentro de la misma sala grabando guitarras, bajo al mismo tiempo que la batería. Esto nos daba a los tres una sensación de cercanía muy grande, tocando en directo, con los amplificadores de guitarra y bajo en salas contiguas para que no se filtraran por los micrófonos de ambiente de la batería.

Comenzamos con la elección de la batería para grabar. Nacho tenía la posibilidad de elegir entre varios kits completos de primera gama, varios de ellos de principios de los sesenta. Fuimos probándolos uno a uno junto a Tony y Tim para ver cuál podía tener el sonido más adecuado para las canciones. Una ventaja grande es que Tim Price es un gran baterista, y a la vez que su labor como ingeniero de sonido, nos podía echar una mano como técnico de baterías. Tras varias pruebas y afinaciones, finalmente nos decantamos por una batería Gretsch con medidas bastante grandes, bombo de veinticuatro pulgadas, tom base de dieciocho, tom rack de catorce y las cajas irían cambiando según lo que pidiera cada canción. El sonido directo de la batería desde la sala de grabación era muy profundo y se proyectaba muy bien a través de toda la sala. La idea era conseguir un sonido cálido y ambiental, al estilo de las primeras grabaciones de John Bonham con Led Zeppelin o Bill Ward con Black Sabath. Con mucha compresión valvular desde el control para recoger todas las difusiones de la reverberación que la sala permitía y la distorsión armónica de las válvulas en el registro de los parches a través de los micrófonos.

 

Para el bajo utilizaríamos dos cabezales simultáneamente: un cabezal Burris Amps de cien watts de boutique, fabricado por una pequeña empresa de Lexington y que sonaba a gloria bendita, una mezcla exacta entre el Ampeg SVT y el Fender Bassman, y por otra parte el Ampeg V4 de Coni, que habíamos traído desde NY. Los dos cabezales irían conectados a dos pantallas que estaban en la sala contigua, el Burris a una pantalla de 4×10 de la misma marca, y el Ampeg a una pantalla 2×15 de Fender. Para las guitarras usamos en las tomas básicas, un cabezal Fender Bassman 50 con una pantalla 2×12, un Fender Princeton Blackface del 66’ y un Marshall Superlead 100 del 71’ con una pantalla Marshall 1960 4×12, la única que podía aguantar toda la potencia de esta bestia a todo volumen. La verdad es que el montaje y microfoneo de batería, amplis de bajo y de guitarra fueron bastante más rápido de lo que esperábamos. Para las últimas horas del primer día ya podíamos estar tocando los tres a la vez y ajustando el monitoreo individual con las pantallas de los amplis a todo volumen en las salas contiguas.

Luego de terminar el primer día de trabajo nos fuimos a cenar todos juntos. Una ceremonia que se repetiría todos los días de la grabación. Básicamente consistía en que después de terminar las largas sesiones de grabación, íbamos a la cocina del estudio, donde Nacho, Cailon o Max se repartían las labores de chef. Durante la cena, Tony nos contaba anécdotas de grabaciones. Para nosotros era un momento muy especial, escuchar de primera mano las historias de nuestros héroes de toda la vida que habían trabajado con Tony. Saltaban a la mesa historias sobre Bowie, Marc Bolan, Iggy, Lou Reed, Thin Lizzy, Morrissey, Escobedo… casi nada.

El primer día de grabación empezamos hacia las diez de la mañana. La costumbre era que a eso de las nueve llegaban Tim y Cailon e iban preparando todo en el control y la sala según el rider que Tony había dejado la noche anterior. Mientras tanto nosotros desayunábamos y Tony ya había hecho su rutina diaria de una hora de tai chi en el parque. La pasión de Tony por el tai chi viene de muchos años atrás. Nos contó que empezó a practicarlo hace más de treinta años en Londres. Luego cuando volvió a New York conoció al maestro Ren Guangyi, quien lo introdujo en la modalidad Chen, más parecido a un arte marcial que a lo que estamos acostumbrados a ver en los parques cuando la gente practica tai chi. Esta modalidad tiene la característica de combinar movimientos muy lentos con otros muy veloces, y además se utilizan espadas de distintas medidas. Verlo a Tony practicar todas las mañanas tai chi en el parque, antes de empezar las sesiones de grabación, fue una gran inspiración. Es impresionante la destreza que posee en sus movimientos y la energía que proyecta es brutal. Se le nota la disciplina y los años con la que lleva a cabo sus prácticas.

