Existe en euskera una frase que resume a la perfección el presente Hatortxu Rock: “Hil arte bizi” (Vive hasta que mueras). Y es que mientras cualquier otro festival celebraría con inmensa alegría su vigésimo aniversario, el caso del Hatortxu Rock es distinto. Cada nueva edición significa que la política de dispersión de los presos vascos sigue vigente; igual que hace dieciocho años, cuando crearon este festival de apoyo y solidaridad.

Muy a su pesar, Hatortxu Rock sigue vivo, aunque, afortunadamente, la solidaridad está más fuerte que nunca. Para la vigésima edición los organizadores han hecho una demostración de fuerza, con 85 bandas divididas en cuatro días; siete de ellas reunidas expresamente para tocar en el festival. Y este titánico esfuerzo se ha llevado a cabo gracias al inestimable trabajo de más de 7.000 voluntarios. Se dice fácil.

Jueves 27 Julio

Hacia las 18:00 del jueves Sorkun se subió al escenario de la plaza de Lakuntza, y se encontró de frente con la procesión de asistentes que hacían su particular viacrucis desde el aparcamiento hasta la zona de acampada —un enorme pinar que proveía sombra—. Algunos de ellos ni repararon en la de Rentería, bastante tenían con llevar la carga. Los veteranos Leihotikan fueron los encargados de inaugurar el recinto principal: Beriain gunea. Muchos se conformaron con escuchar la conocida versión punk-rock de “Ikusi Mendizaleak” mientras montaban las tiendas de campaña. Los primeros acordes de Willis Drummond sirvieron para desperezar a un buen numero de ellos, que llegaron para escuchar la emotiva versión de “Gaztetasuna eta Zahartasuna” de Mikel Laboa. El cantautor donostiarra estuvo muy presente en el festival.

Los dos escenarios principales estaban pegados el uno al otro, lo que daba pie a situaciones curiosas, como ver a Xabi Solano de Esne Beltza escaquearse durante unos minutos de su prueba de sonido, para ver a los labortanos desde el borde del escenario. Willis Drummond es un grupo que nunca falla en directo, y se les notó especialmente entregados. “A ala B”, “Anai, Menperatzen dut”… fueron coreadas por el público. El vocalista Jurgi Ekiza tuvo palabras de recuerdo para los presos vascos y para los jóvenes de Altsasu; proclama que se repitió durante los cuatro días.

Esne Beltza sabían que jugaban en casa, ante un público que los adora. Solano y los suyos comenzaron fuerte, con “Bozgorailuetatik”, uno de sus hit más conocidos. Pusieron banda sonora a un precioso atardecer, y poco a poco se congregó una multitud que no paro de cantar, saltar y bailar. “Gogoak”, “Hona bostekoa”, “Eskuekin”, “Nork agintzen du” —con la voz pregrabada de la Mala Rodriguez—… causaron el delirio. Ramalazos de cumbia, de rumba, de rock… pero sin dejar de lado las raíces, como bien recordó Solano, previo a “Pasodoble”, pura trikitixa. Cerraron tal como empezaron, con “Bozgorailuetatik”, como recuerdo del décimo aniversario de la banda.

Soziedad Alkoholika esperaban pacientes en el escenario contiguo, para descargar su propuesta durante una hora. Ritmos pesados que contrastaron con la algarabía del grupo anterior. Los gasteiztarras tiraron por lo fácil, con un set-list en el que tuvieron protagonismo sus temas más conocidos, desde “Palomas y Buitres” a “Cuando nada vale nada”. Sonaron bien, con una base rítmica contundente y guitarras afiladas. Cerraron como acostumbran, con “Nos vimos en Berlín”.

Siguieron los ritmos duros con los andaluces Narco. Puede que el nu-metal y el rap-metal estén pasados de moda desde hace tiempo, pero, ¿acaso estábamos en un festival montado por Last Tour o Live Nation? Y, siendo sinceros: ¿quién piensa en modas cuando puedes pasártelo bien? Cortes como “La Hermandad de los Muertos” y “Tu Dios de Madera” provocaron brincos y empujones, dando seguida a los pogos creados por SA. Con temas así, se disfruta igual en el 2005 o en el 2017.

