El verdadero orgullo de la Gran Bretaña no viaja en clase Business, ni lanza platillos volantes en sus conciertos y menos se relaciona con el star system de Hollywood. Pero un par de versos escupidos por Sleaford Mods en “Divine And Exit” (Harbinger Sound, 14) dan una visión más aproximada del mundo real que todos los putos discos incluidos en el Top 40 juntos.

Las respuestas de James Williamson se parecen en lo esencial a las letras de Sleaford Mods: sinceras, contundentes y cargadas de una dosis importante de mala leche. El vocalista del dúo de Nottingham no es precisamente un recién llegado a esto de la música y tras sufrir en sus carnes la infamia brit-pop se lanzó en pos de un sueño –“mi aspiración como músico es sobrevivir en medio del capitalismo”– que comienza a reportarle grandes satisfacciones –“en esencia, demostrarles a mis enemigos la puta mierda que son”-. ¿Cómo andas de reputación en tu pueblo, James? “La gente me llama ‘puto’, ‘drogata’, ‘raro’, ‘cojonazos’ y ‘buen amigo’”.

Así es y así habla este entrañable bocazas que un día dejó a un lado las raíces mods –“todavía flipo con una buena Scooter si veo una. Me gusta una parka bonita si alguien me la quiere regalar, pero, al igual que ocurre con los grupos mod, son recuerdos de un tiempo que ya no existe. Para mí ‘mod’ es una forma de expresar el rechazo ante lo que te rodea”– para aproximarse a un nuevo modo de entender la música, a medio camino del rap y el mascullar afilado de Mark E. Smith, trotando sobre la minimalista base musical de Andrew Fearn, perfecto compañero de fatigas poco dispuesto a perder más de una tarde en poner a andar un tema… “No nos gustan las complicaciones y tampoco creo que haya que darle muchas vueltas a una idea. Además, lo que nosotros hacemos es bastante bestia, así que tampoco es plan de producirlo demasiado… Yo escribo las letras, y Andrew me da algunas opciones de cómo acompañarlas. Una vez elegimos una, grabamos rápido y pasamos a la siguiente. Y eso lo trasladamos al directo: Andrew aprieta un botón y yo canto por encima. Es una forma de transmitir nuestra frustración con la música y su estancamiento. El concepto guitarra, bajo, batería ya no tiene sentido”.

Con este peculiar “fuck & run” -o “run & gun” si prefieres la jerga deportiva- han venido publicando casi una decena de discos desde su debut en 2007, con un progresivo endurecimiento discursivo y estético que desemboca en uno de los grandes álbumes cien por cien británico, cien por cien working class, de los últimos años, este “Divine And Exit”. “Dicen que somos la voz de la clase trabajadora de esta década, pero olvidan que a la gente como nosotros nos han escupido y tratado a patadas desde siempre. Yo he currado toda mi vida y no he intentado cambiar mi acento, como otros; esas son armas poderosas cuando cantas. Ser tú mismo es el único camino”. ¿Qué diferencias hay entre el Nottingham de hoy y aquel en el que creciste hace veinte años? “Ninguna. Que soy más viejo. Bueno, y que obviamente la política Tory (el partido conservador británico que gobierna desde 2010) ha añadido una capa más de gris”. Con este panorama vital la misión de Sleaford Mods no es otra que contar negro sobre blanco y aderezado con una buena ración de “fucks”, “bollocks” y “cunts” la desazón de ese urbanita de una clase baja atropellada por las políticas de empleo, humillada y arrastrada por el fango en el equivalente británico de las tertulias televisivas de nuestra 13TV. Y ellos son los elegidos porque, obviamente, nadie espera de Chris Martin, Thom Yorke, Adele o los putos Damon Albarn y Noel Gallagher que vayan a hacerlo… “A las bandas inglesas no les interesa hablar de otra cosa que de las cuestiones personales y el sexo. La música es entretenimiento, siempre lo ha sido, pero también es cierto que ha tocado fondo por la codicia de gente como Simon Cowell (la cabeza pensante tras “American Idol”, “Got Talent” o “The X Factor”). ¿Y no existe el peligro de que el éxito se os suba a la cabeza también a vosotros? “Podría ser, pero no va a suceder. No puedo hablar por Andrew, pero tenemos un límite. No me gusta oler mierda por demasiado tiempo. Demasiados han caído en el pasado por eso y los he despreciado por ello. Ni de coña”.