Sergio de Pablo acaba de publicar recientemente, a través de su proyecto musical, la primera parte de su nueva trilogía titulada Núcleo duro. Después de su EP debut Bandolero publicado en 2015, estas canciones llegan a modo de catarata de ideas conectadas con campos como la filosofía, la psicología o la mitología. La perfecta combinación entre ritmos heredados de músicas propias de Latinoamérica, junto con un manto electrónico que no los opaca pero que sí sirve para revolucionarlos, tiene como resultado un trabajo de carácter cambiante. Acompañando a todo ello, nos encontramos con una simbología realmente fascinante, donde se mezclan tanto elementos propios de culturas pasadas y unas estampas que tienden por momentos a la catarsis de las profecías. Así es como en un cierto tono visionario, las canciones en muchos casos se desenvuelven en ambientes de lo más amenazantes donde el baile sí que resulta una opción. Es por todo ello por lo que este trabajo supone un caos de lo más completo y estimulante para nuestros sentidos, encontrándonos con una dirección opuesta a la de la obviedad.


 Tras publicar en 2015 Bandolero, regresas este año con el inicio de una trilogía ¿Qué criterio has tenido en cuenta a la hora de escoger los temas precisos para cada una de las partes?
El proceso de gestación y nacimiento de El núcleo duro ha sido realmente largo. Y utilizo estos términos porque de verdad he vivido este proceso como un parto. Uno largo. Han sido unos cinco años desde que recuerdo comenzar a componer en una dirección que aún no sabía a donde llevaba. Durante todo este tiempo ha habido largas interrupciones. He vivido en varios países, me he dedicado a otros proyectos e incluso he estado más inmerso en asuntos que nada tienen que ver con lo artístico. Casi todos los temas que aparecen en esta primera entrega son los que existen desde hace más tiempo y que estaban ya envejeciendo antes de haber sido publicados. Son temas que he tocado mucho en directo y que necesitaba liberar y compartir. El último año ha sido de intensa concentración en componer y escribir. Y también revisar el material más antiguo y actualizarlo a la sonoridad a la que llegaba con los nuevos.

La segunda entrega es la más oscura. Son seis temas bastante largos y densos. Todo material mucho más nuevo. Está mucho más fresco, digamos, y a nivel composición son tal vez más arriesgados. La última entrega ya no es un LP como tal. Esto será un solo track un tanto excesivo. Es una pieza de unos trece minutos que siento que aglutina de una manera muy particular muchas de las propuestas del disco, y por eso me pareció que era perfecta para cerrar la trilogía.

En esta nueva y ambiciosa referencia mencionas que supone un viaje hasta los límites de la realidad y de uno mismo, siendo esta afirmación muy acorde a toda la intensidad que encierran los temas. ¿Consideras que el proceso que te ha llevado hasta estos temas ha sido de lo más extenuante?Desde luego. Agotador. La palabra intensidad es un hilo que, tomando distintas formas, recorre todo el proceso artístico y vital que ha desembocado en la materialización de este trabajo. Si te das cuenta, la traducción de núcleo duro en inglés sería hard core, aunque la expresión en español me interesa porque no está tan connotada como en inglés y acoge más significados. Un pico innegable de intensidad fue el mes que pasé en la selva de Perú prácticamente aislado y tomando de manera continuada una bebida psicodélica muy potente propia de aquella zona. Al cabo de dos semanas el estado alterado era ya casi constante y desde luego la percepción se ve desbordada. Aquí, muchas de las estructuras mentales que se utilizan para relacionarse y comprender el mundo vuelan por los aires.
El trabajo de dar un nuevo orden y sentido a todo esto es exagerado. Son territorios muy pantanosos por lo que no es tanto que la realidad se distorsione, sino que se despliegan muchos niveles de ésta al mismo tiempo y de manera muy sólida y evidente. El problema no es distinguir qué es real y qué no, sino saber en qué nivel opera cada cosa. Reordenar mucha información que recibes de repente y que requiere no solo orden, sino pensar una nueva manera de ordenar. Nuevas lógicas. A veces absurdas o irracionales. Una buena metáfora de esto es la idea del subconsciente o de la física cuántica, que están ahí pero los fenómenos que allí acontecen tienen sus propias mecánicas propias que nada tienen que ver con las de la vida diaria, pero parecen configurarla.