El metal dio paso al rock, con Porco Bravo en uno de los escenarios de la carpa. Los de Barakaldo han superado la muerte de su guitarrista, Asier Martínez Pulpo, y siguen adelante. Descargaron su efectivo rock&roll, y volvieron a demostrar que son un grupo de directo. A su indiscutible actitud se unió la retahíla habitual de acciones del vocalista que tanto sorprende a los que se desvirgan de sus conciertos. No faltó nada: el set-list grapado en el pecho, darle fuego, la bengala anal, la cabeza de jabalí, la tabla de surf entre el público… Puro espectáculo.

Def con Dos provocó otra vuelta al pasado en Delorean. Pero de la misma forma de que Narco convenció, el paso del tiempo ha hecho mayor mella en los madrileños. El mensaje en las letras de César Strawberry y los suyos sigue vigente, pero musicalmente ya no sorprenden ni convencen como antes. Parecían desganados, y su estilo desfasado tampoco ayudó, en lo que terminó por ser un concierto anodino y aburrido. Strombers y DJ Elepunto vs DJ Jotatxo cerraron el primer día.

Viernes 28 Julio

El calor, los megáfonos que empezaron a atronar a las 10:15 —hubo quien llegó a cortar los cables— y los excesos del día anterior hicieron que el viernes comenzase lento. Puede que eso explique que cuando Anari y su banda salieron al escenario de la plaza del pueblo, a eso de las 16:00, se encontrase con más gente sentada en el suelo y en la terraza del bar que de pie. Había más agua, cafés y refrescos que cervezas. Los mecedores ritmos de la azkotiarra hicieron más llevadero dar la vuelta al cuerpo.

Hatortxu Rock es más que música, con eventos que van desde salidas de montaña a charlas políticas. El monólogo del tuitero y humorista Facu Díaz produjo gran interés el viernes. Al igual que la entrevista que El Nega —Los Chikos del Maíz y Riot Propaganda— hizo a Arnaldo Otegi y la mesa redonda sobre el papel de las mujeres en la música, en el que participaron cinco mujeres: María Rivero, Josune Arakistain, Uxue Amonarriz, Zuriñe Hidalgo y Ane Bastida. Ambas dos, el sábado.

Los encargados de abrir la zona principal fueron Gatillazo, con el incombustible e inigualable Evaristo a las riendas. Bajo un sol justiciero, volvieron las cervezas a los vasos de los hombres y mujeres sin camiseta que se reunieron en buen número, a pesar de lo temprano de la hora. Los alaveses no dejaron títere con cabeza con sus agudas letras. Viéndolo encima del escenario, cualquiera diría que Evaristo tiene 57 años. Inquieto como siempre, no paró de moverse, gesticular y apelar al público. Centraron su actuación en la trayectoria post La Polla Records del de Agurain, pero también hubo espacio para viejas glorias como Txus, coreadas a pleno pulmón.

La tarde iba de punk. De la vieja escuela de Gatillazo a uno de sus alumnos más aventajados: Lendakaris Muertos. Los navarros salieron drogopropulsados, con ganas de marcha. Con letras aún más irreverentes —si cabe— que sus predecesores en el escenario, no pararon de provocar. Sí, Aitor se enfundó la camiseta de España para cantar “Gora España”, y sí, recibió una lluvia de silbidos y objetos. Las nubes de polvo levantadas en los pogos demostraban el disfrute del público. Maestro y alumno, Evaristo y Aitor, dieron inicio a un gran viernes de la mejor forma posible.

Ante un taciturno sol que no cejaba en el empeño de calentar Lakuntza, la carpa era la mejor solución. Allí, a la sombra, se congregó el público más joven, para disfrutar de la jovial mezcla de punk-rock y ska de Hesian. El contraste de voces de Zuriñe y Fran animaron el ambiente, en un concierto en el que no faltaron reivindicaciones políticas.

