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Noel Gallagher va siendo perro viejo en el negocio de la música, además de bastante más inteligente de lo que a veces su enorme bocaza podría sugerir. De este modo, el británico retoma algunas exitosas jugadas ejecutadas a lo largo su propia trayectoria para, aprovechando un momento especialmente inspirado, firmar (sin asumir demasiados riesgos) el que sin duda es su mejor trabajo liderando a High Flying Birds. Tal y como ya hiciese con “Fucking In The Bushes” en el menor “Standing On The Shoulder Of Giants” (00), el tercer disco del autor al margen de Oasis se abre con una imponente pieza casi instrumental como es “Fort Knox”. Una apuesta en la que tanto el rock psicodélico como los pespuntes electrónicos suponen inequívoca declaración de intenciones acerca del aspecto global del álbum.

Con el oyente ya alerta e inmediatamente después llega el turno de esa joya irresistible y con tintes de clásico que es “Holy Mountain”, a medio camino entre el sonido surf y los Ramones más pop. El mancuniano dio a conocer el single sólo un par de días después de que su hermano Liam publicase “As You Were” (17), su (más que notable) debut en solitario, logrando así aún mayor repercusión mediática y demostrando que también sabe cómo jugar esa baza (si en su momento la guerra fue contra Blur, ahora ésta apunta a fraticida). Noel Gallagher también tira de experiencia -en este caso de la adquirida gracias a las colaboraciones con The Chemical Brothers en los noventa- para fundir electrónica con guitarras y convertir a “It’s A Beautiful World” es otra de las destacadas, después de recordar a aquel “Let Forever Be” incluido en el elepé “Surrender” (99) del dúo de Manchester.

“Keep On Reaching” es una canción de rock ‘n’ roll clásico, bien adornada con ese tipo vientos tan del gusto del autor a la hora de buscar la tonalidad épica, mientras que “She Taught Me How To Fly” también huele a himno instantáneo con un estribillo (y un cambio de ritmo) tan arrasador como en los mejores tiempos de Oasis. Por su parte, la sugerente “Be Careful What You Wish For” reduce la velocidad y marca el punto de inflexión en pleno ecuador de la entrega, imponiéndose como el habitual medio tiempo que tan bien se le da al mancuniano. “If Love Is The Law” presenta claras influencias de Ray Davies, y “Black & White Sunshine” y la grandilocuente “The Man Who Built The Moon” (que remite a “The Masterplan”) bien hubiesen podido ser valiosas cara B de Oasis, incluidas para acompañar a alguno de los singles extraídos de entre los tres primeros discos del grupo.

Dos añadidos aparecen en las ediciones especiales del disco. Por un lado “Dead In The Water”, preciosa pieza acústica y melancólica que rememora gemas del músico como “Talk Tonight” o “Sad Song”, y por el otro la más anecdótica “God Help Us All”, que prueba que la sombra de Paul Weller continúa siendo alargada. De algún modo, en “Who Built The Moon” el autor se homenajea a sí mismo y lo hace por todo lo alto: despachando influencias personales en una colección de canciones valiosas y tan convincentes como inmediatas. Hace tiempo que desparecieron los argumentos para no incluir a Noel Gallagher entre los grandes compositores generacionales del país, pero el vocalista vuelve a desafiar orgulloso a detractores con la presente referencia, rallando a gran nivel y dejando al menos tres o cuatro temas monumentales y valiosamente atemporales.

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