El cineasta Florian Habicht dirige, mano a mano prácticamente con Jarvis Cocker, uno de los documentales estrella para la facción más pop de la inminente nueva edición del festival In-Edit Beefeater (23 octubre a 2 noviembre, Barcelona). “Pulp: A Film About Life, Death & Supermarkets” habla sobre música, pero sobre todo habla de personas corrientes. Y ese es uno de sus méritos.

Florian Habicht responde a mis preguntas “sentado en una avión entre Helsinki y Berlín”, lo cual podría incomodar a alguien que se ve obligado a contestar a toda velocidad un cuestionario llegado desde Barcelona. Pero no es así. Las respuestas del cineasta y su tono cercano y positivo son una pista más para entender el porqué de “A Film About Life, Death & Supermarkets”. Quizás por ello el director haya conectado tanto con Jarvis Cocker, vocalista de Pulp y responsable también del corazón de esta cinta. Cocker es una estrella del pop modesta, pero capaz de marcar la vida de muchas personas. Y eso es lo que refleja este documental, una obra en la que los secundarios son casi tan importantes como los grandes protagonistas de la historia, de hecho la mayor parte de ellos tienen más peso en el resultado final que, por poner un ejemplo. Steve Mackey o Richard Hawley. Buena parte de las personas que aparecen en “A Film About Life, Death & Supermarkets” ni siquiera son grandes fans de la banda, aunque en realidad eso dé exactamente lo mismo. “Me gusta hablar con gente desconocida por la calle, y hacer documentales es una buena excusa para hacerlo. Esa fue la fórmula que usé para conocer a toda la gente que ves en la película. El montador, Peter O’Donoghue, se trajo su equipo de montaje desde Sidney hasta Sheffield y editábamos el material mientras íbamos filmando, así que fue un proceso muy orgánico y que iba desarrollando su propio carácter y forma durante la marcha. Jarvis me regaló su libro ‘Mother Brother Lover’, una recopilación de letras suyas en la que había subrayado partes y añadido notas del tipo ‘Castle Market, tienes que visitarlo’. Ese fue el mapa que usé para descubrir el Sheffield de Pulp. Me enamoré de Castle Market y allí conocí a una de las estrellas de la película, Terry, el vendedor de periódicos”. Ahora bien, que no se alarmen los fans de la banda. Las tomas en directo también ocupan una parte del metraje. Florian Habicht filmó el concierto de despedida de Pulp en Sheffield hace dos años, algo de lo que está encantado. “La primera vez que escuché a Pulp fue en Nueva Zelanda en los noventa. Mi compañera de piso me ofreció un baile privado de ‘Bar Italia’ y más tarde que regaló el disco entero, ‘Different Class’. Ahora son uno de mis grupos favoritos y soy hasta capaz de tocar algunas de sus canciones a la guitarra, aunque algo mal, y cantar sus letras. Otro grupo que me encanta es Queen. Tengo una idea para una película sobre Freddie Mercury, pero totalmente diferente”.

En resumen, que la música está en un segundo plano de honor. “Pulp: A Film About Life, Death & Supermarkets” habla más sobre personas, sentimientos y de la música como “nexo que une a la gente: ahí está el concierto, el sueño colectivo reflejado a través de las interpretaciones de canciones de Pulp…”. Así, algunos de los momentos musicales de la cinta están protagonizados por un grupo de danza, unos niños que escuchan a Pulp o un coro de ancianos interpretando un tema de la banda. “Filmamos esas escenas muy rápido con tres micrófonos y dos cámaras, sin ensayos, solamente con la intención de captar la magia. Cuando llegamos a la filmación en el café, descubrimos que el grupo amateur Victoria Live At Home no se habían aprendido aún la letra completa de ‘Help The Aged’ y solamente teníamos una hora antes de ir a Castle Market, así que salí corriendo, compré varias revistas y periódicos y los cantantes escondieron las letras entre sus páginas”.

 Es esa cotidianeidad que respira “Pulp: A Film About Life, Death & Supermarkets” la que deviene una de sus mayores y más empatizantes bazas. Aquí no hay grandes estrellas de rock aunque actúen frente a miles y miles de personas, aquí hay músicos cercanos y gente corriente, gente de verdad y músicos de verdad. De esos que se echan a faltar. “Desde mi punto de vista lo mejor es que consigue entrar en las cabezas de la gente tanto como penetrar en la propia banda. Se supone que las películas necesitan un conflicto para mantener la atención del público, te lo enseñan en cualquier curso de guionización, pero ahí está la sorpresas… ¡No hay conflicto de ningún tipo en este documental! Es una película positiva. Con todas las cosas horribles y tristes que están sucediendo día tras día en el mundo, me siento orgulloso de aportar algo así”.