“Misterios de la canción ligera” (Limbo Starr, 17) es un disco extraño. Se le podría llamar de transición: canciones ya paridas que, ante la espera del nuevo trabajo de Tachenko, los maños han grabado más reposadas, para formatos íntimos. Y el Teatro Lara lo es. Sebas y Sergio aparecen solos, en formato dúo, a pesar de que se atisban batería, bajo y guitarras eléctricas, esparcidos por el escenario. De inicio, “Pulseras”, “Mundo apache” y “Armagedón”, una de las dos canciones inéditas del último elepé, con teclado y guitarra española para afrontar con sosiego los primeros acordes.

Inmersos en el manoseado tópico que dice que si una canción es buena, da igual que se defienda sólo con acústica, Sebas se puso a los mandos en “Hacia el huracán”. Todo empezaba a coger forma. “Vámonos” o la italiana “Nuestra especialidad”, el otro nuevo tema de Tachenko, aportan calma, tan necesaria para que Sebas, después, se rinda a su compañero Sergio y al inolvidable Sergio Algora y se atreva a homenajear a El Niño Gusano con la premonitoria “Lourdes”.

La noche no podía acabar en lágrimas. Había que subir el ánimo como fuera: “Amable” sufrió un inesperado y elegante cambio de formato a mitad de canción, convirtiendo a la dupla en toda una banda de rock. Desde ese momento, ni una concesión hicieron los zaragozanos al intimismo anterior. “La resistencia” daba paso a la, posiblemente, canción más canalla de Tachenko: «Queremos dedicar “Levántate” al Atlético de Madrid». Qué ‘majicos’, parafraseando a Vinadé, que son estos muchachos.

En los previos de la despedida, con más de media platea levantada ya para bailar, y la otra media preparándose para ello, la fuerza sexy de “Suerte y relámpago” se deja llevar por “Más madera”, con “Escapatoria” señalando la puerta de salida. Antes, que no se quede nadie sentado: “Dame una pista” despide una noche, que nos trajo a unos Tachenko, por momentos, también mágicos.