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El regreso de una banda de la categoría y prestigio de Los Fabulosos Cadillacs es una noticia que por si sola merece toda la atención del mundo. Y máxime cuando son diecisiete los años transcurridos desde la última colección de canciones inéditas de los argentinos. Solo pensar en la posibilidad de tenerlos de nuevo por nuestros escenarios, me produce un vértigo y una ilusión comparable tan solo a un hipotético retorno de un grupo mítico como Mano Negra o la reunión que en 2014 protagonizaron los Maldita Vecindad para celebrar su 30 años de trayectoria. Sin embargo, había algo de miedo o mejor dicho recelo, cuando me enteré que el disco de retorno iba a ser una opera-rock con todo lo que eso entraña de riesgo.

Un disco conceptual que cuenta la historia de dos hermanos que viven con su taciturno padre en un faro costero, que fue ideada por el cantante y guitarra Flavio Cianciarulo y realizada con la colaboración del escritor mexicano Adolfo Vergara Trujillo. Un relato corto que no juega precisamente a favor del excelente trabajo instrumental de la banda. Y no lo hace porque la historia que cuenta tampoco deslumbra, siendo bastante anodina a no ser que exista una metáfora interna que se me escape. El caso es que una vez asimilado con cierto pesar el hecho de que el disco puede acabar cansando, al poseer las canciones ese hilo conductor que una vez conocido es rápidamente superado por obvio, no es menos cierto que existen momentos en el que los Cadillacs demuestran una madurez y elegancia por la que ya vale la pena ponerse a escuchar. Sobre todo cuando se dejan llevar por temas más movidos en el que despliegan sin ambages su sonido más característico. Canciones como “La Tormenta” con ese guiño a “Mal Bicho” o el groove latino oscuro y sinuoso de la excelente “Averno, El Fantasma”. Temas que contrastan con el sinfonismo a lo Pink Floyd de canciones como “El Impacto” o ese homenaje al “The Wall” que es “El Profesor Galindez”. Claro que, si tenemos en cuenta que hablamos de una ópera-rock en el sentido más clásico del término, era de recibo que la gran obra de Roger Waters apareciera como influencia.

No voy a tachar de lástima la oportunidad perdida de volver a enfrentarnos a temas originales de una de las bandas más influyentes dentro del universo de los sonidos latinos y el mestizaje, pero no voy a negar que hubiera preferido un disco sin coartadas argumentases, que desplegara toda la profesionalidad y pericia de la que son capaces estos pioneros del latin-groove y el ska-pop más poderoso que ha parido madre en el planeta música. Esperemos que las actuaciones en directo compensen esa ligera sensación de desencanto.

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