 

Empezábamos el día con las canciones más lentas y de estructuras más complicadas, para que, a medida que transcurrían las horas, fuéramos calentando para poder hacer las canciones más rápidas y enérgicas. Nacho en el centro de la sala con la Gretsch, Coni a su izquierda y Martin a la derecha. Tim y Cailon en la sala de control y Tony entrando y saliendo desde el control a la sala de grabación para hacernos apuntes sobre los arreglos y muchas veces quedándose durante las tomas con nosotros en la sala de grabación al estilo de un director de orquesta. Coni tuvo su momento de gloria ese primer día: entre los instrumentos que Tony había traído desde New York para que utilizacemos en la grabación, estaba el bajo Fender Precission del 68’ con el que había grabado íntegramente el álbum de Bowie “The Man Who Sold The World”. Para nosotros es un disco de referencia. El bajo especialmente en ese disco tiene una sonoridad muy particular. Junto a la guitarra de Mick Ronson entretejen a lo largo del disco infinidad de texturas y riffs que ya son parte de la historia del rock. Además es un instrumento muy especial, ya que Tony le fue haciendo modificaciones en las pastillas, clavijas y todo el sistema electrónico, de manera que podía obtener infinidad de sonoridades distintas según fuera cambiando de pastillas o combinándolas entre ellas. Coni no podía estar más contenta. Finalmente terminó grabando la mayor parte de las canciones con éste bajo, por su versatilidad en el sonido, excepto un par de canciones en que grabó con un Gibson SG, que por su escala corta y gracias al fuzz, podía sacar un sonido que se asemejaba al de Jack Bruce con Cream y otras con su Gibson Ripper, marca de la casa en el sonido de Capsula.

Un problema muy clásico en el estudio de grabación para la mayoría de las bandas, y Capsula no es una excepción a esto, es que al tener una identidad muy definida en cuanto al sonido, a veces es difícil poder verte desde fuera y aportar criterios objetivos para que el desarrollo del disco sea interesante para el oyente. El poder romper con todas las reglas que te has autoimpuesto en cuanto a tu propio sonido y poder cruzar esa barrera es lo que hace que un grupo se supere y encuentre nuevos rumbos disco a disco. También es muy importante esa mirada externa en cuanto a la repetición de ideas en distintas canciones. Siempre hay clichés y fórmulas que son parte de tu identidad compositiva. En este caso se trataba de quebrar todas esas ideas y pre conceptos. Y Tony es la persona más adecuada (compositivamente hablando) para mediar entre lo que eres y lo que puedes llegar a ser.

Tras el ritual del desayuno, al día siguiente nos abocamos a grabar la segunda tanda de canciones. Al ir grabando las voces de referencia al mismo tiempo que las tomas básicas de batería, bajo y guitarras, al terminar cada canción podíamos ir teniendo una idea general de como quedaría la canción terminada.
Con la técnica de grabación por bloques (primero todas las baterías, luego todos los bajos, y así sucesivamente), a veces te quedas con la sensación que al llegar al momento de los overdubs finales hubieras hecho cambios en el tempo o la estructura y a esa altura ya es imposible. También es un sistema más frío, ya que sólo tienes noción de cómo va a quedar la canción tras varios días de grabación. Nosotros optamos por el método opuesto, grabar en directo las bases, con la voces de referencia al mismo tiempo. El hecho de estar cantando las canciones al mismo tiempo que haces la bases, le da a la base rítmica una idea mucho más definida de las distintas intensidades de la canción. Ya para el tercer pudimos grabar cinco bases, en una sesión de doce horas sin descanso. Tim estaba con gripe y tuvo que hacer un gran esfuerzo, cada vez que le decíamos si quería parar un rato para descansar, nos decía que no, que se lo estaba pasando en grande y con un estoicismo absoluto nos decía que él era un hombre de equipo. Y el equipo funcionaba a las mil maravillas. En tres días habíamos terminado todas las bases y una sensación de satisfacción muy grande nos llegaba a todos. Ya podíamos decir que teníamos la mitad del disco hecho.

