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No es lo mismo publicar un segundo álbum a secas que vivir la ruptura de tu grupo mientras que una parte del mundo te reivindica por algo que te das cuenta de que no eres, decidirte a volver por el veneno del directo, plantarte sobre un escenario y que las cosas no funcionen del todo, replantear tus objetivos, y entonces, solo entonces, grabar la continuación de lo que hiciste cuando eras diez años más joven.

Que quede claro que a pesar de que este sea el segundo álbum oficial de DFA1979, sobre todo es el resultado de la maduración y la recuperación del respeto mutuo de un dúo al que una vez se le dio muy bien hacer un ruido cercano al hardcore, y que ahora, en vez de vomitar con urgencia, ha terminado por primera vez un disco sabiendo qué quieren ser y qué no.

Con batería, bajo-a-todo-trapo, voz y nada más, plantean un hard-rock que no quieren empaquetar como punk. No son un dúo de baile, ni de electrónica, ni de post-punk. Hablando sobre las nuevas canciones citan a Sonic Youth, Bruce Springsteen, Iron Maiden y AC/DC, aunque estos dos últimos nombres, más efectistas que otra cosa, se podrían sustituir por Josh Homme (Queens Of The Stone Age, etc.) con mucho más acierto. ¿Nos deja esa ecuación a un grupo más gris? Sí y no. Las rarunadas matemáticas y bestiales con las que te abofeteaban, ahora son matices, afinaciones y sorpresas escondidas. Antes gritaban y ahora saben lo que quieren decir. Hacen crítica social que parte de mirarse al espejo porque ya han conseguido reconocer la forma que quieren que tenga el grupo. ¿Aún se pueden bailar? Sin duda, pero en una pista distinta, con los ojos mucho más abiertos y sabiendo cada paso que se da. Naturalmente esto no asegura nuevas sorpresas como las que había en el primer disco, pero han pasado diez años, no veinte ni cuarenta, no nos pasemos. DFA1979 es ahora un grupo autoconsciente y seguro de sí mismo que disfruta tratando de cobijarse en el hueco que hay entre Homme y Jack White y eso significa que van dirigidos a un público diferente. Por eso, una vez que se supera la relativa desilusión de saber que ellos han cumplido los mismos años que nosotros desde “You’re A Woman, I’m A Machine”, “The Physical World” funciona como un muy digno producto clásico parido por una pareja para la que Sonic Youth son tan “ancestrales” como The Dictators.

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