A Mariona Aupí, la gente que más la conoce le dice que es muy esotérica. Ella cree que hay un destino, que las cosas suceden por algo, pero al mismo tiempo se deja llevar por el azar. Y eso la ha llevado hasta “Le Monde” (La Cupula Music, 17), su trabajo más personal y en el que recupera su verdadero yo.

Estará presentando el disco este fin de semana en Barcelona (11 noviembre, Barts Club) y Girona (12 noviembre, Auditori de Banyoles). Además, acaba de estrenar hoy el videoclip de “Dame los labios”, que puedes ver al final de este entrevista.

Mariona Aupí se enfrenta en “Le Monde” a la soledad mientras juega con las cartas del Tarot y sueña con David Lynch. Aupí sabe interpretar las aristas de la poesía francesa y salpica con ellas sus canciones. Utiliza muchas metáforas del mar y crea un universo complejo en el que navegan las buenas intenciones y se expanden en la mejor de las formas posibles. Es decir, que es una suerte y un placer tenerla de nuevo por aquí.

Lo primero que llama la atención cuando tienes el disco entre manos es que has mimado mucho el diseño. Sorprende lo bien cuidados que están los detalles.
El equipo de diseño es un equipo de súper lujo. La tipografía de portada y contra es de Paula Bonet y las fotos son de Noemí Elías. Con Noemí tuve un flechazo al ver su trabajo, la llamé, y nada, nos conocimos, hicimos la sesión y después nos hemos hecho súper amigas. Fue muy bonito, porque las fotos están hechas en Banyoles. Yo quería unas vestida en el agua, pero no sabía bien cómo hacerlas. Justo ese día había una alerta de lluvias brutales, y en una hora las hicimos, le sacamos mucho jugo. Era octubre, y por suerte aún no hacía mucho frío.

Y con Paula, ¿cómo surgió la colaboración?
Estaba enamorada de su trabajo. Soy muy fan de su último libro. Esta es una historia de amor entre todas las chicas, también está por aquí Peinga Rayo, con quien he colaborado en mis tres últimos trabajos a nivel de diseño.

Por lo visto, a ese nivel estabas muy convencida de lo que querías.
A ver, no lo visualizaba… Todo el concepto lo hemos trabajado al mismo tiempo que el disco, todo estaba integrado. Por un lado estaba el tema del agua, del mar como emoción, de hecho todo el disco, la composición, ha sido muy emocional. Hay muchas referencias marinas en canciones como “Navegante”, “Querido comandante” o “Submarinos”, incluso en algún pasaje se recrea el sonido de unos delfines.

Imagino que también lo ves como fuente de vida, ¿no?
Sí, como emoción y regeneración. Me pilló en una época de mi vida con muchos cambios. Un reset en todos los sentidos. Vivía en Barcelona y me fue a vivir fuera, cambio de pareja… descubrí lo que es trabajar en soledad. Ha sido muy inspirador. Siempre he estado rodeada de gente, trabajando en equipo, y esta vez, excepto algún tema con Guillermo Martorell, que es el productor, todo ha corrido de mi parte. De hecho, ha quedado mucho material fuera, porque nos hemos decidido por las canciones que eran más afines entre ellas.

A mí ya me parece bien. Últimamente está de moda volcar todo lo que tienes y los discos se alargan mucho, con lo que acaba habiendo mucho relleno. Todavía me gusta que haya cinco canciones por cara, como en los vinilos de antes.
Es que está diseñado para ser en vinilo. Al principio quería publicarlo sólo en este formato, pero en cuanto a términos comerciales les parecía una barbaridad, porque también interesa sacarlo en otro soporte que sea más práctico. Al fin y al cabo, la cuestión es que somos unos románticos.