Una vez terminadas todas las bases, el quinto día lo dedicamos a grabar percusión. Tim y Cailon proveyeron a Nacho de un arsenal completo de percusiones de todo tipo: panderetas, shakers y maracas variadas para poder elegir distintos sonidos según las canciones. También unas congas y unos cascabeles gigantes. El día entero transcurrió con Nacho en la sala grabando percusiones con Tony a los mandos. Había dos canciones en particular que le encontrábamos un punto rítmico muy especial. Algo que nos llevaba al “Electric Warrior” de T-Rex. Y quién mejor que Tony para poder invocar ese espíritu. Tim instaló un par de congas en el centro de la sala, con varios micrófonos para recoger el ambiente. Era la primera vez que utilizábamos congas en algún disco de Capsula. Para Nacho era la primera vez con ese instrumento. Tony estaba muy familiarizado con ese sonido desde los discos con T-Rex, y tras un rato de improvisaciones y apuntes técnicos con Tony, parecía que Nacho llevaba toda la vida tocándolas. Mientras Nacho y Tony grababan en el estudio, Coni y Martín pasaron el día en el parque con la guitarra acústica retocando las letras de algunas canciones y probando las armonías de las voces. Al día siguiente empezaríamos con la grabación de las voces definitivas y había que estar preparados.

Ya estaban todas las bases grabadas, percusiones incluídas. Sólo quedaban por grabar las voces y los overdubs de guitarras. Comenzamos con las voces de Coni, utilizando las voces de referencias de Martín que habíamos grabado junto a las bases. Ese día Coni grabó las canciones en las que su voz lleva la melodía principal. Quedaron impecables, muy sugerentes y expresivas. Tony estaba encantado. Para las voces utilizamos el Shure SM7, un micro dinámico muy rockero, que se adaptaba muy bien al timbre de Coni y a las variaciones de dinámica, sello de la casa en la voz de Coni, pasando en la misma canción de un susurro a grandes caudales de voz en cuestión de segundos, y el SM7 respondía a la perfección para esto.

Lo bueno de llegar al estudio con todo el trabajo de preproducción hecho es que, cuando estás haciendo las tomas definitivas, van apareciendo nuevas ideas que enriquecen lo hecho hasta el momento. Aquí es donde mejor se ve la mano del productor. En el caso de Tony, se reveló como el mejor coach de voces que pudiéramos tener. En nuestros discos solemos grabar varias capas de voces, doblándolas la mayoría de veces para lograr efectos especiales. Es una técnica que se utiliza mucho en estudio y a nosotros nos encanta. Con Tony del lado del control es increíble como van surgiendo las ideas para armonías de las voces principales. Cuando Tony escuchaba la voz de referencia, se le iban ocurriendo armonías que nos iba tarareando desde el control para que las reprodujésemos desde la sala de grabación. Así se iban formando capas de coros.

 

Cuando terminamos todas las voces de Coni y los coros de Martín, fuimos al estudio a grabar guitarras acústicas. No eran muchas, ya que sólo queríamos que hubiera textura de guitarra acústica solo en cuatro o cinco canciones. Para esto Martín grabó la totalidad de las acústicas con una Gibson Dove, una preciosidad de una calidez impresionante. Esta guitarra es muy famosa por haber sido utilizada por infinidad de guitarristas, entre ellos Elvis a finales de los sesenta y primeros setenta. Las acústicas las grabamos de una toma, como estábamos muy acostumbrados a tocar las canciones en acústico para ir arreglando las voces, las tomas salieron de forma muy natural y muy rápido.

