Contra todo pronóstico tras diez años de silencio y con la sombra de su trabajo más prescindible “A New Morning” (Columbia, 02) acechando en el recuerdo, el quinteto londinense regresa esplendoroso con el sexto álbum de su carrera. “Bloodsports” (Warner, 13) es un disco dotado con la inconfundible impronta de Suede. Y es uno de los buenos.

Pocos confiaban en ellos cuando meses atrás Brett Anderson anunciaba que habría nuevo disco de estudio de Suede, en la continuación definitiva de una resurrección que comenzó inicialmente sobre los escenarios. Sin embargo “Bloodsports”
es un trabajo intenso y cargado de elegancia, dramatismo, épica, efectividad, romanticismo y glamour, características tradicionalmente inherentes a la banda londinense. Al otro lado del teléfono es Neil Codling, teclista y co-autor de ocho de las diez nuevas canciones, quien confirma que el combo tenía muy clara la premisa necesaria para que este disco viese la luz. “Hubo un momento cuando estábamos haciendo el disco que sufrimos mucho con las canciones. Veíamos que no iban bien y llegamos a decirnos que no lo haríamos si no eran suficientemente buenas. Si vuelves después de diez años es para hacerlo bien. Al principio compusimos algunos temas que no eran demasiado buenos, pero no paramos de escribir y escribir hasta que al final lo conseguimos”.

Lo cierto es que los temas elegidos lucen realmente inspirados y convincentes, con la voz de Anderson sonando poderosa y las guitarras de Richard Oakes y los teclados del propio Colding impregnados con la marca de la casa. Un mezcla equilibrada donde los singles de desinhibida presencia y pegada evidente al estilo de los facturados en “Coming Up” comparten espacio con aquel vibrante dramatismo latente en “Dog Man Star” y “Suede”. “Digamos que las primeras seis canciones tienen la energía de ‘Coming Up’ y las cuatro últimas dan un giro y entran en un terreno más oscuro y lento que se asemeja a ‘Dog Man Star’. Pero es la misma formación que hizo ‘Coming Up’ así que se parece más a éste. En cualquier caso queríamos que fuera un disco compacto. Quisimos hacer una declaración de cómo debería sonar un disco de Suede sin resultar demasiado recargado”. Durante todo este tiempo de ausencia, el vocalista Brett Anderson ha estado centrado principalmente en su carrera en solitario, por lo que podría pensarse que alguna de las nuevas composiciones procede de esa etapa ahora cerrada, algo que Codling se encarga de desmentir. “Brett no pensaba en Suede cuando escribía para sus discos en solitario. En esta ocasión y ya concentrados en Suede, nosotros hicimos la música y luego Brett escribió las melodías vocales y las propias las letras. Fue como volver a 1995 o 1996, cuando hicimos nuestro primer álbum juntos” (hay que recordar que Codling entró a formar parte de Suede con “Coming Up”). La lógica y la evidencia se impusieron como prioridades en la elección del productor, recayendo la función nuevamente en Ed Buller, responsable de los tres primeros trabajos del quinteto. “Buller es como un miembro adicional de la banda. Además es un gran fan y tenía muy claro que quería que el disco sonara como los Suede de siempre pero con un punto novedoso. Fue muy estricto con nosotros y desestimó muchas canciones. Quería que cuando escucharas el disco sintieras a los Suede de siempre”. Un logro ampliamente alcanzado, aunque si en el pasado las canciones del grupo estaban protagonizadas por sexualidad, drogas, nocturnidad o iconos cinematográficos, ahora los referentes han cambiado ligera e inevitablemente. “Digamos que después de diez años aprendes de nuevo lo que es la vida real. Todavía hay drama, emoción, romance y dolor en el día a día, y eso no tiene por qué estar necesariamente relacionado con sexo, drogas o rock n’ roll. En nuestra vuelta hemos querido volver a incorporar esa actitud, plasmándola en nuestra música”. Las bandas tienden a decir que la última entrega es siempre la mejor de su carrera, algo que sería atrevido en el caso que nos ocupa dado el nivel de algunos de los discos firmados por los británicos, pero resulta interesante intentar saber en qué lugar colocaría nuestro interlocutor a la presente obra. “Me gusta pensar que este álbum puede estar bien posicionado, porque las canciones son realmente buenas y las puedes equiparar a los primeros Suede. Una banda cambia con el tiempo, pero te gusta pensar que aún tienes algo que decir y que pulsando el mismo botón de antes todavía puedes irradiar frescura en 2013”.

La vuelta a los escenarios de Suede se produjo en 2011, pero aún tuvieron que darse varias circunstancias adicionales hasta que el grupo resolvió entrar de nuevo al estudio para grabar material inédito. “Cuando nos volvimos a reunir para tocar en directo nos dimos cuenta de que fue increíble volver a estar juntos en Londres. En ese momento comenzamos a pensarlo. No queríamos ser una banda que girase únicamente con sus éxitos porque eso es bastante aburrido y queríamos hacer algo nuevo e interesante. Un año después decidimos intentar hacer un nuevo álbum”. Una vez en el estudio, y a pesar de las dificultades y las exigencias autoimpuestas, parece que todo fluyó con aparente normalidad y cierta agilidad. “Como decía antes el proceso de escribir los temas fue bastante lento, pero en este caso no necesitábamos estar en el estudio porque cada uno iba avanzando en su casa con el ordenador. Sin embargo una vez allí fue todo bastante rápido, y es cuando recuerdas lo agradable que es la experiencia de grabar un disco. Lo duro fue escribir las canciones y de hecho tuvimos bastantes discusiones, pero al final fue divertido. Ya sabes esa capacidad que tenemos los humanos para olvidar la frustración y el dolor. La grabación en el estudio fue un periodo de tiempo feliz con el que pudimos superar los momentos de frustración”.

Tal y como recordaba antes el propio teclista, la formación elegida fue la titular en el mencionado “Coming Up”, lo que significa que Bernard Butler (guitarrista y coautor de los dos primeros trabajos de los británicos) no entraba en la ecuación. Una circunstancia que el entrevistado, que nunca llegó a coincidir en Suede con el ahora productor, explica con normalidad. “Brett todavía está en contacto con él. Bernard está feliz haciendo discos y es lo que le gusta. Ahora mismo tiene a su familia en Londres y no se vería girando con una banda y lo que ello conlleva. Por supuesto que con Brett tiene una relación especial, y si hubiese querido volver se lo hubiese dicho. Pero creo que está en otro punto vital, así que pienso que no ha existido la posibilidad de que regresase”. Este tipo de reencuentros suelen provocar recelo en algunos seguidores acérrimos del grupo en cuestión, que apuestan por mantener intacto el legado de su banda favorita, en una circunstancia que realmente inquietaba a los propios músicos. “Era importante para nosotros. Por eso queríamos asegurarnos de que el disco respondiese a las necesidades de nuestros fans, y espero que así lo haga. Llega un momento en el que tienes que dejar que la música hable por sí misma”. Quizá sea demasiado pronto para afrontar el futuro, pero interesa saber si esta reunión tendrá continuidad y con el tiempo habrá nuevos discos de Suede. “Por ahora no sabemos. Intentamos no mirar demasiado al futuro y antes queremos ver cómo funciona “Bloodsports”, qué reacciones provoca y qué es lo que quiere la gente, además de girar para presentarlo. Pero este álbum demuestra que todavía tenemos cosas que decir y que nuestra capacidad creativa está ahí, algo que no sabíamos hace un año”.