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Año 2018. Han pasado treina años desde la formación de una de las más importantes bandas de metal en su forma más experimental e industrial y Godflesh, esa destructiva y perfecta máquina formada por Justin K. Broadrick y G.C Green, sigue más viva que nunca. Es incuestionable la enorme influencia que han tenido en la escena metalera underground (y no tan underground), explorando la relación hombre-máquina como pocos y aunando a la perfección los sonidos fríos y machacones de sus máquinas con la visceralidad de unas salvajes guitarras; discos como “Streetcleaner” o “Puré” son obras maestras que diseñaron y sentaron las bases del metal industrial y también marcarían la senda de géneros como el post-metal.

A pesar de que su maquinaria se quedó en stand-by durante la mayor parte de los años 2000, a partir del 2010 se reactivarían para empezar a dar conciertos de manera esporádica en festivales como el Roadburn donde tocaron íntegro el seminal “Streetcleaner”; algo que seguramente los motivó para que el engranaje de la composición volviera a funcionar. Y así en 2014 Godflesh reapareció con una obra de título incendiario, “A World Lit Only By Fire, que recuperaba la abrasión y agresividad de sus primeros discos, demostrando que su contundencia seguía intacta. En estos tres años que han pasado desde su regreso discográfico, Broadrick ha estado más activo que nunca, sacando disco colaborativo de Jesu con Sun Kil Moon y desarrollando su proyecto JK Flesh, orientado totalmente hacia una electrónica ruidosa y de corte techno. Ambos factores fundamentales para entender el sonido que nos encontramos en la nueva obra de Godflesh, “Post Self”.

Si “A World Lit Only By Fire suponía una vuelta al sonido más primitivo de “Streetcleaner”, “Post Self” recupera su cara más experimental, esa cara que mostraron al mundo con su disco de 1999, “Us And Them”. El aplastante bajo de Green sigue siendo parte fundamental de un sonido que esta vez se apoya más en las opresivas e industriales bases que salen de la cabeza de un inspirado Broadrick. Los guitarrazos y la gutural voz de Justin siguen, por supuesto, “Post Self “o “No Body” son claros ejemplos de ello, sin embargo las reminiscencias a Jesu aparecen en temas como “The Cyclic End” o “The Infinite End”; pero es en cortes como “Be God” donde Godflesh penetra de forma violenta en nuestra cabeza con asfixiantes texturas y ambientes malsanos, alcanzando los mejores momentos de una obra que transmite desasosiego y oscuridad a partes iguales. Imaginemos un futuro distópico donde la humanidad esté totalmente sometida y dominada por las máquinas. Así suena “Post Self”.

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