ESTÁBAMOS PERDIENDO LA PACIENCIA. MIL QUINIENTOS DÍAS ESPERANDO A QUE TRENT REZNOR, UNO DE LOS ARTISTAS MÁS CARISMÁTICOS DEL ROCK ACTUAL, SE MOLESTASE EN PRESENTARNOS UNAS COMPOSICIONES DE LAS QUE YA HABÍAMOS ESCUCHADO HABLAR EN FEBRERO DE 1998. QUIÉN SABE QUIZÁS ES QUE, COMO A JESUCRISTO EN LA CRUZ, ESOS CLAVOS DE NUEVE PULGADAS SE LE HABÍAN CLAVADO MUY, MUY ADENTRO.

Veintitrés temas, unos cien minutos, toda la creatividad que Michael Trent Reznor ha sido capaz de destilar durante cerca de dos años, durante unos setecientos días que le han llevado del infierno al cielo, que le han permitido experimentar hasta lo indecible, luchar contra su propio yo, escarbar en sus inquietudes e intentar salir de ese pozo en el que, según sus propias palabras, llevaba -y lleva- una buena temporada atrapado. Estamos hablando de «The Fragile», la última gran obra conceptual de este fin de siglo, un trabajo mayúsculo firmado por Trent Reznor, por Nine Inch Nails, y que llevábamos una eternidad -demasiado quizás- esperando. Un disco que combina la furia controlada («Starfuckers, Inc.», «The Wretched»), el percutante frío industrial («Pilgrimage»), la calma («The Fragile», «The Mark Has Been Made», «La Mer») y los respiros entre trueno y trueno («Where Is Everybody?», «The Day The World Went Away», «Even Deeper», «Just Like You Imagined»), en una forma similar -muy similar diría yo- a lo expuesto en «The Downward Spiral». Algo inusitado, no precisamente por lo innovador (quieran ustedes o no NIN siempre habrán bebido de Ministry, Leather Strip o Skinny Puppy), sino porque muchos esperábamos algo distinto. Y es que, pese a la grandeza de «The Fragile», apenas nada podremos encontrar de ese sentimiento funk a lo Prince (¿quizás en «Into The Void»? No, eso es Bowie) sobre el que Reznor teorizaba meses atrás. «The Fragile» es cien por cien NIN, cuarenta por ciento alternativo, sesenta por ciento industrial, mainstream en ocasiones, underground en otras. Sin cambios, sin trampas, eso sí, con infinidad de sonidos nuevos, inéditos, pero sin revoluciones. Vamos, que «The Fragile» es y no es «Pretty Hate Machine», «Broken», «Fixed» o «The Downward Spiral». Lo es porque uno puede reconocer al mismo autor y no lo es porque, aún así, evidencia una personalidad propia. ¿Recuerdan «The Wall» -dicho sea de paso uno de los más grandes discos de la historia- de Pink Floyd? Bien, pues dejando a un lado el hecho de que Bob Ezrin se haya encargado de la continuidad del minutaje total del álbum, úsenlo como referencia. El caso es que el álbum -doble compacto, triple vinilo- ya está en la calle y voy a tener la oportunidad de compartir mis impresiones con el propio Reznor. Ese chico que nació en Cleveland, que empezó en un grupo de versiones, que cambió su forma de entender la música al descubrir a Cabaret Voltaire, que se reconoce fan de una banda tan injustamente menospreciada como Pop Will Eat Itself, que triunfó con su banda en Woodstock 94, que fue requerido por Guns’N’Roses para telonearles en el Wembley Stadium, que ha coordinado las bandas sonoras de «Natural Born Killers» y «Lost Highway», que ejerció de mecenas para Marilyn Manson, que capitanea Nothing Records, que no duda en componer soundtracks para juegos de ordenador («Quake»), que reinventó a Rob Halford vía Two y que se ha convertido en una gran estrella va a llamarme en unos minutos.

