Sobre un gran escenario coronado con dos gorras de colegial con cuernos, comenzaba puntualmente el espectáculo de AC/DC en Sevilla. Imágenes de un tren proyectadas sobre una pantalla gigante dieron paso a un tren “de verdad” que se quedó atravesado en mitad del escenario. Con un sonido atronador (quizás demasiado atronador al principio del concierto) que no se podría comparar ni a todas las vuvuzelas del mundo juntas, abrían su concierto en la capital hispalense con “Rock’n’roll train”, azuzando a una enloquecida masa formada, principalmente, por heavies y rockeros de todas las edades. A partir de aquí, toda una sucesión de temazos, no, perdón, de temazos lanzados sin tregua, sin piedad y sin descanso. Parece mentira que Brian Johnson, Angus Young y compañía tengan aún esas energías y que no parezcan dinosaurios maquillados cuando ya deben rozar los 60. Con sólo seis temas Angus Young ya perecía que se iba a evaporar por los sudores y que de tanto que se movía llegaría un momento en que se desvanecería hecho gas. Pero no, siguió así todo el concierto y no le pasó nada. Y llegó un “Thuntherstruck” para despertar a los muertos (si había alguno) mientras en las gradas, una vez que ya había oscurecido, los flashes de las cámaras se mezclaban con los miles y miles de parpadeantes cuernos rojos. Con “The Jack” llegó el único momento de respiro para el carismático guitarrista del grupo, que aprovechó para hacer un striptease en el que terminó enseñando sus calzoncillos con un enorme AC/DC bordado en el culo. Se apagan las luces y sale de la parte de arriba del escenario una campana que hace intuir a todos la siguiente locura: “Hell’s bell”. A mi lado, una chica de Vitoria y un chico de Almería me decían “Esto es puro AC/DC”. A partir de aquí, otra sucesión de grandes éxitos: “Shoot to thrill”, “High Voltage”, “You shock me all night long”, “TNT” o “Whole lotta Rosie”, con una enorme muñeca hinchable “cabalgando” sobre el tren. “Let there be rock” sería la última, en la que el señor Angus se marcó un solo antológico a pesar de que llevaba casi dos horas dando brincos por el escenario. Por supuesto, hubo bis, donde, obviamente, salieron “Highway to Hell”, para cerrar de manera apoteósica con “For those about to rock (we salute you)”. Y después de esto, yo me pregunto por qué a los Rolling Stones les siguen llamando sus satánicas majestades (por mucho disco que tengan con ese nombre), si AC/DC son más satánicas, más majestades y, por supuesto, mucho más rock.