Si quieren meterle mano a un disco de pop clásico, distinguido y con auténtica elaboración hecho en nuestro país, apunten hacia Cinéma Vérité (Mont Ventoux, 17) de Nine Stories y acertarán seguro. Su presentación en directo será el próximo 19 de octubre en la sala Moby Dick de Madrid. Para ir calentando motores hemos charlado sobre el álbum con Nacho Ruiz, auténtico alma mater del proyecto madrileño.


Creo que Cinéma Vérité (Mont Ventoux, 17) es todo un tratado acerca de cómo gestionar la mejor herencia del pop y orientarla hacia el beneficio propio ¿Cómo percibes tú el álbum? ¿Qué intención final teníais al hacerlo?
Antes de nada, muchas gracias por lo que comentas. En un primer lugar intenté reunir las mejores canciones posibles, fruto de un trabajo de dos o tres años de composición. Después traté de que tuvieran sentido unas con otras… que ofrecieran una cierta coherencia interna, que sonara a álbum completo, por decirlo de alguna manera. Al final, la intención es resultar evocador, buscar despertar emoción en el oyente.

¿Qué hay de nuevo en este disco? ¿Qué crees que se puede encontrar en Cinéma Vérité (Mont Ventoux, 17) que no esté en otros trabajos de Nine Stories?
Diría que ofrece una perspectiva más contemporánea, quizá también más aventurera que discos anteriores, que eran más orgánicos y más clásicos. Hemos utilizado elementos que se escapaban un poco de lo tradicional, como samples de discos antiguos, baterías, cajas de ritmos, pistas de ruido, grabaciones de campo… Me gusta pensar que el resultado de todo eso es un sonido con más personalidad, misterioso y -ojalá- sorprendente.

El pop de Nine Stories pertenece a esa versión del género cuidada, mimada y elegante ¿Son estas características obligatorias a la hora de que una canción vuestra vea la luz? ¿Qué tiene que tener un tema de Nine Stories para que lo deis de paso?
De nuevo, mil gracias. Mucha gente ha mencionado esa sensación de “mimo” y me pone muy contento. Sólo se edita un número determinado de discos en la vida y me gusta cuidarlos al máximo. Eso no quiere decir que hayamos improvisado mil cosas, pero si el resultado final transmite cariño y cuidado, yo feliz. Para empezar a trabajar en una canción necesito encontrar un “hallazgo” que me llame la atención: una secuencia de acordes molona, una melodía de voz, un verso… Después se trata de no repetirse a sí mismo: nos quedamos con los cortes que añadan algo nuevo al canon de Nine Stories. El paso final es buscar arreglos que no sean obvios e interpretarlos para que -con suerte- sean especiales.

Otra de las virtudes del disco es una línea melódica, que cobra vida propia hasta realzar las propias canciones ¿Cómo trabajasteis ese efecto y lograsteis esa consecuencia?
En este sentido hemos ido trabajando cada canción por sí misma. Una cosa que tenía en mente a la hora de escribirlas era tratar de añadir partes que pudieran sorprender. Es decir, escapar en la medida de lo posible (de lo lógico) de la estructura pop de toda la vida y añadir acordes marcianos, mini-partes en tonalidades distintas y cosas así. Después, bueno, diría que mi manera de componer busca la melodía. Quizá suena petulante, pero creo que si tengo un talento, es ése: encontrar líneas melódicas chulas.

“Mucha gente menciona esa sensación de mimo refiriéndose al disco, y eso me gusta”

Hay canciones en el disco que resuenan familiares casi a la segunda escucha, supongo que en parte gracias a su universalidad y atemporalidad ¿Buscabais conseguir ese efecto en el oyente o ha sido una consecuencia no planificada?
Sí, siempre se busca eso. No hay mayor piropo: las canciones tienen que sonar actuales pero, a la vez, que puedan resistir el tiempo. Aparte, siempre se intenta expresar ideas o sentimientos propios, pero que también puedan resultar familiares para el oyente. En cualquier caso, opino que es un disco que gana con las escuchas. Eso espero, al menos.