Es como estar con tu ordenador, con sus archivos, sus carpetitas y sus colores. Su Windows. Pero si tienes que entregar esta entrevista y te plantas ante el código fuente del sistema operativo estás jodido a no ser que conozcas ese lenguaje y sepas como se traduce al mundo “real” de palabras en un archivo “. doc”. El imaginario informático es muy útil para poder pensar en estos términos. Como una nueva mitología tecnológica.

Todo esto es para esbozar una batalla interna invisible y agotadora que es de lo que habla este trabajo. Nada que no le pase a todo el mundo. Nada que no pudiésemos llamar autoconocimiento (o conocimiento a secas). El núcleo duro es la forma que todo esto toma en mí.

“Me interesa la investigación y lo experimental, pero también quiero mantener el diálogo con lo popular”

Me gusta mucho como a lo largo de los temas siempre esquivas el caer en un caótico apartado sonoro, pudiendo encontrar siempre estructuras que llegan bien sean por ritmos o repeticiones de ciertas melodías. ¿En algún momento sentiste que alguno de los temas podía dirigirse hacia un apartado mucho más descontrolado?
Me fascinan los dilemas, las paradojas, las dialécticas, las trampas lógicas, unir opuestos, etc. Este disco es un punto intermedio entre varias cosas, varios mundos. Entre una fragilidad muy visceral y la agresividad de algunos temas. Entre lo cantautor y la electrónica. Incluso la sensibilidad desde la que se despliega está en algún punto entre la modernidad y la postmodernidad. Entre el futuro y la tradición. Entre este mundo y el “otro mundo”.

Recuerdo una conversación hace años de la que no me había acordado hasta ahora. Hablando con una amiga, la poeta María Salgado, esbozaba la idea de unir lo experimental con lo popular (dudo que ella recuerde esta conversación). Y me doy cuenta de que algo de eso es a lo que te refieres. Ubico lo experimental (o descontrolado, como dices) en el polo opuesto a lo que podríamos llamar radiofórmula o lo popular (aunque no son la misma cosa). Mientras esta última representa la tradición, lo que se conoce y se sabe que funciona y no se pretende de ninguna manera alterar, lo experimental no reconoce esas fórmulas como interlocutores estéticos y se dedica a crear nuevas formas. Nuevas fórmulas que eventualmente, con el tiempo, se convertirán en “radiofórmulas”. Ikea no existiría si no hubiese aparecido cincuenta años antes el arte minimalista. No se le ocurrió a un empresario sueco. Alguien lo imaginó mucho antes en otro momento histórico y se fue desarrollando hasta hacerse no solo comprensible de forma masiva, sino además deseable, popular y comercializable. En este espectro me considero intermediario entre ambos extremos. Me interesa la investigación y lo experimental, pero también quiero mantener el diálogo con lo popular. Que sea comprensible en gran medida aunque sea algo un poco extraño y desconcertante.

