TRES AÑOS SIN BRINDARNOS NOTICIAS HAN MERECIDO LA PENA. COSTOSO POR DENTRO Y POR FUERA, EL PROCESO CREATIVO QUE HA LLEVADO A SÓLO LOS SOLO A LA CONSECUCIÓN DE “QUIMERA” (EL DIABLO, 01), SU SEGUNDO DISCO, SE HA FUNDAMENTADO, COMO DEBE SER, EN HORAS Y HORAS DE UN TRABAJO DE BÚSQUEDA QUE, A DÍA DE HOY, SE SITÚA ENTRE LO MEJOR DEL CONTINENTE. HAN VUELTO PARA REIVINDICAR EL PRESENTE.

En estos momentos de sublimación forzosa al análisis urgente y encendido, se hace difícil calibrar con plena rigurosidad el alcance, el verdadero peso específico de un disco como “Quimera”. Un avance semicompleto del álbum (quedan cuatro canciones en la recámara) constituye el único valuarte material sobre el que uno puede empezar a distribuir juicios, ideas y humildes dogmas de fe. Suficiente. Bastan dos canciones, “A la puta carrera” y “Golpe de suerte”, para sentir el temblor de la genialidad, para adivinar la trayectoria del rasgo creativo mayúsculo, único, inmediatamente indispensable. Los seis temas restantes de los que dispongo confirman, elevan la sospecha inicial: aquí se respira humo de milagro. Merece la pena, llegados a este punto, contar hasta diez y elucubrar un sentido repaso a lo que acaba de expulsar el reproductor de compacto. Barroco, diversificado, deudor de Cannibal Ox, DJ Krush, Jay Dee, Lootpack, Pete Rock o Lone Catalysts pero arrolladoramente personal, propio, firme ejemplo de evolución marcada y profunda, “Quimera” es uno de los más serios y estremecedores exponentes de la sintaxis del hip hop del último año: un alarido por domesticar que rejuvenece y refuerza las leyes no escritas del género.

“Yo he estado en todos, tío. Incluso me ponía el despertador para ponerme a trabajar… No se trata de ponerte tres días a hacer un par de bases, porque así no funciona esto”