A lo que vino después se le podría llamar la Santa Trinidad: tres llenos absolutos para tres conciertos redondos. Se sabía que el concierto de Betagarri junto a Xavi Sarrià y Miquel Gironès de Obrint Pas iba a ser especial, puesto que la veterana banda de ska había anunciado hace poco que el del Hatortxu sería su último concierto. Punto y final a una trayectoria de dos décadas, convirtiéndose en uno de los padrinos del ska euskaldun que tantas bandas ha dado. Puede que el tirón de Betagarri haya ido disminuyendo con las nuevas generaciones, pero un concierto de despedida siempre es especial, y así lo atestiguaron los asistentes. Sonaron sus temas más conocidos, los que tantas veces han sonado en txosnas, bares y emisoras de radio. 40 minutos que pasaron volando, en el que hasta el más intransigente bailó a su son, tocando trompetas imaginarias con sus dedos. La sonrisa del público lo decía todo.

La presencia de Sarrià y Gironès no se iba a limitar a ser testimonial. Si Betagarri nos dicen agur, Obrint Pas llevan cuatro años de hiato indefinido. O llevaban. Puesto que los últimos veinte minutos de concierto fueron para los valencianos, con canciones como “La Flama” o “Som”, convirtiendo el fin de concierto en un karaoke enorme.

Llegaba otro de los platos fuertes del menú: Berri Txarrak. No cabía un alfiler cuando Gorka Urbizu apareció al escenario, solo, con su guitarra, para tocar “Min Hau”. Esa herida escrita por Peru Aranburu desde la cárcel, convertida en canción por los de Lekunberri. Piel de gallina, que continuó con “Gelaneuria”, ya con los tres encima de las tablas. Siguieron con “Denak ez du Balio”, en un comienzo atípico. La hora que duró su concierto se hizo corta, un vendaval sonoro que terminó con su himno “Oihu”, en el que el motivo de la letra retumbó durante minutos entre el público. Los navarros nunca fallan, y ofrecieron uno de los mejores conciertos del festival.

Quedaba la tercera pata de la trinidad. Si Berri Txarrak tiene la fiabilidad de un reloj suizo, lo mismo puede decirse de Gatibu. Pocos malos conciertos se les recuerda a los de Gernika. Alex Sardui es un animal escénico como pocos, arropado por unos compañeros que se mantienen en un segundo plano, pero que son tan importantes como el ex vocalista de Exkixu. Si a eso le sumas una colección de hits envidiable, la mezcla es explosiva. Mantener el nivel de Urbizu y los suyos era difícil, pero Gatibu cumplió con el cometido. Ofrecieron una actuación sobresaliente, en la que los asistentes no pararon de bailar al ritmo de sus acordes. Destacar que el concierto de Gatibu coincidió con el de Ehun Kilo, que llevaban dos décadas sin tocar.

El triunvirato pudo convertirse en póquer con Su Ta Gar, pero los de Eibar se quedaron a mitad de camino. Para empezar, la afluencia bajó considerablemente, con mucha gente en la carpa para escuchar a Glaukoma. A eso hay que sumarle problemas de sonido, por culpa de los cuales no se pudieron escuchar todo lo bien que se debiera los guitarrazos de Xabi Bastida y Aitor Gorosabel. El huracán que se presumía quedó en tormenta de verano. A pesar de todo, sonaron sus temas más conocidos, y el respetable los despidió entre aplausos.

Los congregados volvieron a separarse descompensádamente entre Talco y Governors, en el que la mayoría optó por el ska-punk de los italianos. En contrapartida, podía moverse con comodidad en la carpa durante el concierto de los de Arrasate. Ritmos contundentes de rock, sin grandes alardes, con ex miembros de grupos como Ekon y Fjord, en un concierto correcto.

El cansancio comenzaba a hacer mella cuando Josetxu Piperrak subió al escenario para tocar los temas más míticos de Piperrak. Mientras, los catalanes KOP, viejos conocidos del festival, ofrecieron uno de los conciertos más reivindicativos y políticos del fin de semana. Las letras de sus canciones de hardcore-punk son claramente políticas y sociales al igual que las proclamas de Juanra. Encendieron desde el escenario más de una bengala, mientras sonaban temas como “Sols el poble salva al poble”, “Desalojos son disturbios” o “Acció Directa”.

