A pesar del éxito que obtuvo con la película “Once”, tras vivir unos cuantos años en la clandestinidad con los reivindicables The Frames, a Glen Hansard le causaba respeto iniciar una carrera en solitario. Con “Didn’t He Ramble” (ANTI/Pias, 15), su segunda tentativa discográfica, confirma que hay pocos compositores como él. Ahora lo corroborara con una gira y con un nuevo Ep, “A Season On The Line”. Además, es un conversador excelente. ¿Se puede pedir más?

Las fechas de su gira son:

Barcelona (19 febrero, Barts; Festival Mil.leni)
Madrid (20 febrero, Teatro Nuevo Apolo)
Bilbao (21 febrero, Kafe Antzokia)

Hola Glen, ¿qué tal? ¿Dónde estás ahora?
Estoy en mi casa de Dublín. Hace un día fantástico, llueve y hace mucho aire, ideal para sentarse al piano y tocar (risas).

Tienes disco nuevo, “Didn’t He Ramble”. Me parece una maravilla, de hecho encuentro que está un par de escalones por encima de tu primer disco en solitario.
Cuando acabo un disco, luego no lo suelo escuchar más veces, pero si toco las canciones en directo. Con lo cuál, me cuesta más poder compararlos. Es otro periodo de mi vida.

Con “Rhythm And Reponse” reconociste que te daba respeto enfrentarme por primera vez a un disco por tu cuenta, ¿te has sentido ahora más liberado?
Estaba más encerrado en mi mismo, quizás ahora las canciones son más optimistas, ha podido influir mis circunstancias vitales, los procesos son siempre distintos.

Ese disco estaba muy inspirado en Nueva York, ¿podemos decir que este es más irlandés?
Efectivamente, así es. Lo elaboré más en mi casa, y creo que aquí hay más trabajo. No quiero decir que antes no lo hubiese, pero si creo que hay más empeño, voluntad en que las cosas salieran bien, que las canciones fuesen redondas. Estoy muy satisfecho del esfuerzo.

Hay dos canciones que me entusiasmaron desde la primera escucha. Son “Her Mercy” y “Lowly Deserter”.
Cuando escribí “Her Mercy” escuchaba a menudo “I’m Your Man” de Leonard Cohen, y sin darme cuenta estaba componiendo en mi cabeza una pieza que era un tributo a él, a su música. Estaba en un avión, iba de Melbourne a Oakland, la escribí muy rápido. Cuando aterricé fui lo más rápido posible al hotel, necesitaba volcar esa idea, que por otro lado era muy simple. Los dos días siguientes los emplee para acabar la letra. En cuanto a “Lowly Deserter”, la historia también es curiosa. Estaba en la cocina de mi casa, y vino un amigo con una mandolina, un instrumento con un sonido que me fascina. Empezó a hacer acordes, y al segundo que hizo, le dije que ahí teníamos una canción. Entonces la empezamos a desarrollar, la letra trataba sobre la Guerra Civil, sobre lo que vivieron mi padre y mis abuelos. Curiosamente, son las dos canciones para los cuales necesité menos tiempos.

Entonces, ¿salen mejor canciones cuando salen a la primera y se hacen rápido?
No siempre es así, aquí solo es una casualidad. Para las restantes emplee más tiempo, y complementan a estas dos.

En el disco colaboran Sam Beam, Sam Amidon, pero quien llama más la atención es John Sheaham de The Dubliners. ¿Hasta que punto han sido importantes para ti?
Son una voz autorizada de este país, y por lo tanto, que intervenga en uno de mis discos es un gran honor. Les vi dos veces en directo, y en ambas ocasiones la experiencia fue alucinante, muy bonita.

También grabaste un Ep con versiones de Jason Molina.
Jason Molina era una gran amigo mío, lamenté mucho su pérdida, fue difícil para mí procesar que él ya no estaba a mi lado. De la noticia me enteré mientras estaba de gira por Australia. Mucha tristeza, desde allí intenté contactar con su entorno más cercano, era frustrante estar tan lejos. Al llegar a Chicago, cuando no tenía nada que hacer, cantaba y tocaba sus canciones, necesitaba hacerlo, era una manera de superar su muerte. Hablando de esta situación con Jeff Tweedy me dejaron durante un día que su estudio estaba libre, grabar todas las canciones de Jason que me diera tiempo. Justo para completar un Ep. Era una persona muy creativa en todos los sentidos, también muy oscura. He conocido a pocos músicos que se desenvolvieran tan bien tocando solos.

En cuanto a todo lo relacionado con “Once”, ¿te planteas repetir alguna experiencia similar a aquella?
No me cierro puertas, de la misma manera que tampoco pienso en abrirlas. Fui feliz mientras sucedió, y lo que vivimos es irrepetible, pero no me apetece volver a mirar atrás.

De todo aquello también resultó un documental; era un poco doloroso.
Nos propusieron hacerlo, y accedí, quería ser honesto, explicar la verdad, en ese sentido estoy satisfecho. Se hizo y ahí queda el documento para quien quiera investigar al respecto. Es una invitación a conocerme mejor, es intenso.

¿Qué supone para ti estar en un sello como ANTI? Tengo la sensación que debes estar encantado, además en ANTI encajan todo tipo de artistas.
Aquí tienes libertad, y eso no se puede decir de todos los sellos discográficas, muchos te marcan pautas, aquí es otra cosa. Nadie te controla, y para un músico eso es fantástico. Tras estar tantos años en sitios donde no estabas tan cómodo, conocer ANTI es como un paraíso.

Y en unos días vuelves a pisar nuestros escenarios. Imagino otro concierto en el que no escatimarás en tiempo ni esfuerzo. Acostumbramos a ver a músicos que tocan una hora y ya es suficiente, no es este el caso.
Desde que era niño, es lo que quería hacer. Es la mejor forma que tengo de expresarme. Si no lo sintiera así, me quedaría en casa y no me movería de aquí, pero no es lo que siento. Es lo que permite seguir adelante con mi vida, con motivación y excitado con cada nuevo proyecto.