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Difícil disyuntiva la de Björk a la altura de su noveno álbum: ¿volver sobre sus pasos para retomar la direccionalidad que su discurso de ruptura sentimental requiere, aunque eso suponga que la regresión asome por vez primera en una carrera marcada por la permanente evolución? ¿O seguir ahondando en la creciente abstracción de su mensaje, licuado y destensado bajo la apabullante hojarasca promocional que enmarcó su último trabajo (apps, exposiciones, ambiciosas cosmogonías)? Por de pronto, la filtración de sus nuevas canciones a través de la red le ha obligado a esquivar la sincronía de su lanzamiento con su próxima exposición en el MoMA neoyorquino y la edición del libro “Björk: Archives”, ambos previstos para marzo, lo que redundará en una tasación estrictamente musical de las virtudes “Vulnicura”, ya libre de toda arboleda que nuble la visión del bosque.

También a bote pronto, la conjunción de suntuosos arreglos de cuerda y la tectónica orquestación de beats electrónicos provistos por Arca (patente en los últimos discos de Kanye West o FKA twigs), en connivencia con The Haxan Cloak, remite sin ambages al añorado “Homogenic” (98). Y en menor medida, a algunos momentos puntales de “Vespertine” (01). De ahí la sombra del retroceso. Aunque en esta ocasión quepa alegar que sus canciones transpiran con oxigenada naturalidad. Sin que la metralla sónica que las envuelve las ahogue, como era el caso en “Biophilia” (11) o “Volta” (07).

Las prisas, en todo caso, son el principal enemigo a la hora de calibrar una colección de canciones de digestión lenta. De sedimentación a largo plazo, marcadas por los textos más terrenales, directos y sinceros que ha despachado en más de una década, trasunto de su ruptura con Matthew Barney, temporalmente secuenciada de forma cronológica en el via crucis emocional que nos propone. Pero en el empeño está el disfrute. En el trayecto (y no en el destino final, inalcanzable por su orfandad de conclusiones en forma de estribillos memorables desde hace más de una década) reside el rédito que oferta tan intransferible periplo. Más fértil ahora, menos cerebral y más arrebatado de lo que solía últimamente. Seguramente no roce el cielo de su clímax creativo, pero lo divisa con entereza.

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  • Anónimo

    "En el trayecto (y no en el destino final, inalcanzable por su orfandad de conclusiones en forma de estribillos memorables desde hace más de una década) reside el rédito que oferta tan intransferible periplo. " A ver cuando aprendéis los críticos que lo importante es el disco, no el escriba

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