Havalina es uno de esos grupos que siempre han estado ahí, peleando como incansables corredores de fondo y manteniendo un estatus que sitúa su calidad fuera de toda duda. Un proyecto liderado ininterrumpidamente por Manuel Cabezalí, auténtico tótem de la música independiente española y en los últimos años productor esencial dentro de la escena patria. Un periplo que, a lo largo de quince años, también ha contado con numerosas paradas en la capital zamorana. Desde los lejanos tiempos en los que la formación todavía se hacía llamar Havalina Blu y firmaba inolvidables conciertos en la extinta Sala Berlin, hasta visitas más recientes (y no menos celebradas) ya sobre el escenario de La Cueva del Jazz en Vivo.

Buena relación, por tanto, entre los madrileños y el público local que, sin embargo, en esta ocasión –con el grupo presentando su reciente álbum “Muerdesombra” (Ernie, 17)– no respondió a la llamada de forma tan numerosa como en anteriores ocasiones. Quizá eso influyó a la hora de generar cierta frialdad ambiental que, tal y como suele ser habitual, terminó por extenderse también sobre las tablas. Havalina son sin duda una banda excepcional, sobre todo si atendemos a los parabienes de una ejecución que siempre resulta intachable. Una habilidad que sin embargo puede terminar convertida en arma de doble filo, ya que el trío sabe que puede salir airoso de cualquier situación, incluso dejándose llevar y aprovechando la relativa inercia que proporciona el piloto automático.

Y esa fue un poco la sensación que el grupo dejó durante su actuación del pasado viernes a orillas del Duero, después de que la intensidad de su post-punk en castellano (y temas como “Malditos mamíferos”, “Más velocidad” o “Abismoide”) comenzase impactando para después caer en una apatía algo reiterativa y que, por momentos, derivó en desconexión entre artista y audiencia. El grupo volvió a enchufarse y conectar en el tramo final de un concierto (gloriosa la interpretación de “El Estruendo”) que no debe calificarse negativamente, pero que sabemos que, sin duda, podría haber sido mejor. Lo hemos visto otras veces.