Primero escucho la voz de la promocionera de Universal USA («Joan, voy a pasarte con Trent Reznor. Tienes aproximadamente una media hora de entrevista, te avisaré cuando el tiempo acabe»), a continuación espero ansioso unos minutos disfrutando una horrorosa música enlatada y me descubro contestando al corazón y al cerebro de NIN. Educado y mesurado, responde de forma cerebral, aunque apenas suelta un simple «Umm…» cuando le comento que estoy encantado de hablar con él y que su disco me parece grandioso. Ya se sabe, a todo el mundo le gusta grabar discos, pero a muy pocos promocionarlos. Por lo menos parece relajado, ajeno a esa depresión galopante que supuestamente le ha marcado últimamente. Quizás los cientos de horas invertidos en sus juegos de ordenador y en navegar en las Bahamas le hayan hecho olvidar lo oscura que es la existencia del ser humano. Lo espero, por mi bien. Sólo que me da que me equivoco. Empiezo increpándole por todo el tiempo invertido en el álbum, una eternidad le digo. «Sí, hemos invertido mucho tiempo en este disco, pero ahora sé que éste es el disco que estaba buscando. Ahora que lo tengo en mis manos, estoy muy contento con los resultados y no me arrepiento de todo el trabajo que me ha llevado». De todos modos, si algo particular tiene «The Fragile» es la sensación de que debe ser escuchado de principio a fin, de cabo a rabo, de que uno debe ingerirlo de un trago pero paladeándolo. Como el buen vino. Y es que da la impresión de que se trata de un álbum trabajado como una entidad única, buscando un sonido general, un disco en el que se ha preferido potenciar el conjunto por encima de las partes. «Estuvimos realmente mucho tiempo intentando imaginar cómo conseguir que el disco pudiera ser un bloque compacto cuando lo escuchases. Nos dimos cuenta de que si establecíamos un orden en las canciones que no fuese el correcto, sería muy difícil escuchar todo el disco seguido. Por eso estuvimos mucho tiempo estudiando cuál sería el mejor orden para las canciones, el orden exacto. Así que siento que si escuchas toda la primera cara del disco seguida… bueno, no hay mucha gente a la que puedas exigir que dedique gran parte de su tiempo a escuchar el disco, por lo menos en el mundo actual… pero esa era realmente mi intención desde el principio, que el disco se escuche seguido. Por eso estuve trabajando con Bob Ezrin, para que le diese esa continuidad». Ezrin, que estuvo tras los controles del ya citado «The Wall» y que ha ayudado a Kiss en varias ocasiones, completó tres o cuatro secuencias distintas de los temas con la intención de extender lo conceptual que tienen los cien minutos de música firmada por Reznor también a su forma. Unas secuencias que, en todo momento,observaban que «The Fragile» iba a ser de forma definitiva un doble álbum. Reznor lo tiene muy claro. «Realmente me hubiera gustado que «The Fragile» no fuese un disco doble. Con cosas así entras en un mundo en el que resulta fácil convertirse en alguien pretencioso. Tú solamente debes verter la música, pero la manera en que trabajamos en este disco y en cómo le dimos forma, empezando desde los elementos más extraños de los temas y añadiendo más piezas y más textos… cuando intentamos reducirlo todo para poder publicar un único compacto nos dimos cuenta de que si dejábamos alguno de los temas fuera ya no se trataría de un disco especial. Teníamos temas más interesantes y temas más frívolos, pero para nosotros era esa combinación la que lo hacía funcionar. Cuando tomamos las canciones vimos que había muchas que necesitaban tener a otras a su alrededor para funcionar, así que la decisión principal fue el hecho de ir cada vez incluyendo más y más… Sé que, de esta forma, es más fácil que la gente te critique, pero yo estaba convencido de que, al final, realmente no podía ofrecer un disco más fuerte de lo que es ahora».

No lo dudo. Quizás más alejado de los propios postulados sí, pero acepto que no más fuerte. De todas formas, en Universal debían andar algo inquietos: «¿Dónde demonios va este tipo con un doble compacto?» ¿Significa eso que hubo presiones? «No, en ningún momento recibí presión por parte de la compañía discográfica. Desde el principio me dejaron hacer lo que quisiera, pero soy consciente de la parte comercial de todo esto. Era una de las cosas que debía entender, pero la decisión final solamente la tenía yo cuando decidí que esta era la mejor manera para editar el disco, de que sólo así iba a ser el mejor disco posible…». En todo caso, no cabe duda de que en su discográfica, al margen de que sus halos no dejen de pertenecer a Nothing Records, deben ser unos santos. Cinco años -«Perfect Drug» al margen- esperando un disco vendedor y va Reznor y se les presenta con un monumental trabajo de cien minutos. «Definitivamente me sentía muy presionado, pero por mi mismo. Sabía que había pasado mucho tiempo y si tardamosta