Sin lugar a dudas los viajes realizados por diferentes puntos del planeta se manifiestan en el amplio abanico de influencias que manejas. ¿Siempre que viajas a un nuevo lugar intentas que la música tradicional del lugar se pueda amoldar a tus composiciones?
La verdad es que no. Esa intención como tal no existe. De hecho soy bastante desinteresado de la música de los lugares. No así de otros aspectos de las culturas, pero con la música es todo mucho más casual. Lo que tiene viajar es que te encuentras con cosas que no te encuentras normalmente en el lugar de dónde vienes. De Argentina me hacía gracia el dramatismo del tango. Esa cosa tan sufrida con la que me identifico (qué puedo decir) aunque yo le dé una forma tal vez más épica en este disco. En Brasil me topé con la bossa nova y me fascinó mucho la riqueza armónica, la sensibilidad desde donde se canta y, sobre todo, la gracilidad del habla. La prosodia del norte de Brasil es una cancioncilla hipnótica tremendamente sexy. Lo de la cumbia y la chicha de Perú es un caso aparte. Es como un amor a distancia de los de haberse visto un par de veces, no estar juntos pero mandarse muchos whasapps. Estados Unidos desde luego tiene muchísima música, pero su folklore, especialmente en California, son las drogas y el dinero. Y una crudeza fría. Y ver esa mierda fue muy impactante y ahora está en mí y en el disco. México es más crudo todavía, pero es crudeza cálida. Te duele y te cuida a la vez. Te mece y te amenaza sin contradicción. Este país me influye y me infecta desde ahí, y esa sí que es la estructura espiritual del disco.

Si no me equivoco, últimamente has girado por México, USA, Perú y España. ¿Sientes que la acogida del proyecto ha sido mejor en unos países que en otros?
Especialmente en México porque lo vio casi nacer y lo quiso. Ahora que ya ha salido parte de la trilogía estoy loco por volver para allá y pasar un tiempo. Es absurdo lo que me pasa con ese territorio habiendo vivido allí tan poco tiempo. Los dos primeros vídeos que rodé, fueron allí. Bueno, en el videoclip de Los perros del amor aparecen imágenes que grabé a lo largo de todo el viaje, pero las partes que no son roadtrip, son en México.

Toqué en San Francisco y es el concierto que mejor me pagaron. Todo en orden. En Lima di varios conciertos. Descubrí algunos grupos alucinantes e hice muy buenos amigos con gente que vino a verme. En apenas diez días toqué en un festival con Molly Nilsson, con los Shapis (un grupo mitiquísmo de Chicha, considerando tocar con ellos como el punto álgido de mi carrera hasta ahora) y con Monique Pardo, que traducido a España sería como tocar con Ana Obregón. ¿Cómo te quedas?

El videoclip que pusiste para Bandolero me impactó un montón. Fue grabado íntegramente en el mexicano desierto de Wirikuta, reflejando muy bien todo el misticismo que encierra este lugar. ¿Necesitaste una gran producción para poder llevar a cabo este vídeo?
Tenía el guión de este vídeo además de muchas ganas de ir al desierto. Se lo propuse a un gran amigo productor de cine, Coizta Grecko, y me dijo “Chido. ¿Cuándo?”. Así que elegimos fecha y se trajo a su equipo. Nos fuimos cuatro personas para allá. Rodamos durante tres días y yo nunca había dirigido un rodaje. Y menos actuado. Y menos aún las dos cosas a la vez. Yo estaba muy nervioso por no poder grabar todo lo que yo tenía previsto pero Coizta es una mole de calma y cachondeo e hizo que todo funcionase y contó un montón de chistes. Bandolero es el relato de un viaje interno. De descenso a las profundidades y de luchas con demonios internos. Y de acabar de rave con ellos.

Del mismo modo acabas de estrenar el correspondiente de Civilización, que dista completamente del mencionado anteriormente. ¿Cómo decidiste llevar a cabo esta otra idea prácticamente opuesta?
Con respecto al videoclip de Civilización, me gusta mucho la idea de los arquetipos, unidades básicas. Lo matricial, las partes a partir de lo que luego se forman todas las cosas. Así funcionan los mitos y las historias, o la química, por ejemplo. El vídeo es un desfile de muchas cosas muy variadas. Como si fueran elementos básicos. Trabajé con más de 2000 gifs que busqué en internet para hacer esta especie de collage lineal. No simultáneo. Un catálogo. Es, de nuevo, como el código fuente de un nuevo vídeo que publicaré en breve que está hecho en gran medida con esos elementos pero ya combinados de muchas maneras.

