La apertura, el jueves 8 de julio, de esta quinta edición estuvo dedicada casi en exclusiva a los sonidos más contundentes de la música actual, meridiano que otrora pertenecía al Kobetasonic y que se ha optado por compaginar con el Bilbao BBK Live. Los locales Rise To Fall coraton la cinta inaugural, Rise Against! cumplieron, el resurgimiento felino de Skunk Anansie tras una década de parón no restó firmeza al carisma de su vocalista, y Slayer volvieron a dejar claro que no son una banda para alérgicos al volumen al once. Los efectistas Rammstein derrocharon dineral en esta época de crisis para sólo demostrar que consideran más importante los fuegos artificiales que las propias canciones. El viernes 9 Gomez sacaron la espinita a la gente que les creía inmersos y perdidos en el pozo de la década pasada. Coheed and Cambria tensaron sus guitarras, se fueron viniendo arriba hacia el final del pase pero el sabor de boca, a la postre, resultó insípido. Gogol Bordello acusaron demagogia ante tamaño buenrollismo, y entre arengas a la inmigración, les tomé la palabra y escapé a las primeras filas del escenario pequeño. Paul Weller triunfó en esta segunda jornada. Ajeno a las críticas a su etapa en solitario, y sobre todo la más reciente, la que le acusa de sumergirse en el AOR, mantiene su físico igual de en forma que su canciones antiguas, como “Shout To The Top”, de Style Council o “That´s Entertainment” de The Jam. Alice in Chains preludiaron a Pearl Jam en una noche cuasi- temática. Perfectamente pues ubicados en el cartel, dedicaron “Nutshell” al malogrado Layne Staley, versionearon “Arms Aloft” de Joe Strummer pero resultan, y siempre bajo el criterio subjetivo del arriba firmante, más plúmbeos que una resaca de anís. Turno para Pearl Jam, y sensación agridulce. Sensación, en términos generales, de que el concierto podría haber sido mejor (para todos excepto al espontáneo que subió a cantar con Eddie Vedder “Daughter”, y que para mayor emoción, se lo dedicó a su novia). “Black” o ya al final con “Alive”, equilibraron la balanza, pero por ser canciones que se mantienen por sí mismas. Y poco más. Finalizaron de madrugada Dropkick Murphys, y una pena tener a estas alturas el cuerpo tan castigado. Más punk incluso que The Pogues, la ascendencia irlandesa del grupo de Boston se apoderó de los presentes como fin de fiesta. El sábado 10 Los Campesinos! y su pop casquivano tuvieron ciertos momentos de puntería, pero el refrito del pop noventas y cierta ínfula de innovación no convencen. La definición de ser un grupo de estudiantes tocando para estudiantes resulta certera. Jeff Tweedy, además de poder presumir que Wilco es la banda de hoy en día con mejor sonido, puede hacer lo propio con su repertorio en sí. En formato acústico, es decir, desnudándolas hasta el esqueleto, temas como “I´ll Fight”, “Hummingbird”, “A Shot In The Arm” o incluso “I´m Trying To Break Your Heart”, a priori sólo defendible en con esa tormenta de guitarras, le aúpan como uno de los genios del rock contemporáneo. The Soundtrack Of Our Lives en su última etapa llevan haciendo conciertos más psicodélicos, más litúrgicos si se quiere, en detrimento del rock and roll. Nada que objetar sin embargo a una banda que representa como nadie su nombre, y a piezas semi clásicas como “Big Time”, “Sister Surround” o más recientes como “Thrill Me”. Feeder nos retrotayeron, estética y estilísticamente, al Seattle de los noventa, a pesar de ser de Gales. Contemporáneos de Nirvana, del “Nevermid” exactamente, versionearon “Breed” por si cabía alguna duda de por dónde iban los tiros. Se notaba la expectación por Manic Street Preachers. Aun con el morbo presente de la desaparición de Richey James a través de las letras de su último tabajo, manejaron el mejor sonido de todo el festival y para regocijo de la audiencia, tiraron de clásicos: “Tsunami”, “Suicide is Painless” o “A Design For Life”. Gran recital, como el de Faith No More, cabezas de cartel de esta tercero y último día por derecho propio. La mezcla del histrionismo escénico de Mike Patton y sus dotes de maestro de ceremonias con un repertorio nostálgico, a pesar de pecar de cierta irregularidad, cuajaron. Con cierta mácula, pero cuajaron.