Tres años han pasado desde la aparición, también ruidosa, bañada en nitroglicerina, de “Retorno al principio”, un debut balsámico cuyo bagaje todavía hoy se sabe primordial en los estandartes del hip hop en España. Y en este tiempo de silencio, Sólo Los Solo han urdido un nuevo plan de batalla cuyos pilares se someten al mandato de un trabajo incansable de investigación sonora, totalmente abrumador. Entre los Sólo de “Quimera” y los de “Retorno…” se aprecian bastantes cambios, tanto musicales como personales. (Juan) “En cuanto a lo que es la vida, a lo que te afecta, poco ha cambiado. Como siempre, tienes rachas buenas y rachas malas, y eso te hace moverte de una determinada manera, ¿sabes? Pero en ese sentido, no ha habido cambios. Es decir: sí se produce un cambio, porque pasas a hacer y a vivir de lo que te gusta, porque haces lo que siempre has querido hacer. La diferencia es que ahora, a pesar de los momentos malos, son más feliz”. (Griffi) “En el aspecto musical, yo he ido haciendo lo de siempre: en cada base, inventar un ritmo nuevo, algo fresco. Supongo que el disco no hubiera sonado igual de haber salido antes, eso está seguro”.
Esta es la cuarta vez que, grabadora en mano, me enfrento a Juan Solo y Griffi. En situaciones de este tipo, uno teme por quedarse en blanco o por sentir la llamada del tedio que provoca toda confianza. Pero “Quimera” facilita las cosas. Ante un disco del que se puede sacar petróleo dialéctico, se entiende que no hay peligro de emblanquecer la mente o acudir al tópico. Sobre todo cuando uno echa mano de la producción, del presupuesto sonoro al que hace frente el disco. (Griffi) “Yo he estado todos los días currando, tío. Incluso me ponía el despertador para ponerme a trabajar. Cada día buscaba algo, probando ritmos, sonidos, cosas. Pero eso es curro, no se trata de ponerte tres días a hacer un par de bases, porque así no funciona esto, sino que tienes que perder tiempo y horas buscando. Unas veces encuentras algo que te puede servir y otras veces no encuentras nada”. La radicalidad, la profunda machada de verdad que desprenden las bases del álbum (menos estáticas y evidentes; mucho más desarrolladas), el aroma de visceral libertad que transmite cada una de sus canciones, de sus propios momentos, hace de “Quimera” un ejercicio de obligatoriedad, un producto ya canónico para los estudiosos y los verdaderos amantes del hip hop. (Griffi) “La manera de trabajar es distinta. El primero es un disco más sencillo, pero con este he probado muchas cosas que nunca antes había probado, en cuestión de ritmos. Y también he trabajado mucho sobre los sonidos, en la posibilidad de partir de un sonido y cambiarlo totalmente para convertirlo en algo mío, propio. ¿Más complejo? Sí, pero a mí es lo que me gusta encontrar cuando me pongo los cascos y me pongo un disco al que le voy descubriendo cosas poco a poco”. Y es que, aturdido, uno asiste a un muestrario sonoro que desestabiliza las estructuras apolilladas del tópico, que supervisa un terrible choque contra el tono previsible de nuestra actualidad. Variado, multidireccional (hay soul, funk y hip hop extraterrestre, todos juntos y revueltos) y, ya lo verán, visionario, el nuevo disco de Sólo Los Solo muerde el polvo de la bravura, de lo imprescindible. (Juan) “Básicamente, lo que hace que el disco sea más variado y complejo, es el hecho de que desde el principio tuvimos claro que para el nuevo álbum queríamos jugar con otras estructuras, jugar con los cambios de velocidad, de ritmos, de sonidos, etcétera. Pienso que eso lo hemos conseguido, que le hemos dado mucha variación al disco. Es lo que decía Griffi sobre ponerse el despertador para ir a currarse bases. Cuando tienes mucho más tiempo para trabajar, para ocuparte exclusivamente de lo que te gusta, es cuando te dedicas a probar todo tipo de cosas nuevas. Y eso es algo que te permite evolucionar más”.
Y ahí, en esa tesitura de permanente acción interna, el dúo de Rubí-Terrassa se arma de verdad y pasión para formalizar sus pesquisas. Espejo fiel de dos almas inquietas, abonadas a un inconformismo ejemplar, “Quimera” es, lo repito, un disco gigante. (Solo) “Yo siempre quiero superarme, decir más cosas en las canciones, tocar nuevos temas. Si eres capaz de hacerlo creíble, entonces estás listo. Y también intentamos desde un principio no repetirnos, quizás porque ese es uno de los aspectos creativos básicos del grupo”. Habla un Juan Solo al que también apreciamos mutado, versátil, más matizado y voluble que en su anterior obra. Aquí, resulta evidente, o se mueven los dos o no se mueve nadie. (Juan) “Nosotros pensamos como un grupo. Al convivir juntos, al conocernos desde hace tanto tiempo, llevamos una evolución diaria. Él entiende de lo que le hablo y yo entiendo de lo que él habla. Hay una unión muy sólida, tanto en lo personal como en lo musical, y eso supongo que ayuda a hacer más fácil una evolución de nuestro sonido. Personalmente, yo he adoptado otros tonos más naturales, más míos, en cuanto al sonido. En la temática… bueno, sigue habiendo profundidad… no sé, esta vez he procurado no dejar los pensamientos tan claros, plantearlos de una forma más metafórica, más necesitada de búsqueda y de atención del oyente”. Y el oyente curtido, ese al que las horas de vuelo han convertido en superviviente del bombardeo mediático que vive el hip hop, sabe que la clave, el punto de arranque de Sólo Los Solo cabe buscarlo en su concepción del género, en su análisis cualitativo. Jay Dee, Madlib, Pete Rock o J. Rawls se sienten figures clave en la evolución musical del binomio. (Juan) “Esta gente evoluciona el sonido, lo hace propio. Cuando escuchas canciones de esa gente te transmiten algo con lo que te puedes identificar fácilmente. Tienen un sonido particular y te llega más. Son tíos que tratan su sonido de una manera que no encuentras en el resto de gente del mundillo. Y eso es lo que le falta al hip hop de ahora: que salgan grupos que aporten cosas nuevas, con un sonido personal y con la manera de trabajar del hip hop. Y que suenen creíbles, claro”. En ese colectivo, faltaría más, no tienen cabida aquellos productores u MC’s que, desde posiciones mainstream (y también underground, ojo: no es oro todo lo que reluce), siguen agrediendo la salud del género. (Juan) “Hay una serie de productores que están de moda