Su poder melódico siempre ha superado la irregularidad de sus discos; supongo que por su insobornable ilusión y por las hadas buenas que inspiran sus canciones. Hoy ese poder se ha desbordado por sorpresa en “Let Go” (Labels/Virgin, 02), su nuevo disco de escogido pop, que se construye en tu cabeza como una gran e inconsciente maniobra de evasión. Este mes están de gira por España.

Esa maniobra, nunca intencionada, está en la trayectoria de Nada Surf, un grupo que desde las entrañas indies del power-pop con deuda Pixies de “High/Low” (Elektra, 96), pasó por el collage de estilos de “The Proximity Effect” (Elektra,98), para lograr estabilizarse de una manera brillante en el pop a medias clásico, a medias actual, de “Let Go”, una cima compositiva que a muchos nos sorprende de manera adictiva por su elegancia y sinceridad. Sobre todo recordando cuando por dos euros adquirí, receloso de mí, “The Proximity Effect” en cassette, mostrando un desigual interés por el grupo que, eso sí, me sirvió para prepararme intrigado ante su nuevo trabajo.

“Por mucho que te empeñes la vida siempre gana, porque la palmas”

Es cierto que bastante más hubieran pagado en Estados Unidos en su momento por hacerse con el segundo trabajo del trío de New York cuando en Elektra decidieron que no era lo suficientemente vendible y se equivocaron al no publicarlo. Las cosas se complican en ocasiones de la manera más absurda, ya que en aquel disco había hits de sobra, pero Matthew Caws, Daniel Lorca e Ira Elliot tuvieron que demostrarlo un poco más tarde y tal vez, gracias a aquel episodio, hoy presentan uno de los discos de pop más importantes del año para zanjar tanto desatino. “Mucha gente está diciendo que les gusta el disco, pero es como si nos hubiera tocado la lotería, cuando lo hicimos no teníamos ni puta idea de si aquello le iba a interesar a alguien”. La conexión con su anterior trabajo es realmente importante. “El disco salió en Europa con una recepción buenísima, estaba previsto que poco después saliera en Estados Unidos, pero lo retrasaron porque no encontraban un hit instantáneo como en ´High/Low´ -allí estaba “Popular”- para que la canción hiciera por si sola todo el trabajo que ellos nunca hicieron. No estábamos dispuestos a cambiar un disco en el que habíamos puesto tanto empeño y tanto corazón, lo que hizo que no se publicara hasta dos años después, cuando recuperamos los derechos del disco. Hicimos tres buenas giras americanas, durante una de esas giras, desde Nueva York hasta Los Ángeles, nos quedamos un mes en el estudio de unos amigos para grabar ´Let Go´. Nos lo pusieron tan fácil que les pagamos con los billetes de uno y cinco dólares que habíamos sacado de vender camisetas en los conciertos, no era mucho dinero pero era una montaña de pasta”. Así, sobre la marcha, terminaron un disco menos disperso que sus predecesores, consiguiendo la consistencia -entre temas rápidos y lentos- que tienen los discos importantes, esos que están llenos de impresionantes canciones, donde no sobra ni un segundo y donde se descubre más de lo mucho que se ve a primera vista. “Ha sido grabado un poco al vacío, para nosotros y sin preocuparnos de nada. Hay canciones como ´No Quick Fix´ que cuando nos metimos a grabarlas era la primera vez que las tocábamos, de hecho hay un par de gambas de bajo que ni nos hemos molestado en arreglar. Hasta cierto punto influyó el periplo con Elektra, ellos habían jodido nuestra carrera musical, hasta el punto de que tuvimos que volver a la vida normal y estuvimos casi dos años en casa. Eso para un grupo que está a punto de grabar su tercer disco no es muy normal y las canciones reflejan esa situación”. El entorno ha cambiado y su sonido hurga emociones en un tono algo más introspectivo y británico. “El sonido es muy puro, no hay demasiados rollos de producción, ni demasiados instrumentos, es bastante básico y muy abierto, me gusta el espacio que uno se imagina al escuchar el disco, todo con mucha ligereza, orgánico y puro. Es un disco más británico, pero nos hemos dado cuenta después. Lo entendemos como en los primeros ochenta cuando no estaba muy definida la línea entre el rock, el disco y la new wave, un poco como eran Echo And The Bunnymen”. La delicadeza de las melodías –“Inside Of Love” podría ser la mejor canción de Coldplay- y la mayoría de composiciones muestran cómo la belleza se convierte en un valioso tesoro para volver a maniobrar, ganando nuevas pequeñas batallas al tiempo. “No sé si es por la edad, pero ya no expresamos el enfado a través de la música, sí otras muchas cosas. No quitamos la potencia, la transmitimos a través de otras sensaciones y si no tienes la intención de ir hacia el enfado no tienes más remedio que ir hacia la belleza. Por mucho que te empeñes la vida siempre gana, lo primero porque palmas, pero si quieres, hasta que llegue ese momento, es bueno apreciar la belleza intentando disfrutar de las cosas y buscando la felicidad, teniendo en cuenta que ya has perdido de todas maneras”.