Volviendo a tiempos en los que no estaba vivo para poder vivir de una santa vez, Maximiliano se topa con los setenta. Con lo colorista y la psicodelia. Aceptando lo que le rodea para poder tener la voluntad de querer escapar de ello. “En un momento tiene que salir el sol, en ‘Plastic World’ pasa exactamente eso. Genera todas esas tensiones y te mete en esa vorágine de desazón por la vida y al final todo es un flash. Estamos todos en esa vorágine y no te creas nada, no te sientas raro y no pasa nada. Vivimos en esta locura de colorinchis y pantallas y todo está bien. Como que en todos los relatos llega ese momento de esperanza”.
Su glorificación del pasado en consonancia con su nuevo sonido ha sido necesaria para buscar un punto de fuga en un mundo que no le gusta. “Creo que lo clásico siempre será vanguardia. Siempre hay que volver a una canción de amor, a cantar, a tocarle a alguien que quieres una canción. Entonces siempre hay que volver a hacer las cosas con las manos, a hacer las cosas con humanos. Por eso siempre digo que me parece muy gracioso que ‘Terapia de Grupo’ es un disco hecho por humanos y monstruos”.
“Soy adicto, me gusta llorar, quiero hablar de mis vulnerabilidades, pero quiero hacer rock & roll”
Más allá de la casi decena de colaboradores presentes en esta obra –desde Iván Ferreiro a Marcel Bagés, pasando por los Monstruos! de su cabeza hasta María Rodés o el actor Leonardo Sbaraglia–, este disco no se puede entender sin el valor colectivo, explicitado en el título, que hace al arte ser tal. “Lo colectivo siento que es el vínculo y el vínculo hace que yo pueda hacer el disco. El disco lo hago solo porque yo me tengo que hacer cargo de mi vida. En el pasado confundía lo colectivo con ‘Venga, te tiro este marrón’. Aquí de repente soy muy consciente de que el vínculo, lo colectivo, me sostiene. Por eso cierro con ‘Para Mariana’, que es un agradecimiento a una de las personas más importantes de mi vida que es mi representante. Un poco madre, un poco mi compañera terapéutica en su momento y siempre casa”.
Compositor de algunas de las letras más ingeniosas de lo que llevamos de año en la era de Chat GPT, Maximiliano se considera un outsider. “Soy adicto, medio maricón, medio inmigrante”. Entre los márgenes, el cantante ha encontrado un sitio en el que sanarse a base de ayudar a los demás. “Parte del disco fue creado en una gira por centros de rehabilitación. Hay una parte de entrega. Soy mejor cuando estoy en el dar que en el recibir porque todo lo que reciba me va a parecer poco. Mi razón de peso para hacer la gira era el sentimiento de que las canciones no tenían otro lugar. Cuando más útil me sentí en mi vida fue haciendo eso. Era una forma de acompañar usando al mártir del rock. Pensaba en qué mensaje le hubiese servido al Maximiliano de su momento, mucha gente lo entendió como un mensaje muy heavy de esperanza porque si este pibe está haciendo un concierto de rock y parece drogado, yo puedo recuperar mi vida también. Hice lo que me hubiera gustado que pasara”.
Resulta inevitable hablar de adicciones cuando hablamos de Maximiliano, siendo las drogas y las conductuales como “el juego, las redes y el sexo” el leitmotiv del disco. “Mi música no se puede escuchar en un titular, hay que prestar un poco más de atención. Hay que leer la noticia entera y ese es el tema con la sociedad de hoy. Igual mi música, mi vida, mensaje y maneras no son de titulares y no pasa nada, quien quiera enterarse bien y el que no se quedará con eso. Tampoco me parece mal, es gracias a lo que estoy aquí vivo”.
A veces no leemos la noticia porque es difícil de digerir, en el caso del argentino nos encontramos en sus palabras “una honestidad molesta”. “Es que el arte tiene que incomodar. Estamos en un mundo wannabe que al final conlleva por detrás cosas problemáticas. Soy adicto, me gusta llorar, quiero hablar de mis vulnerabilidades, pero quiero hacer rock & roll. La peña quiere que te quedes en el molde y no creo que sea el lugar para el artista. Aquí no te protege nada, es mucho más extremo sacar un disco así y vivir estos momentos en los que te da miedo que se olvide porque de repente no hay un refugio. No hay un personaje rudo, ni nocturno, ni rockero. Simplemente eres tú yendo al mensaje más básico”.
Sin embargo, de todos los Maximilianos que habitan en Calvo, todavía encontramos resquicios del que fuera el terror de la noche madrileña, aunque desde una nueva perspectiva. “Hay un tema que comparte el otro disco que mi amiga RENEE me invitó a resignificarlo. Me invitó a cambiar y crear nuevos recuerdos en ‘FENGSHUI’. Me recordaba a mi relación emocional con mi casa porque era un puto desastre y no era empático ni entendía que vivía con alguien, y ahora hay otro lugar en esa canción en el que de repente hay una búsqueda de calma para poner orden en mi vida”.

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