Creo que canciones como Bandolero o Salvaje se encuentran muy relacionadas con música latinoamericana como la cumbia pero sometida a un apartado claramente electrónico. ¿Sientes que de alguna forma estás contextualizando géneros latinos clásicos bajo el filtro de la electrónica?Como decía antes, me gusta el collage, la combinación de elementos que luego de alguna manera dialogan entre sí dando resultados nuevos. Lo Frankenstein. Cosas que me gustan, que me tocan, las aíslo, las copio y las recombino. A veces me han preguntado por influencias y decía que Ojo Último se halla en algún punto comprendido entre el triángulo que conformen Devendra Banhart, Nicolas Jaar y Oneohtrix Point Never.

En el caso concreto de los géneros latinos, la cumbia por ejemplo tiene ya una larga relación con la electrónica. Creo que además en muchas ocasiones (estoy pensando en Nicola Cruz o Dengue Dengue Dengue, por nombrar alguno), el género musical ha sido vehículo no solo de una propuesta estética sino también de una perspectiva ante la vida y el mundo. Una cosmovisión tradicional, americana, indígena, mágica y chamánica que al margen de que se utilice con mayor o menos profundidad, sí que propone una visión del mundo más encantada y misteriosa y con la que sintonizo muy fuertemente. Este mundo del que hablo me parece a la vez un desafío y una herramienta tremendamente útil para una mentalidad occidental con resaca posmoderna que coquetea con el delirio hiperracional y el desorden mental. Creo que de forma más o menos subliminal, este es el mecanismo que ha hecho que la cumbia electrónica haya tenido este boom en los últimos años, y que esté presente en mi música. Creo que me ha contextualizado a mi más que yo a ella.

“El disco y el discurso son oscuros porque el proceso personal ha sido oscuro. Como una iniciación, ya que las iniciaciones tienen ese componente de peligro y miedo”

Te has tomado con mucho esmero la carta de presentación del trabajo que incluye la descripción de la gran cantidad de elementos contenidos en los temas, mencionando detalles como que habla de dioses, de sustancias químicas y de los puñetazos cósmicos que acechan a los humanos. ¿Cómo estableces las limitaciones o filtro de ideas que irán incluidas en los temas?Sí, la presentación menciona además la filosofía, la psicología, el espiritismo, la política, la ciencia, la mitología y las galaxias. Identifico estos campos como macrounidades imaginarias que la civilización humana ha ido elaborando, inventando, descubriendo y utilizando para construir el mundo. Para habitar la realidad. Para darle sentido.

Considerar que una de ellas es la cierta y verdadera en detrimento de las otras me parece una simplificación. Como creer que el mejor equipo de fútbol es el de tu ciudad, que el único dios verdadero es el de tu pueblo, o que el paradigma de la época en la que has nacido explica la realidad tal cuál es. Por eso no hay limitación o filtro a lo que aparece o no en el disco. Al revés, el ejercicio es hacer un sí absoluto, aun no sintiéndolo como tal. Forzarme a hacer el ejercicio mental de darle cabida, entenderlo, ver de qué está hecho. No tiene por qué gustarme, pero a estas alturas de la película, 2017, mundo globalizado, no creo que podamos andarnos con fanatismos ontológicos y decir que algo que no entendemos, no existe o no debería existir o que simplemente no es. Sí es verdad que cada cosa opera en su propia esfera. Aquello de al César lo que es del César. Que lo religioso se encargue de la política es un desastre de base. Que la política se encargue de la imaginación, otro. Obvio todo está entrelazado y hay que surfear la cosa y pillarle el puntilllo, pero me parece un punto de partida.

El hecho es que el universo que se recoge en el disco desborda con mucho lo musical y gran parte de toda esta perspectiva se desarrolla también en otro proyecto artístico llamado SEPA. Este se despliega en forma de carteles con frases y con él he desarrollado un Tarot propio que la gente puede consultar regularmente cuando hago exposiciones. Además me tiene trabajando en lo que llamo “El nuevo refranero”.