Cuando terminamos las tomas, a Tony se le ocurrió que el punteo de guitarra de la canción “Only Dreaming”, que en teoría iba a ser con guitarra eléctrica, podíamos probarlo con guitarra acústica, pero no de manera convencional. Recordaba haber visto en África, a un tipo que utilizaba una técnica muy especial: tocaba la guitarra acústica con tiras de papel tapando las cuerdas desde el puente, con lo cual se generaba una especie de sordina que le daba un sonido muy particular. La vibración de las tiras de papel sobre las cuerdas generaba una especie de distorsión, como si fuera el bordonero de una caja.
Escuchar ese sonido por los monitores era algo que jamás habíamos oído, algo totalmente nuevo para nosotros. La reacción instintiva de Martín con ese sonido fue probar arreglos melódicos, pero después de un par de tomas sin demasiado éxito, Tony le dijo: “Ahora prueba un punteo de rock n roll, imagina como si estuvieras tocando una telecaster”. ¡Y la magia apareció! Es de los sonidos más extraños y bonitos que hemos conseguido, una especie de banjo con distorsión del espacio.

Esta mañana nos levantamos con una sensación de nostalgia. Coni, Nacho y Vicky marchaban con Max hacia New York. En el estudio quedarían solo Tony, Martín, Tim y Cailon los tres últimos días para terminar las grabaciones. Los días vividos habían sido tan intensos que rondaba una sensación extraña. Estos días en Lexington y la experiencia de la convivencia con Tony eran de los mejores de nuestra vida, y el equipo que se formó con Tim y Cailon era imbatible. Así que extrañaríamos mucho a Coni, Nacho, Vicky y Max.?Pero no hubo mucho tiempo para despedidas, nos quedaban aún por grabar todas las voces principales de Martín y también todos los overdubs de guitarras eléctricas, así que había que empezar cuanto antes.

Comenzamos con las voces. El reto para un grupo como nosotros, que canta en inglés sin ser su lengua materna, es poder lograr expresividad en las voces, que se entiendan las letras y a la vez que no suene forzado el acento. Siempre consideramos más importante que las voces encajaran dentro de la textura de los sonidos de la canción. Creemos que hay un idioma del rock and roll que es universal, más allá del idioma o los acentos y tiene más que ver con la expresividad que con lo formalmente académico. Por suerte, en eso coincidimos totalmente con Tony.

Para Tony era un desafío que le parecía muy interesante, ya que es un fanático del estudio de los idiomas. Controla un poco de español, francés, italiano, alemán, y el lograr que nuestras letras fueran entendibles a la escucha del angloparlante le parecía un buen reto. Como técnica, empezamos por leer los textos que a Tony le parecían muy interesantes por toda la carga psicodélica de las imágenes.

Coloured lids burn and turn

into stones that print your name

dark and wild the hand will save

mirrored seas that void your pain

Esta última era su favorita. “¿Qué han tomado para escribir esto?”, nos preguntaba entre las risas de todos. Las sesiones de voces fueron muy divertidas, hicimos las tomas de una sola vez, de principio a fin de cada canción para que tuvieran la expresividad del directo. Luego, si había alguna frase ó palabra que era difícil de entender, volvíamos a esas palabras y entre los cuatro buscábamos algún sinónimo que encajara dentro del sentido de la canción. Entre los cuatro bromeábamos que esas sesiones de grabación de voces parecían un club de poesía psicodélica.?Al final del día ya teníamos casi todas las voces grabadas. Un esfuerzo grande, pero mereció la pena.


(fin de la segunda parte)