El título del disco, ¿también tiene algo que ver con el romanticismo?
En cierta manera, con el mar, pero no directamente. Mientras componía -siempre en soledad-, iba sacando las cartas del Tarot de los arcanos mayores, y, a ver, no lo hago por fanfarronear, pero me las regaló Alejandro Jodorovski. Estuvimos con él en París, fue muy generoso. Nada más verme me las dio, yo aluciné. Siempre están en la estantería en la que tengo los libros. Con este disco, como me fascinan los arcanos mayores, a estas también le acompañan las cartas de Brian Eno. Cuando grababa una canción sacaba una carta y me daba pistas, era como un juego. Y me salió un montón de veces la carta del último arcano que es el 21, el de Le Monde. Y quise darle un homenaje al azar. Ha sido una revelación a nivel artístico, y lo veo todo muy femenino, aunque haya muchos entes masculinos en las letras.

La ruptura está muy presente, ¿no?
Mucho, porque te remueve cosas a nivel interno. Te planteas dónde estás y hacía dónde vas. Y es muy metafórico porque me escondo mucho tras ellas. Este disco ha sido un parto difícil, fui a ciegas, y al final tenía que ser un proceso largo, porque lo requería.

El primer corte del disco, “3.500 días”, imagino que te refieres a un periodo concreto de tu vida. Me recuerda al “20.000 Days On Earth” de Nick Cave.
Es la despedida de una época de mi vida. Cuando escribí esta canción me vino como dictada, lo estaba viendo todo con la perspectiva que te da el tiempo, como un paréntesis. Y recordarla por lo poética y mágica que ha sido, marcada por mi relación de nueve años con Carlos Ann.

Es un gran inicio de disco, con esas voces masculinas como contrapunto. ¿Fue la primera que escribiste?
Desde luego, y es muy intensa. Y no sólo eso, fue la primera que grabamos, no podía ser de otra forma.

La intensidad siempre ha marcado tu trayectoria, desde los tiempos de Fang. Y con PJ Harvey en el horizonte, esa eterna comparación. ¿Todavía la sigues?
Sí, claro. Me encanta. A veces sigues a una artista y, por circunstancias, dejas de hacerlo. Este no es el caso. Siempre ha sido muy coherente y valiente. Y me identifico con su parte emocional. Yo si estoy muy feliz no hago nada y si tengo tormenta interna hago cosas. De PJ esa visceralidad, sobre todo en las letras, me engancha, la comparto. A los diecisiete años la imitaba, así comencé. También escuchaba mucho a Portishead, el primero de Goldfrapp. Siempre digo que la voz es el corazón, por esa norma me rijo. Y además, siempre he hecho lo que me ha dado la gana.

A eso iba, tengo la sensación que has ido un poco por libre, también por cómo has gestionado tu carrera.
Sí, aunque eso tiene lo bueno y tiene lo malo. No he tenido continuidad, no he sacado un disco por año, además no es que esté todo el día investigando música, y quizás eso me frena.

De hecho, tengo la teoría de que la mayoría de músicos no escuchan mucha música actual, más allá de la suya o la de amigos del entorno…
Sí que pasa. Tienes en tu memoria lo que has escuchado en tu etapa de adolescente, es lo que aprendías de joven, pero ahora cuesta, incluso si escucho algo con lo que no conecto, me perturba.

Y ya que lo has citado antes, hablando de Fang, ¿qué recuerdas de aquella etapa? ¿Con qué te quedas?
¿Con qué me quedo? Con un aprendizaje brutal. Ahora lo veo con la distancia, y se ha convertido en un grupo de culto. Yo no era consciente de ello. Si es verdad que tocábamos mucho, venía gente a los conciertos, y nunca pensé, que después de veinte años que hizo que sacamos nuestro primer disco, la gente nos tendría tan presentes. No volvería ya nunca ahí, ni siquiera para rememorarlo, pero en cambio estoy feliz por lo que hicimos. Ahora estoy en otro momento totalmente distinto, pero aquel fue el primer peldaño de una escalera que no sé si subirla o bajarla. Siempre tengo más presente el futuro que el pasado.