Las canciones tienen un aspecto sencillo y atractivo, pero es evidente que cuentan con estructuras muy elaboradas ¿Es complicado manejar ese equilibrio y trabajar de esa manera?
Lo ideal es que una estructura resulte sugestiva al oyente pero que parezca natural. Este conjunto de canciones tiene, en general, un montón de cambios (introducciones, puentes, middle eights raros, codas que aparecen de repente…) pero lo dicho: tienen que estar al “servicio” del conjunto. Si no, estás cayendo un poco en el arte por el arte.

En el disco participan de uno u otro modo Alondra Bentley o Carasueño (Ex Big City) entre otros ¿Cómo han influido las diferentes colaboraciones en el sonido final de Cinéma Vérité (Mont Ventoux, 17)?
Muchísimo. Carasueño ha sido el productor y se puede decir que realmente lo hemos hecho todo a medias. Me parece un genio absoluto -en lo musical y en otros aspectos de la vida- y para mí ha sido un lujo y una suerte contar con él. Le pedí que fuera un productor artístico a la vieja usanza: que opinara de las canciones, que me dijera qué cosas le gustaba y cuáles no y que tratara de sacar lo mejor de mí y mis canciones. Además, ha tocado un montón de instrumentos (es probablemente el mejor guitarrista de España y uno de los mejores teclistas). Alondra, por su parte, es mi pareja, por lo que, además de contar con su voz maravillosa, está presente siempre. Siempre le enseño bocetos de canciones y su opinión es vital para mí.

El disco incluye un total de catorce temas, algo poco habitual (los discos extensos) en los tiempos que corren ¿Os daba un poco de miedo lanzar un álbum con “tantas” canciones?
Hay una cierta obsesión con esto. Los discos duran… lo que tienen que durar. Últimamente estoy viendo discos de hasta nueve canciones. Otros (por ejemplo, en el rap y el r’n’b suele ser así) pueden tener hasta 20. Si las canciones son buenas, no hay -o no debería haber- problema.

¿Diríais que estáis en un proceso creativo especialmente fructífero? ¿De dónde ha venido la inspiración para las nuevas canciones?
Pasó bastante tiempo desde el disco anterior (Trafalgar en 2013), por lo que me dio tiempo a acumular bastantes canciones. En realidad, siempre estoy componiendo (o tratando de hacerlo), pero el hecho de dirigir un sello (Gran Derby primero y Mont Ventoux después) me quita bastante tiempo. La inspiración, como dice el tópico, llega trabajando.

En mi crítica para MondoSonoro decía que en el álbum veía influencias de The Byrds, The Beach Boys o The Beatles, pero también de Prefab Sprout, The Lilac Time o King Creosote. Y tú en Facebook me respondiste que a algunos de esos grupos no los habías escuchado nunca ¿Has solucionado ya ese problema? ¿Qué te han parecido?
(Risas) The Lilac Time por ejemplo los conozco de nombre, pero reconozco que no los había escuchado con profundidad. King Creosote estaba ahí, pero hasta su último disco -que me gusta bastante y salió después de que yo grabara Cinéma Vérité– no le había hecho demasiado caso. A Prefab Sprout sí les conozco y respeto mucho, pero tampoco es que les escuche a menudo. Diría que, entre Trafalgar y Cinéma igual no me había puesto un disco suyo. Por otro lado, The Byrds y, especialmente, The Beach Boys y The Beatles… Pues sí, les conozco y escucho un poquito… (Risas).

¿Qué expectativas reales tenéis con el disco? ¿Dónde creéis que encajan Nine Stories dentro de la actual escena independiente de la música estatal?
Las expectativas ya están cubiertas: hacer un disco del que estoy orgulloso y sentir el respeto y el cariño de la gente que lo ha escuchado. En la escena independiente… No lo sé, con sinceridad. Noto que un disco así no está demasiado de moda, pero yo opino que le puede gustar a cualquiera si se escucha con cierta calma y oído abierto. Es una reflexión muy larga… el hecho de utilizar el inglés quizá no ayuda demasiado a la popularidad. No sé si resulta particularmente festivalero, que parece la puerta de entrada al éxito. Casi prefiero no pensar demasiado en ello.

¿Qué tal han funcionado hasta ahora los conciertos? ¿En qué formato estáis tocando?
Estoy combinando conciertos en solitario y con banda. He montado un grupo muy chulo con Alfonso Luna (Tachenko, Soledad Vélez) y Cayo Bellvesser y Xema Fuertes (Alondra Bentley, Josh Rouse) y siempre que pueda, tocaré con ellos.