Efectivamente el proyecto es muy ambicioso. En última instancia lo que trato es de hilar un tejido mental desde el que pensar, habitar e imaginar el estar vivo en el siglo XXI.

Y en cuanto a tu capacidad para reproducir sonidos en los trabajos, ¿crees que existe algún límite a la hora de fijar instrumentos o recursos que puedes incluir?
Si todo lo expuesto antes no era suficientemente extraño, aquí sí que te voy a contar una cosa que es como yo la vivo, pero que puede ser perfectamente un disparate, o no. Como ves todo es muy es un tanto excesivo. Muchos temas, muy largos, muchos sonidos, muchas partes, un tarot, un libro de refranes, muy denso todo… Cuando llevé las pistas al estudio, volcamos Civilización la primera. El ingeniero me dijo: “¿¡cuarenta pistas!? Son muchísimas”. El caso es que como me daba un poco de apuro empecé por esa, que era la más simple. La media han sido 80 pistas, aunque alguna tenía más de cien. Gente a la que se lo enseñaba me decía que eran muchos sonidos, que podía sacar al menos tres canciones de cada tema. Pero me gustaba, primero, la idea de que si no se podían percibir todos los sonidos a la vez, en cada escucha reparases en los que no habías oído antes. Y segundo, plantear el desafío de forzar el oído a trabajar en multitask. Cada cual lo escuchará como le de la gana, claro, pero de alguna manera sintoniza con algo que vivimos a nivel global. El exceso de información, la capacidad y necesidad creciente de manejar cada vez más datos, la multidireccionalidad, el bombardeo de información… todo eso me gusta porque colapsa la percepción inmediata y aparecen otras maneras de captar y de entender. Aun así, como decías antes, quería que a la vez fuese fácilmente digerible, así que algunas pistas sí que se quedaron fuera para aligerar un poco. Pero pocas.

En muchos momentos las letras dan la sensación de adoptar un formato cercano a la profecía, sobre todo en el último tema titulado Preparaos. ¿Sientes que has seguido un hilo conductor a lo largo del disco relacionado con esta especie de mensajes que tienen una sensación amenazante?
El disco y el discurso son oscuros porque el proceso personal ha sido oscuro. Como una iniciación, ya que las iniciaciones tienen ese componente de peligro y miedo. Dice Alan Moore que “el único lugar donde dioses y demonios existen y son indiscutiblemente reales en toda su grandiosidad y monstruosidad es en la mente humana” y es de esto de lo que va este disco y este viaje. De nuevo es la idea de colapso la que abre nuevas posibilidades. En una iniciación un individuo pasa por un estado de miedo, confusión, indefensión y desamparo que activan algo en su psique que no estaba funcionando porque no había tenido que hacer uso de ello. Es como una explosión controlada, y aunque está hecho (idealmente) desde un amor incuestionable por parte del colectivo al que pertenece, es un episodio muy violento y delicado. Desde esta fragilidad aparecen temas como Preparaos o Nuevo Ser. Nuevo ser habla literalmente de lo que es una iniciación chamánica. En el caso de Preparaos opera tanto a nivel interno como colectivo. Habla de la relación con lo otro. Lo distinto en su percepción más amenazante. Es una canción que se pueden cantar a coro tanto distintas partes de una misma persona como de una sociedad. Me imagino una plaza cantándole a un gobierno esta canción y tal gobierno cantando exactamente la misma. Es una canción que habla de la división junto a la polarización, las dialécticas y la confusión de la contradicción.

