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Juan Berrio nos ahorra esfuerzos a la hora de describir esta nueva obra, porque “Piso el barro, barro el piso” arranca con un glosario de términos y la definición según la RAE: “anadiplosis”, “bucle”, “concatenación”, “divertimento”, “homógrafo”, “ilustración”, “presente”, “primera persona” y “serie”. Porque eso es en esencia este libro en edición numerada de 500 copias, que comparte formato con el que hasta la fecha era último lanzamiento del autor vallisoletano-madrileño, “Kiosko” (Dibukks, 2014). Pero si entonces el tomo en formato apaisado le permitía plantear “grandes angulares” de influencia cinematográfica, en “Piso el barro, barro el piso” cada página contiene dos viñetas cuadradas, dispuestas de manera similar a los ya célebres calendarios ilustrados que hace años convirtió en una bonita manera de mantenerse en forma en los periodos de parón comiquero.

El formato de página no es lo único que recuerda a aquella serie de calendarios. Como ocurría entonces, Juan plantea el libro como un pasatiempo lingüístico que se rige por férreas normas y en lo que lo de menos es lo que se cuenta y lo verdaderamente relevante el autodescubrimiento que por la vía del absurdo hace cada historia de sí misma. Algo por otra parte a medio camino del dadaísmo y lo surreal. Lo componen 13 series/historietas regidas por la anadiplosis, una figura poética en la que  la palabra de cierre de un verso se convierte a su vez en arranque del siguiente, en el caso que nos ocupa  empleando dos acepciones diferentes de la palabra en cuestión en cada fraseo.  Como el prestidigitador que en un “más difícil todavía” va añadiendo elementos a su juego de manos, Berrio va elevando el nivel de dificultad añadiendo una nueva viñeta a cada historieta, hasta llegar a una última formada por 36 ilustraciones/situaciones encadenadas. Y el invento no se le cae en ningún momento.

Nada demasiado diferente de lo que nos había ofrecido hasta la fecha, tampoco en un estilo de dibujo que a estas alturas ya está totalmente definido. Pero no estaría de más, ahora que se reivindica la obra de otros experimentadores del lenguaje del cómic que vienen de fuera (Richard Maguire y el recién publicado por Salamandra “Aquí”, unánimemente señalado como uno de los lanzamientos del 2015) poner en valor lo que Juan Berrio lleva haciendo en ese sentido desde hace más de una década en ese sentido sin levantar demasiado revuelo a su alrededor.

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