A Kelley Lynch casi tendríamos que agradecerle que haya sumido en la ruina a Cohen empujándole así a volver a la carretera en el otoño de su vida. Pasa el tiempo y el trovador de Montreal pasea “Old Ideas” por el mundo con 78 años y la sensación -otra vez, igual que hace cuatro- de que ésta vez puede ser la última. En ese sentido, sus palabras nada más arrancar el concierto y en una de sus pocas locuciones espontáneas apelando al público, resultaron especialmente emotivas: “No sé cuando volveremos a vernos pero lo que sí os puedo asegurar es que esta noche daremos todo lo que tenemos dentro”. Los años y cierta fatiga, se notaron en ese momento en el hilillo de voz, pero no a lo largo de cuatro horas de concierto -se dice pronto- en el que en su voz, su presencia escénica y hasta el brillo de los ojos, reconocimos al Cohen de siempre. Divino.

A pesar de que ese nuevo disco era la excusa para su presencia entre nosotros, “Old Ideas” no vertebró un concierto que a lo largo de treinta y tres temas se convirtió en un repaso a sus grandes éxitos y algún que otro capricho personal. Sólo cuatro de sus nuevas canciones en el setlist, todas ellas en la primera parte, antes del descanso. Confiado a una banda plurinacional -en la que detenta galones el guitarrista barcelonés Javier Mas y el joven violinista moldavo Alexandru Bublitchi– y que en esencia sigue siendo la misma que nos visitó en 2009, el show avanza sin artificios desde que “Dance Me To The End Of Love” comienza a sonar a eso de las 21:20. Apenas un divertido truco escénico, la voltereta de las dos coristas británicas, en el arranque con “The Future”, o la versión de “Bird On A Wire” arrimándose sorprendentemente al blues. Pocas veces el Palacio de los Deportes ha sonado tan prístino, y la sonorización perfecta y el virtuosismo de cada uno de los diez intérpretes sobre el escenario convierte en especialmente emocionantes los momentos álgidos de este primer tiempo, “Who By Fire” o “Sisters Of Mercy” que arrancaron las primeras ovaciones de la noche.

A la vuelta del descanso bajaron las luces y el escenario se hizo todavía un poco más espartano para que Cohen se presentase prácticamente solo interpretando al teclado una “Tower Of Song” que dio paso a “Suzanne”. Quien a estas alturas aún dudase del estado de forma en el que se presentaba el canadiense, encontró en este tramo del concierto respuesta a tanta desconfianza: agarrado a su guitarra, convirtiendo el sencillo fraseo de las seis cuerdas en el esqueleto sobre el que se sustentan canciones como ésta, “Night Comes On” o “The Guests”, “The Gypsy’s Wife” o “The Partisan. Cohen era más que nunca el astro sobre el que gravitaban unos músicos que coloreaban las canciones con matices casi imperceptibles, aportando pinceladas de música tradicional balcánica, española, folk británico, country o soul. Confirmada la excelencia, el setlist dio un bajón antes de afrontar la recta final, y un Cohen sombrero en mano cedió el protagonismo a sus coristas: las hermanas Webb llevando “Coming Back To You” a las aguas del british folk, y Sharon Robinson acercando “Alexadra Leaving” al soul. Era la inevitable desaceleración para afrontar un tour de force final con “Im Your Man”, “Hallelujah” y una exquisita versión de “Take This Walz”, con el público ya totalmente entregado, abandonando los asientos y avalanzándose al escenario para llenarlo de flores y ofrendas.

Ese podría haber sido el final de una noche memorable, pero sorprendentemente Cohen parece dispuesto a dejar a su público aún más exhausto de lo que él puede terminar tras varias horas de concierto. En Madrid ofreció la versión larga de su gira, a diferencia de Barcelona donde dos días antes “sólo” volvió a salir en dos ocasiones a escena. Y tras la locura desatada con “So Long, Marianne”, una “First We Take Manhattan” un tanto pachanguera y “Famous Blue Raincoat”, arrancó una curiosa conversación consigo mismo eligiendo para cerrar “Closing Time”, “I Tried To Leave You” (pero no le dejamos) y la versión de The Drifters “Save The Last Dance For Me”. Para bendecirnos desde el escenario en nuestro camino a casa y dejarnos con una duda que aún retumba en la cabeza de quienes ayer asistimos a esta auténtica demostración de facultades: ¿fue la de ayer de verdad nuestra última vez?