Teatro Central de Sevilla, origen de decenas de buenos momentos musicales para el que suscribe, y entrar con la sensación de que hoy sería todo distinto a lo que hubiera visto con anterioridad.
Sir Richard Bishop nos hizo de ligero edulcorante, presentándose a solas con su acústica y demostrando su virtuosismo a través del cual discurrió la medía hora de viaje a su Intermezzo (2012, Ideologic Organ).

Y tras ello llegó la tormenta, barreras de amplificadores, luz tenue y aparición de la banda al completo. Teniendo que esperar algún que otro minuto a que la música de ambiente desapareciera para comenzar con la distorsión -el Sur tiene estas cosas-.
Comenzó a sonar “To be Kind”, tema nuevo y no grabado en estudio, que empezó a poner en relieve los problemas de acople en el micro de Michael Gira, que se repitieron puntualmente en el concierto.

Primeros momentos de toma de contacto, cuando de repente, una masa sonora cubre todo el teatro, atronadora, estruendosa y oscura a partes iguales, como si pudiera percibirse que todo el habitáculo queda impregnado hasta el techo. Como toda experiencia nueva, ese primer momento queda grabado a fuego.
“Avatar” para continuar, con Thor Harris introduciendo el tema con campanas, haciendo que el climax se acercara a través de esa amalgama sonora que en un punto confluye en cíclica distorsión y en un envite a unos oídos que, a estas alturas, o sangran o disfrutan.
“She Love Us”, otra nueva grabación sin registrar, que se convirtió en un increscendo sin fisuras, lineal y directo acrecentando la batería y explotando los sentidos hasta decir basta, haciendo que la intensidad hiciera romper la correa al bajista y destrozar el soporte de uno de los platillos de Thor.
Con “Coward” hicieron la única concesión al pasado, con el estruendo de juntar al unísono dos baterías y ese bajo machacando gravemente a la audiencia, como una apisonadora, mientras la voz de Michael nos torpedeaba. 

Y todo para terminar con “The Seer” que nos tuvo durante mas de treinta minutos que resultaron maratonianos, con la conjunción de todos los instrumentos arrancando lentamente como una locomotora sónica que terminó en lo que podría parecer un descarrilamiento estudiado, y entre medias los saltos de Michael en cada rasguño salvaje a su guitarra, su lanzamiento de latas de cerveza al fondo del escenario y un corte seco, al silencio, a la vida, tras divagar por otros oscuros paisajes.
Saludos, vitores, y aclamaciones tras la tormenta, pero ya todos estaban lo suficientemente calados.