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Imaginarse a unos primerizos Niños Mutantes a comienzos de los noventa, temblorosos en un bar ante la presencia de Lagartija Nick. Que se les acerque Antonio Arias, admita haberles escuchado a hurtadillas en el local y, de seguido, les proponga ser el productor de su primera maqueta. Estupefacción adolescente en las caras de quien más de dos décadas después puede presumir de una de las carreras más solidas e interesantes del panorama nacional.

La colección “Mis documentos” de Ediciones Chelsea sigue aumentando, y con ella este tipo de brillantes anécdotas, habitualmente fuera del alcance de los seguidores y amantes del pop-rock español. Sin ser libros demasiado ambiciosos, sino extractos de entrevistas, textos inéditos que nunca vieron la luz o artículos escritos para la ocasión, la editorial especializada en música dirigida por Álex Cooper está logrando cubrir un hueco fundamental y bastante desatendido en la historia reciente de nuestra música. Todo ello a través de una presentación impoluta, aunque eso estaba cantado con el leonés en la ecuación.

Como en anteriores ocasiones, esta nueva serie de publicaciones marcan la diferencia al ofrecer el punto de vista personal de sus protagonistas, sin excesivo filtro ni la figura del periodista de por medio. Nani Castañeda, batería y fundador de Niños Mutantes, firma el que ya es el úndecimo capítulo de una colección que también estrena referencias a cargo de músicos como Jaime G. Soriano -líder de Sexy Sadie, ahora en solitario como Sr. Nadie- o Isa Fernández –Aries, antes en Charades o Electrobikinis-.

En su libro, el músico confirma lo que su círculo cercano ya sabía y algunos nos imaginábamos gracias a sus contundentes textos en redes sociales: no ser un tipo nada común en el mundo de la música. Aunque no es la del andaluz una rareza desanconsejable, sino todo lo contrario. Deslumbrado como muchos otros en su adolescencia por los sonidos de bandas como Pixies, The Velvet Underground o The Beach Boys (pero sobre todo, como comprobará el que se acerque a este libro, por el de los Pixies), el batería desarrollaba también un interés por las Ciencias Sociales que en la actualidad difunde a través de un blog personal, titulado “Te cuento la Historia”. En “Mutante, por la gracia de Dios” no se esconden ninguna de sus filias, más bien se acentúan, contraponiéndose a modo de ejemplo un artículo sobre la eclosión de Los Planetas y su “Super 8” con un ensayo en el que traza paralelismos entre la Antigua Grecia y la actual en su encendida defensa de la democracia (bien entendida).

Dicho lo cual, no resulta de ningún modo una lectura complicada, obviamente sí heterogénea y ante todo ideal para conocer las distintas partes que dan forma a su personalidad. En ese sentido destaca sobremanera el sentido de pertenencia y la estima por la escena de Granada, relatada a partir de varios frentes. Desde la confrontación 091 Vs. Lagartija Nick, los bares de referencia y su legado o, lo que todos conocemos, la infinidad de banda surgidas de la zona en todos los estilos imaginables: de Eskorzo a Lori Meyers, El Puchero del Hortelano o Los Planetas. En el libro coexisten diferentes capítulos referentes a la historia de Niños Mutantes, todos ellos marcados por un sentido agradecimiento a los implicados, apabullado quizá el autor por el hecho de hablar en nombre de una banda de cuatro y en la que otros han jugado papeles decisivos a lo largo de su trayectoria, todos aquí descritos con mimo.

Es por tanto lectura obligatoria para los seguidores del grupo, pero altamente recomendable para cualquier interesado/a en el desarrollo de esa escena llamada indie, así como en las bondades de una ciudad como Granada, epicentro musical del que aún queda mucho por contar.

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