El trío, al frente de Manuel Cabezalí, presenta un octavo disco que se descubre ante el oyente como una progresión de su sonido más crudo y violento, esa “marca de la casa” a la que nos tienen acostumbrados. Sus “Islas de cemento” (Origami, 2015) golpean fuerte y aturden, en una mezcla confusa entre desesperación y placer sublime. Havalina demuestran, una vez más, que su propuesta convence y conmueve.

Manuel Cabezalí (guitarra), Javier Couceiro (batería) y la nueva incorporación, Jaime Olmedo (bajo), no engañáis a nadie, vuestro sonido es el que es y sabéis que no es accesible a todos los públicos.
Tenemos una sensibilidad con respecto a la música muy especial, muy nuestra. Intentamos acercar esa manera de sentirla a aquellos que la perciben como nosotros. El resto, no nos interesa. Nunca hemos sido una banda preocupada por hacer hits y, en cuanto a fieles, la verdad es que preferimos calidad que cantidad. Obviamente, los miembros de Havalina nos podemos permitir esa libertad porque con el grupo no pagamos las facturas, el secreto es que no vivimos de ello, por eso nuestra propuesta es tan sincera. Seguramente, si fuéramos una banda para la masa perderíamos parte de nuestra personalidad. Al final, Havalina es el resultado de un amor absoluto e irracional hacia la música.

Imagino que esa fuerte personalidad que desprendéis, tanto en actitud como en sonido, ha sido fruto de una madurez, una evolución a lo largo de todos estos años de vida del grupo.
Cuando empezamos no teníamos ni idea de dónde íbamos a ir, éramos más jóvenes y la juventud te hace tener muchas inseguridades. Somos más felices ahora que cuando teníamos 25 años, eso seguro. Hace diez años, a nivel estético, no sabíamos cómo íbamos a sonar ni qué íbamos a hacer. Posiblemente, hemos aprendido a no crearnos grandes horizontes, hemos visto a muchas bandas hundirse por culpa de grandes expectativas y eso, mata la libertad.

Precisamente, Islas de Cemento, habla del paso del tiempo, de los recuerdos, de madurar y de tener que dejar la música…

Sí, pero a nosotros el paso del tiempo no nos abruma. Islas de Cemento son las miserias y alegrías de cada uno. Nosotros estamos en un momento en el que hacemos lo que queremos hacer sin condicionantes externos, cosa que no te pasa cuando eres joven y, si algo tenemos claro es que la música siempre estará en nosotros, de alguna u otra manera, porque, al final, nos dedicamos a esto porque vivimos de todo lo sensible, sea bueno o malo, de todo lo que nos hace vibrar, sea belleza o sufrimiento. Aunque está claro que cada uno, en el disco, encontrará lo que quiera encontrar. A nosotros, la música nos provoca estar concentrados en todo y en nada, eres capaz de desvincularte completamente de tu día a día, de tus preocupaciones.

Desde luego las atmósferas y las letras siguen estando en la línea de inquietud y rara calma a la que nos tenéis acostumbrados.
Es un disco global, el orden está muy pensado para crear precisamente esas sensaciones en quién lo escucha. Con respecto a las letras, 6 de las 11 pistas están compuestas por JJ Cabezalí (hermano de Manuel) y sí, tiene una manera de componer que pone los pelos de punta. Las letras del álbum admiten miles de interpretaciones y, la de cada uno, cuando escuche el disco, es la que vale. No están compuestas para ver qué siente el que las compone, sino que cada uno se lo lleva a su terreno, a su experiencia y la haga suya. Eso es lo bonito de un disco: una vez que lo publicas ya no te pertenece.

Siendo completamente fieles a vuestro sello de identidad, este álbum tiene algún que otro juego formal…

Era un disco en el que queríamos explorar y, sí, pueden apreciarse juegos en pasajes de guitarra que hacen que suenen, quizá, menos precisos de lo que acostumbran a ser. Cuando aparecen teclados y sintetizadores, tienen más protagonismo que en anteriores trabajos. Y luego están los alaridos de Manuel en temas como “Dónde”, que ha sido una excentricidad muy divertida, la verdad. El disco es muy ecléctico, viaja por varios sitios y, desde luego, ha sido el trabajo orgánico de un montón de gente con talento: JJ Cabezalí, Dani Ritcher en la grabación, Elba Fernández; la ilustradora de portada, Iris Benegas con las fotos de promo… y decenas de personas que han aportado muy buenas ideas.

¿Cómo os estáis haciendo a la incorporación de un nuevo miembro y a la salida de Ignacio (anterior bajo)?

Jaime ya ha estado con nosotros en varios directos sustituyendo a Ignacio, pero sí que es verdad que nunca habíamos hecho con él esa labor de composición de un disco. Nuestra forma de trabajar nos ha ayudado bastante: primero; improvisando en el local de ensayo con las aportaciones de todos ; después, estudiando cada pasaje y modificando o seleccionando lo que más nos ha gustado; por último, grabando los desarrollos en el estudio con todo muy bien pensado y programado. En este sentido, Jaime ha aportado un montón de matices nuevos como la línea de bajos de “Un reloj de pulsera con la esfera rota”, que es nos parece brutal. Por otra parte, Ignacio ha estado muy presente en la grabación, ayudándonos a redondear las letras o con los teclados.

¿Hacéis mucho caso a las críticas?

Sinceramente, no. No nos preocupan. Y creemos que una buena crítica puede ser igual de nefasta que una mala. A nosotros lo que nos interesa es grabar el disco y defenderlo en directo.