20 Jazz Funk Greats (Industrial Records, 1979), un álbum clásico de la formación británica Throbbing Gristle es el mejor álbum de la Historia en el terreno de la música industrial, según una lista realizada por la prestigiosa web musical norteamericana Pitchfork.

El legado de 20 Jazz Funk Greats no es fácil de medir. Es, casi, un pistoletazo de salida, todo un manifiesto sobre el género industrial. Pocos lo dirían, viendo la inocente portada del álbum: un cuarteto, vestido con jerséis, americanas y vestidos, posa en medio de un campo en Sussex, Inglaterra. El lugar, sin embargo, no es todo lo idílico que parece. Beachy Head fue (y es) uno de los puntos más populares para el suicidio no solo en Inglaterra, sino en todo el mundo. Si atendemos a las cifras aproximadas, hasta 500 personas se han tirado por el acantilado desde 1965. El rostro amable del álbum, junto con su título, juega con un aspecto naíf que el cuarteto formado por  Chris Carter, Genesis P-Orridge, Cosey Fanni Tutti y Peter Christopherson subvierte. Aquí lo bucólico da paso a una imaginería lírica intensa y evocadora subyugada por un enérgico sonido noise. Canciones encantadas, emborronadas y aullidos hablados son algunas de las originales formas en las que se ha llegado a hablar de las carismáticas producciones de Throbbing Gristle.

En la lista se encuentran otros grandes nombres del género, como Einstürzende Neubauten, que ocupa el número 2 con su álbum Halber Mensch (1985). En el tercer lugar encontramos a Coil (un proyecto del que también formó parte Peter Christopherson y que se desarrolló a partir de la disolución de Throbbing Gristle) con su oscuro LP de 1987 Horse Rotorvator.

La selección cuenta con unos 33 títulos en total, entre los que hallamos formaciones de la talla de Cabaret Voltaire (Red Mecca, 1981), Ministry (The Land of Rape and Honey, 1988) y, por supuesto, Nine Inch Nails (con, entre otros, Pretty Hate Machine, 1989). Otros, como Killing Joke (con su álbum homónimo de 1980), Nitzer Ebb (That Total Age, 1987), KMFDM (Naïve, 1990) o Swans (Greed/Holy Money, 1986). Todas ellas imprescindibles a la hora de comprender la música industrial.