Directito de la selva llega “Cosmus” (17), un largo de cumbia pegajosa mezclada con sintetizadores crudos y directos. Julián Salazar (Bomba Estéreo) y Franklin Tejedor se postulan en Mitú como paradigma de un país agitado, Colombia, que en los últimos años está tocado por la barita de la inspiración. Pasan por Barcelona para compartir el frenesí. Será hoy 13 de diciembre junto a La Sra. Tomasa.

Los bastidores del Rencontres Trans Musicales de Rennes son un hormiguero. Los artistas y profesionales van y vienen. El ruido es descomunal, y sale más a cuenta hablar por mensajería instantánea que en vivo. La situación incomoda al teclista Julián Salazar (guitarrista también de Bomba Estéreo) y al percusionista Franklin Tejedor, que en un rincón apuran su bocadillo antes de ponerse a los preparativos de su concierto.

Pese a la costumbre, ya son varios los años de carrera (tres compactos publicados juntos), el tráfico entre bambalinas los deja tocados, y se expresan con pausa. El trajín en la selva también es alto, pero ellos no lo siguen; lo capturan, y luego lo muestran en directo junto a bases cercanas el techno. El objetivo es llegar al baile sin coreografía, el que arranca desde los pies y te lanza las manos al aire. Es su segunda vez en Francia, y confían que eso hoy podrá pasar. “En París había un poco de prisa”. La prisa nunca ayuda en las transiciones.

No os imagino muchas horas ante el desagradable calor de un ordenador.
(Julián Salazar) Yo toco las máquinas, sintetizadores y efectos; y él [Franklin Tejedor] toca percusión electrónica que también voy modificando en vivo. Hacemos música electrónica completamente análoga, y nuestro único momento de ver una pantalla de ordenador es para darle al ‘rec’ y grabar, para hacer el registro de lo que está sonando, pero la pantalla ni nos interesa, ni nos divierte.

No debe ser fácil el traslado al directo, si no registran más que para los álbumes. 
(Julián Salazar) Como trabajamos en estudio lo hacemos en el escenario: jamás salen iguales los temas, porque no tienen una estructura, porque no están pensados con intro, verso y demás. Las nuestras son canciones hechas para ser transgredidas en vivo. Pensadas para poder ser adaptadas mientras estamos en el escenario.

¿Qué utilidad tiene grabarlas? 
(Julián Salazar) Hacer un álbum.

¿Cuestiones de mercado? 
(Julián Salazar) Bueno y para hacer una biblioteca, un registro de lo que estamos haciendo. Si no lo grabaramos pues igual llegaríamos al punto en que se nos olvidaría nuestra propia canción. Tener algo en la memoria es bueno. (Franklin Tejedor) Hace casi una década que nos encontramos… Aquello fue como juntar dos partes que tenían en su imaginación algo que querían llevar a la realidad. Ahora podemos dar cuenta del proceso, con tres álbumes.

¿Coincidisteis, u os buscasteis? En Colombia hay un buen montón de bandas que parecen predestinadas a renovar la historia de la música latina ahora mismo. 
(Julián Salazar) Pienso que es algo que sucede por coincidencias culturales que se dan, sin más. Es un momento en Colombia en que se están dando un buen montón de transiciones. Eso hace que la expresión musical se note fuertemente cargada, la música tiene una carga emocional fortísima. Coincide que hay un montón de gente interesada en hacer música que además está atravesada por esas emociones. No hay nada planeado, ni gubernamental. Y queda mucho más por suceder.

¿Un artista está obligado a explicar sus tiempos? 
(Julián Salazar) Obligado no está nunca, pero puede existir la curiosidad… No debería ser una obligación, porque lo artístico viene de momentos muy íntimos, y a veces revelarlos no es fácil, y ni siquiera sano.

¿Cómo crees que vuestras músicas se ven reflejadas por esos momentos?  
(Julián Salazar) Al final de los conciertos el sabor que me queda es que podemos abrir poco a poco una ventana para ver un poco más allá. Darnos cuenta de cosas que son asombrosas y no tan irrelevantes y tan agobiantes como el día a día. La música es celebrar que uno está vivo, y nuestra música es eso, una gran celebración.