Todos acabamos muriendo dos veces: primero cuando se nos para el corazón, por segunda vez cuando nuestro recuerdo se olvida. Por eso los buenos poetas nunca mueren, por eso Morente, Cohen y Lorca son eternos y el disco que unió su arte hace 20 años, “Omega”, también lo es.

A muy pocos, solo a los más grandes cantaores, se les han dado bien todos los palos del flamenco. A Enrique el flamenco, con toda su enormidad, se le quedó pequeño. Cuando yo vendía discos, el maestro venía y nos pedía grupos del sello Ninja Tune de jazz electrónico, como The Herbaliser, porque le apasionaba experimentar. Ese espíritu aventurero e inconformista le llevó a encontrarse, por ejemplo, con Sonic Youth. Ese mismo impulso gestó “Omega”, una frontera que marcó un antes y un después en nuestra música, como en su momento también hizo “La leyenda del tiempo de Camarón”. Para celebrar su alumbramiento, Lagartija Nick, la banda granaína que a la par del maestro levantó esta obra, gira junto a sus hijos Estrella, Soleá y José Enrique.

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A Enrique se le recordó con muchísima emoción durante todo el concierto en La Riviera, y siempre en un ambiente de celebración. “Nos falta el jefe, pero se ha quedado una puerta enorme para que la música camine sin barreras” recordó Estrella antes de la actuación. Con un “Viva Madrid, que es la Corte” comenzó José Enrique la velada, ni más ni menos que con “El pastor bobo”. Sobre esta canción decía hace poco el bailaor Israel Galván que al cantarla “Enrique Morente rompió la dictadura férrea del compás y nos regaló con su música unas gafas de ver con más luces. Quien no tenga luces y no se quiera poner esas mismas gafas es un bobo”. Con su rostro de Chris Cornell del Albaicín, José remató su entrada con el Cohen más flamenco de “Sacerdotes”.

Los tres hermanos tienen una presencia magnética. A José Enrique le sucedió en el escenario Estrella para cantar a pecho descubierto “tú eres el diablo romera…”, y posteriormente surgió Soleá como un torbellino, visiblemente emocionada, para interpretar “Dormidos” de su disco con Los Evangelistas. Tras esta introducción aparecieron Lagartija Nick, junto a otros miembros de la familia Morente y Carbonell, y del clan que estuvo presente en la grabación de Omega, como el guitarrista Juan José Suárez ‘Paquete’. Juntos lanzaron el Poema para los muertos, y se cayeron las estatuas al abrirse la gran puerta.

El concierto mantuvo de principio a fin la emoción y esa fue la clave de su éxito, porque ni se puede ni se debe comparar con el virtuosismo original de Enrique. Sus cachorros se entregaron, y en cada uno de ellos tenemos tres artistas con su propia personalidad y arte. Bendita sea la familia Morente. En “La aurora de Nueva York”, “Aleluya” y sobre todo “Manhattan” quizá estuvieron los momentos más sobresalientes de una noche que, ante todo, fue un agradecimiento sincero al recuerdo de un artista universal. Un agradecimiento voraz, porque como nos previene Antonio Arias de Lagartija Nick, “Al final, ‘Omega’ es como Saturno: nos va a devorar a todos”. Morente está muy vivo.

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