Dormir es de cobardes pensó más de uno, y la actuación de Lagrimas de Sangre fue aliciente más que suficiente para seguir al pie del cañón. LDS es una banda en auge, que cuenta con bastantes seguidores tanto en Cataluña como en Euskal Herria. A buen seguro que tiene bastantes más después de su paso por Hatortxu Rock. Su rap con tintes rock y reggae recuerda inevitablemente a Glaukoma, grandes amigos. No en vano, dos de los tolosarras subieron al escenario para cantar con ellos. Muchos de los asistentes conocían las letras combativas con odas al buenrollismo de LDS, y no pararon de mover los brazos a un lado y al otro.

Durante todo el viernes varios grupos fueron cambiando el apellido rock del Hatortxu, pero ninguno lo retorció tanto como Tremenda Jauría. Hatortxu Cumbia, Hatortxu Reggaeton… y todo Lakuntza a bailar, o a intentarlo, al menos. Un momento para eliminar prejuicios tan vigentes en pleno siglo XXI. Un momento para disfrutar. El pueblo que baila jamás morirá. Con mayor o menor destreza, Lakuntza se convirtió en una pista de baile. Tremenda Jauría es “reggaeton feminista desde el corazón de la bestia”, y sí, el reggaeton puede ser abiertamente antimachista, y se puede perrear y combatir a la vez. ¡Vaya que sí!

Sábado 29 Julio

Al sábado se le puede denominar como el día de las reuniones, con cinco bandas que bajaron a por tabaco en su día y que rompían su silencio para el festival. Con el cansancio acumulado martilleando cabeza y piernas, la gente deambuló durante el día entre duchas, camping, sombra, pueblo y río. Pero se desperezaron lo suficiente para llegar a ver a Juantxo Skalari & La Rude Band. Hace tiempo que el líder de los míticos Skalariak vive en Cataluña, y se presentó con nueva banda en el Hatortxu Rock. Nuevos nombres para una propuesta musical que difiere muy poco de su clásico sonido ska. De hecho, casi la totalidad de las canciones eran de los de Iruñea, aunque también hubo sitio para algún tema nuevo, como “Rudi not Dead”, single del futuro lanzamiento del grupo. A pesar del sol y del calor, un buen número de asistentes se arremolinó y bailó como mandan los cánones, levantando las rodillas: levantando las rodillas. Lo baila el skin, hasta se mueve el punk.

Kaotiko eran una incógnita después de que suspendiesen su concierto en La Puebla a la tercera canción, por problemas de voz de su vocalista. Se le notó un poco justo, y se apoyó bastante en el público, que conoce a la perfección los coreables estribillos de los de Agurain. A pesar de todo, el grupo cumplió su cometido, demostrando que hay Kaotiko para rato. Comenzaron con canciones más recientes, dejando las más conocidas para el final, justo cuando el sol dio algo de tregua.

Los ritmos bailables volvieron con Vendetta. Ska, rock, pachanga… hubo espacio para todo, desde la archiconocida “Begietara Begira” —autentica canción del verano hace unos años— hasta tema menos conocidos que deleitaron a los seguidores más acérrimos. Demostraron sus ganas de fiesta vaciando una botella de ron con la ayuda del público de las primeras filas.

La franja de 21:00 a 23:00 provocaba varios dilemas. Primero: tener que elegir entre la vuelta de Ekon o la de Kerobia, dos propuestas diferentes, pero igual de interesantes. Además, bajar hasta el pueblo a ver a los iruindarras significaba perderse a El Corazón del Sapo, mítica banda zaragozana de hardcore, que van ha vuelto para tocar unos pocos conciertos. A pesar de los inconvenientes, y tras escuchar los dos primeros temas de Ekon, optamos por Kerobia.

