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El debut en solitario del líder de Whiskeytown Ryan Adams (por favor, no confundir con Bryan Adams) ha sido la gran sorpresa de este año en cuanto a neo-country se refiere. Adams posee un registro de voz peculiar que consigue que unas canciones oídas mil veces seduzcan extrañamente. “To Be Young (Is To Be Sad, Is To Be High)” es puro Dylan ácido y eléctrico del “Highway 61”, “Oh My Sweet Carolina” (con Emmylou Harris) es auténtico Gram Parsons y “Bartering Lines” es el Neil Young de “Harvest”.

El debut en solitario del líder de Whiskeytown Ryan Adams (por favor, no confundir con Bryan Adams) ha sido la gran sorpresa de este año en cuanto a neo-country se refiere. Adams posee un registro de voz peculiar que consigue que unas canciones oídas mil veces seduzcan extrañamente. “To Be Young (Is To Be Sad, Is To Be High)” es puro Dylan ácido y eléctrico del “Highway 61”, “Oh My Sweet Carolina” (con Emmylou Harris) es auténtico Gram Parsons y “Bartering Lines” es el Neil Young de “Harvest”. Sin embargo, Ryan Adams sabe citar sin copiar y su singularidad como artista prevalece durante toda la escucha. Es quizás en temas como “My Winding Wheel” o “Call Me On Your Way Back Home” donde aflora más distintamente su personalidad, temas en que -oh, casualidad- su timbre de voz recuerda a otra de las sorpresas folk de la temporada: el británico David Gray. Adams, despojado de Whiskeytown (aunque se espera gira y disco de la banda de Raleigh para el 2001) se revela como un compositor de gran calado lírico e instrumental. ¿Cómo un producto tan clásico puede sonar al mismo tiempo tan cercano? Pura magia que sólo contados personajes como Ryan Adams saben obrar.

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