Nada hacía preveer que aquel joven irreverente que a primeros de los noventa destrozaba a conciencia el country-rock junto a Jay Farrar en Uncle Tupelo, iba a conseguir volar tan alto más de dos décadas después. Máxime cuando los que como un servidor todavía arrastran cierto complejo proletario, no podíamos dejar de escuchar en nuestra cabeza la famosa frase de John Lennon cuando en el Teatro Prince Of Walles y en presencia de la Reina dijo aquello de: “Los que están sentados en las localidades baratas pueden aplaudir, los demás basta con que agiten sus joyas”.

Y es que aunque uno parta de la base de que el rock pertenece a las oscuras cavernas de las salas, porque es en esa pulsión primitiva donde reside su esencia, no puede dejar de entregarse a lo obvio. Y sí, ayer Wilco ofrecieron el que es sin duda el mejor concierto de todos los que han realizado en sus visitas a nuestra querida Barcelona. Y, curiosidades de la vida, lo hacía en el Gran Tetare Liceo impregnando a los sagrados muros de la lírica una clase tan apabullante que por momentos te obligaba a pellizcarte para cerciorarte que sí, que aquella precisión, ese empaque, esa bola de sonido precisa y envolvente era cierta y estaba pasando delante de tus alucinados ojos.

Una banda que a base de girar y de tocar juntos sin parar, ha logrado que incluso las canciones más endebles de sus últimos trabajos, suenen a gloria. Temas como “Art Of Almost” o “I MIght” se transforman en directo y permanecen a la altura de tesoros como “Misunderstood” o “Sunken Treasure”. Eso por no hablar del celebrado solo de guitarra de Nels Cline en “Impossible Germany” que se ha convertido en un momento esperado y clásico en el que, al finalizar, la platea se pone de pie rendida, para aplaudir la apabullante demostración de técnica a las seis cuerdas.

Y para redondear semejante desparrame nada mejor que dejar la batería de clásicos para un doble bis en el que cayeron joyas como “I Am Trying to Break Your Heart”, “Box Full Of Letters” de su primer álbum, “Jesus, Etc.” o “I’m the Man Who Loves You”, para finalizar con la gamberra “Hoodoo Voodoo” en la que se sueltan la melena a la hora de doblar las guitarras para lucimiento de toda la banda, roadie descamisado con cencerro incluido.

Puede que sus últimos trabajo no estén a la altura de clásicos del género como “Being There”, “Summerteeth” o “Yankee Hotel Foxtrot”, pero de lo que no cabe duda, es que la banda de Chicago ha logrado un directo que hace palidecer sobre el escenario a propuestas como las de Fleet Foxes, Band Of Horses, Bright Eyes o incluso sus amigos y más coetáneos The Jayhawks.