La primera sorpresa llegó nada más pisar la plaza: había un nuevo escenario, expresamente preparado para el concierto de Kerobia. Dos sillas altas tras dos micrófonos, los teclados y la batería nos esperaban. Hace unos años que desaparecieron sin hacer ruido y solo han vuelto en forma de Anticontinente, nuevo proyecto, tan parecido y tan distinto al mismo tiempo: como si fuesen unos Kerobia taimados, dóciles. Precisamente, la primera mitad del concierto recordó al nuevo proyecto: canciones de Kerobia tocadas en acústico, sentados. Buenas composiciones, pero a las que les faltaba algo intangible. Chispa. Energía. Afortunadamente, la situación no tardó en cambiar. Con los miembros de pie, resonaron los aplausos para la vuelta de Kerobia. Miraron al pasado, pero no fueron tragados por ninguna sombra. Al contrario, todo fue luz, con canciones íntimas y desgarradas. Para el recuerdo quedará “+”, con los miembros del grupo mezclados entre el público, cantando juntos. Un cierre espectacular para un concierto a todas luces irrepetible.

Al volver a la zona principal de conciertos, Des-Kontrol llevaba varios minutos sobre el escenario. La expectación por ver a los de Arrasate era grande, como se pudo comprobar en la afluencia de público, que optó mayoritariamente la propuesta oi! ante Zea Mays, a los que se puede ver cualquier otro día. Un mar de puños levantados corearon los estribillos de “Duintasunez eutsi”, “Burua hotz eta bihotza bero”, “Hipokrisiaren eta Faxismoaren aura” y demás canciones. Sus seguidores terminaron con un sabor agridulce: dulce, por lo vivido; agrio, por no poderlo volver a vivir. Por ahora.

Cuando Des-Kontrol terminó a Zea Mays aún les quedaban un par de canciones. Cerraron con “Kukutza III”, canción dedicada al mítico gaztetxe del barrio de Rekalde. Pasada la medianoche la carpa estaba a rebosar, y Los Zopilotes Txirriaos transportaron a todos y cada uno de los asistentes hasta México. Mariachi en vena mezclado con proclamas políticas y críticas a la industria musical. El frío del exterior contrastaba con el calor de la carpa, fruto de la música, los bailes y el gentío.

El Nega ya se había dejado ver a la tarde, entrevistando a Arnaldo Otegi, pero ahora era el turno de escucharlo rapear tras el micrófono. Riot Propaganda es la unión entre Habeas Corpus y Los Chikos del Maíz, dos bandas condenadas a entenderse. El hip-hop y las bases de los valencianos conjugan de maravilla con el hardcore-metal de los madrileños y tienen un puñados de buenos temas. A pesar de todo, al escucharlos en directo siempre asalta la misma duda: si por separado no son mejores que juntos. Las fuerzas flaqueaban después de tres días de festival, a pesar de que aún quedaban Txarango, Bad Sound y Revolta Permanent entre otros.

Domingo 30 Julio

El domingo era un día familiar, con entrada libre. Destacaba el acto político del mediodía, aunque la propuesta musical no desmerecía en absoluto. Los hipnóticos ritmos de txalaparta de Oreka TX sorprendieron a más de uno. Había interés por ver a Huntza, el grupo de la canción de Aldapan Gora, amada y odiada a partes iguales. Ellos mismos son conscientes de que cargan la pesada carga del one hit wonder, y no dudaron en reírse de ello: “Vamos a tocar una canción que todos conocéis… y no, no nos referimos a Aldapan Gora”. Se referían a una versión de “Flying Free” de Pont Aeri. Sí, han leído bien, no se preocupen. No fue su única versión, ya que también tocaron “Txoria Txori” de Mikel Laboa. El día y la noche, el agua y el aceite. Y sin embargo, las dos fueron igual de bailadas. Puede que se hayan hecho famosos por una sola canción, pero Huntza demostró que ya tienen tablas suficientes para hacer disfrutar con su directo. Un violín omnipresente y la trikitixa recordaron a otros grupos que han mezclado ritmos irlandeses y vascos.

Después subirían al escenario Ken Zazpi con su pop-rock cada vez más sinfónico, intercalando canciones nuevas y antiguas. El fin de fiesta llegó con la romería de Gozategi, que pilló a muchos recogiendo las tiendas de campaña o de camino a casa.

En definitiva, una edición sobresaliente del Hatortxu Rock. Por un Hatortxu menos que celebrar.