En ocasiones tengo la impresión que confundimos con demasiada facilidad lo correcto con lo excelso y acabamos por conformarnos con más bien poco. Y espero que semejante frase de inicio no se malinterprete, porque el concierto que ofreció ayer noche Sharon Van Etten en la sala El Foyer del Liceo de Barcelona no fue mediocre, y además, vista la reacción de la platea, cumplió con las expectativas que el público tenía depositadas en la intérprete estadounidense. Lo que sucede, y en eso me temo que los medios tenemos nuestra parte de culpa, es que la dimensión de la menuda artista está exagerada. Y más si tenemos en cuenta la repercusión que ha tenido gracias a sus dos visitas consecutivas a escenarios de peso del festival Primavera Sound. Un baño de multitudes que puede resultar incluso negativo para su carrera, si lo que desea es ser corredora de fondo y no conformarse con la efímera gloria de la nueva temporada primavera-verano.

Todo esto viene a cuento porque no cabe duda que Sharon Van Etten tiene unas cualidades vocales extraordinarias. De hecho es ese bonito y cristalino timbre lo que mantiene fuertes los cimientos de su propuesta pero ¿resulta suficiente?. A mi tras lo vivido ayer en directo me parece que no. A su puesta en escena le falta fondo compositivo, las estructuras de sus temas son demasiado simples, y la ausencia de riesgo es tan clamorosa que casi podría ofrecernos el concierto un holograma perfecto y nadie notaría la diferencia. Solo hay que ver la actitud pasiva, metódica, sin una salida de tono de esa banda de autómatas que la acompaña para percatarse de ello. Y, sintiéndolo mucho, no puede ser que haya más vitalidad e ilusión en la fiesta de final de curso de un colegio, que la demostrada sobre el escenario por parte de una artista que aspira a trascender con su música. Lejos de lograrlo, esa sensación de ir a claqueta, de tenerlo todo tan atado, dota a su directo de una frialdad que aniquila cualquier atisbo de emoción.

Ya para finalizar, me había prometido no hacer mención de una grande como PJ Harvey en esta crónica para no hacer sangre. Y eso a pesar de que hay temas del repertorio de Sharon como “Taking Chances” o “Break Me” que me recuerdan a lo ofrecido en los últimos trabajos de la inglesa. Pero tengo claro que la comparación no sería justa. Mientras una ha demostrado su valía a la hora de asumir riesgos, la segunda todavía lo tiene todo por hacer. El problema es que existen en el universo artistas menos estratosféricas como Feist que sí han logrado alcanzar esa capacidad camaleónica para cambiar su discurso. Sin embargo en el caso de Sharon Van Etten casi me atrevería a predecir, sin miedo a equivocarme, cuál va a ser su siguiente paso a seguir, o al menos es la sensación que me deja esa puesta en escena tan dispuesta a tirar por el camino más fácil, el que menos curvas, texturas y sinsabores ofrece. Un mortal sin red solo destinado a las grandes que deja a Van Etten con mucho por demostrar todavía.