Con Tortoise el planteamiento es ver cómo hacen en directo para superar esa mezcla de intensa frialdad y retorcida potencia que destilan sus ya míticos discos. La banda de Chicago lideró el festival Próximos Santa Cruz. Cinco hombres serios con ese aspecto de profesores universitarios del montón; camisas a cuadros y pancitas. Serios como ellos solos. Pero llega el cuarto mega-tema del set y dicen: “Venga, que se baje todo el mundo aquí y déjense de hostias”. La gente abandona las butacas e invade el frontal del escenario. Las azafatas del recinto entran en pánico en su intento de que se respeten esas absurdas normas de que, en la era de Instagram, te prohíban hacer fotos con el móvil o con todo lo que parezca una cámara. Ahora hay veinte mil primerísimos planos de Tortoise en el Auditorio en todas las redes del mundo. Otro efecto curioso: el público en la frontal absorbe el sonido de la línea de subgraves y la acústica mejora de manera considerable para los que permanecen en sus asientos.
El movimiento de público quitó el lastre de la seriedad y remarcó algo que ya se paladeó en el arranque del concierto: el hieratismo de los integrantes de Tortoise no tiene nada que ver con su ejecutoria musica: todo a pelo y en vivo, nada pregrabado, la sublimación de la idea del multrinstrumentista y los temas, similares a los registros en disco en su mayoría, pero con ese aire y respiración que da el directo. Tortoise refuerza la potencia percusiva en vivo, donde se paladea la sensación de que sus temas parten de estudios y deconstrucciones intensas de ciertos patrones rítmicos, desde los rockeros más típicos a la samba o al reggae vía dub. Las piezas a dos baterías son las que hacen mover el cotarro, en un ejercicio donde curiosamente los tambores se erigen como elemento central. Todo ello en un ambiente entre fronterizo y de banda sonora que flotó en toda la noche.
Un recital breve, de apenas hora y veinte, pero suficiente para destacar la maestría de un grupo al que el tiempo coloca en un pedestal importante (es fácil ver su influencia directa en bandas deconstruidas actuales que se alejan del tópico bajo-guitarra-batería) y que demuestra que la calidad técnica siempre debe ser el punto de partida para todo intento de experimentación. Al final, antes de arrancar con el segundo y último de los bises, un error en el inicio del tema del entonces vibrafonista (antes batería y también teclados) despertó las carcajadas del resto de la banda. Es lógico: en una banda donde la perfección es la norma, el fallo se premia con risas.