La portada de esta primera parte de la trilogía incluye lo que parece ser una pirámide junto con una serpiente, mostrando una simbología que puede conectar con culturas pasadas. ¿Has intentado relacionar la portada con algún tema del trabajo como Civilización donde la ambientación se asemeja a la de tiempos pasados?
Es verdad que aparecen simbologías muy claras, no me había dado tanta cuenta. Es un cuadro de mi amigo del alma Julio Linares con el que hemos compartido, cada uno a su manera y por su lado, muchas aventuras y viajes parecidos. Es posiblemente la persona con la que mejor me entiendo del mundo y sus cuadros hablan de los mismos universos y lugares mentales de los que yo hablo, pero a su manera. Tenía que ser una imagen suya la que ilustrara este disco y es un cuadro muy luminoso que contrapesa la gravedad que por momentos tiene el disco. Mi relación con la mitología y el ámbito de la imaginación hacen que me resuene intuitivamente. No sé si el cuadro tenía un nombre previo, la verdad, a mí me gusta llamarlo El infierno iluminado, como si fuera el aspecto que tienen las zonas sombrías cuando consigues ponerle luz. Además está esta cosa de desierto como lugar neutro que podría ser un lugar mental. Como el desierto del videoclip de Bandolero, como cuando, en Matrix, Neo se queda en ese espacio completamente blanco, o tal vez como un aeropuerto. No sé. A mí el cuadro, la verdad, me flipa.

“Me gustaría que el repertorio de Ojo Último no fueran sólo las canciones y los vídeos, sino también movimientos o piezas que lo acompañan en directo”

A parte de tu faceta musical, también estás muy involucrado en otras disciplinas, formando parte de del colectivo escénico SUGA y siendo el fundador del proyecto artístico SEPA. ¿Percibes que todas estas actividades junto con tu proyecto musical están totalmente relacionadas y se retroalimentan las unas con las otras?
Lo cierto es que siempre he funcionado con seudónimos. Siempre. He tenido varios ya. Es como una especie de personalidad múltiple. Cada personaje hace unas cosas, tiene unas cualidades, una idiosincrasia y tiene unos límites también. Es ahora, y esto es nuevo, que SEPA y Ojo Último empiezan a coincidir y a trabajar en la misma dirección de maneras distintas. Es una especie de separación virtual pero que me resulta muy práctica. SEPA existe desde hace cuatro años y es un proyecto que ha consistido en pegar en la calle carteles con textos muy breves y concisos a veces graciosos a veces desconcertantes. Ahora, además de los carteles, están el Tarot SEPA, El nuevo refranero, que está bastante avanzado, y los videoclips.

Por otro lado, SUGA es el único proyecto en el que colaboro con una persona de carne y hueso. Es la asociación de SEPA con la performer Lara Brown es un proyecto escénico que tardará un poco en poder verse porque requiere de tiempo y recursos. Pero cuando esté, va a molar mucho.

Acompañando a la presentación en directo de El núcleo duro, tienes en mente un espectáculo que se llamará La ceremonia. ¿Cómo has planteado ponerlo en escena?
La idea de La ceremonia es un espectáculo cuyo contexto ideal son espacios diáfanos donde se pueda estar tanto de pie bailando como tumbado, sentado o moviéndose. Muy en resumen, es el despliegue este universo contenido en el disco pero dispuesto simultánea y multidireccionalmente en el espacio por medio de diversas acciones, textos de SEPA y videocreaciones. La idea es crear un espacio-tiempo aparte, donde se puede hacer lo que se quiera mientras todo esto está pasando y no hay tiempo ni prisa. Una especie de liturgia contemporánea. De verdad contemporánea, que es de lo que va todo esto.

Si no me equivoco, en los conciertos que has ofrecido hasta el momento te las apañas tú solo encima del escenario. ¿Sientes que a medida que va creciendo tu proyecto necesitas acompañarte por más músicos en las tablas?
Sí. Me encantaría. Aunque también me gustaría ir con artistas que no sean necesariamente músicos. Me interesa llevar la performance y la danza a ámbitos como los conciertos, y cuando digo danza no me refiero solo a bailarines haciendo una coreografía, que también, y que me fascina. Me gustaría que el repertorio de Ojo Último no fueran sólo las canciones y los vídeos, sino también movimientos o piezas que lo acompañan en directo. Ya he hecho conciertos en los que los teloneros no eran otro grupo, sino pequeñas piezas escénicas. Es un reto y a veces funciona mejor que otras, pero ahí está.