Depeche Mode tiene más vidas que un gato negro o, cómo mínimo, ya ha gastado unas cuantas: La fractura del grupo en 1995 con la salida de lan Wilder, uno de sus compositores; la bajada a los infiernos de la droga de Dave Gahan, con paro cardíaco incluido; la transformación de la banda, dejando el synthpop de sus orígenes para sumergirse en las mareas profundas del rock; la baja efectividad de sus últimos trabajos… Vicisitudes todas ellas que todavía no han podido hacer mella en la salud de este eterno Ave Fénix.

Ahora, en su extensa gira “Global spirit tour”, vuelven a subirse a los escenarios para presentar su nuevo material, un poco más estimulante de lo que fuera su controvertido álbum Delta Machine”. Por lo tanto era buen momento para ver el estado de salud de sus misas en directo, esta vez ante unos 16.000 fieles que llenaron un Palau Sant Jordi que gozó de una de las mejores acústicas que se recuerdan en el recinto.  Un concierto en el que se produjeron momentos de epifanía cuando el público se quedó coreando solo en varios momentos, mientras Dave Gahan movía a las masas a placer,  moviéndose y haciendo molinillos al estilo de las danzas sufís de los derviches turcos, pero con su toque folklórico torero marca de la casa. La maquinaria musical la llevó Martin L.Gore que sacó de sus guitarra una buena ristra de riffs y sonoridades ensoñadoras que tuvo sus momentos estelares cantando en solitario. Por otro lado cabe destacar también la rítmica metalera de la batería de Christian Eigner o el buen hacer de Peter Gordenoy a los teclados, estratosférico cuando agarró el bajo profundo y atronador para tocar temas como “It’s No Good” y “Barrel of a Gun”. Todo lo contrario que Andy Fletcher,  que sigue siendo un misterio su presencia ante los sintetizadores, por lo poco que los toca en directo.

A lo largo de 20 canciones se fue desarrollando el concierto, pasando por diferentes momentos de la larga trayectoria del grupo, centrándose sin embargo más en su etapa de los años 90 que en la de los 80, con una breve parada, como era de esperar, en las canciones de su último trabajo “Spirit”, tocando “Going Backwards” con la que abrieron, “Where’s the Revolution” y “Cover Me” con las evocadoras notas del desarrollo que tiene la canción mediante sintetizador arpegiado del espacio, todo ello envuelto con las sugerentes imágenes del realizador y colaborador del grupo Anton Corbijn que se proyectaba en una inmensa pantalla que ocupaba todo el escenario.

Sólo hubo algún altibajo en la parte central del show en cuanto a intensidad, cuando abordaron “Insight”, “Home” o “In your Room”, pero que resolvieron in crescendo en la parte final con la ráfaga de hits esperada y más cuando rescataron la ensoñadora pieza de techno pop, con críticas al sistema discográfico, que es ”Everything Counts”. En ese momento se supo que habían puesto el pie en el acelerador y que ya no lo iban a soltar más, así que siguieron con “Stripped” para tocar el cielo con “Enjoy the Silence” donde demostraron que siguen bien vivos y “Never Let Me Down Again“ cerró de una manera contundente hasta que llegaron los bises con “Strangelove”, que fue revisitada acompañada sólo con un piano y la voz de Martin L.Gore, con una versión cabaretera al estilo de Marc Almond. A continuación llegaron “Walking in My Shoes”, la oscura “A Question of Time” y la desgarradora melodía del Oeste desértico de “Personal Jesus”.

La máquina de actuar de Depeche Mode funciona a la perfección, con precisión, contundencia y emotividad, si le sumamos que los componentes de banda ya están en los 55 años hay que darle más valor al asunto, ahora hace falta que compositivamente hablando recuperen el espléndido tono que tuvieron años atrás. No sabemos todavía si eso llegará, pero el futuro y su camino se presenta como de largo recorrido para ellos.