Con las sirenas policiales fundiéndose en una base de balada ranchera, León Larregui cierra “Venimos” con una pregunta que pesa más de lo que aparenta: ¿Qué tiene de malo luchar por una vida mejor? El tema apunta a la crisis migratoria, pero funciona también como eje de “Manifiesto de Tremendo Delirio”. Aquí la tensión es constante: entre la herida personal y la mirada crítica, entre lo íntimo y lo colectivo.
Este cuarto trabajo en solitario se asienta en ese terreno melancólico de herencia psicodélica que Larregui ha ido puliendo en Zoé, aunque el tono es más sombrío, por momentos cercano a la derrota. Si “Prismarama” (23) todavía dejaba espacio para desviaciones dentro de su registro, aquí el sonido es mucho más reconocible. Lo vivencial gana peso frente a lo conceptual, pero sin traducirse siempre en un mayor recorrido.
El contexto personal, marcado por la separación, la distancia con su hijo y el nomadismo entre México, Bruselas y París, empuja al disco hacia una atmósfera introspectiva en la que también asoman pequeñas victorias, como en “Amén”. Aun así, el poso nostálgico termina imponiéndose. De esa vulnerabilidad salen cortes como “Con Amor” o “Bruma”: en la primera, los sintetizadores dibujan un synth pop que en España bien podrían firmar bandas como La Casa Azul; la segunda, más cercana a su imaginario en Zoé, se levanta como uno de los pilares del disco. Parte de esa riqueza sonora pasa por el regreso de Adan Jodorowsky a la producción (y al bajo), recuperando el pulso de “Solstis” (12), su debut y, hasta ahora, su techo creativo en solitario.
“Se Me Va”, con clara influencia del bolero, es otro de los puntos destacados. Aun así, el álbum no llega a sorprender del todo ni por su sonido ni por su ambición: se mantiene en una línea continuista. Donde sí asoma algo de filo es en su aproximación a la crítica social, como en “Cometas”, destinada a recaudar fondos para reconstruir un hospital infantil en Gaza junto a la ONG Iron Kids of the World, o la ya mencionada “Venimos”. En ese equilibrio entre lo íntimo y lo político, “Manifiesto de Tremendo Delirio” confirma a un artista cómodo en su madurez. No expande sus límites, ni supera sus hitos previos, pero deja un refugio reconocible que cualquier seguidor de su universo sabrá habitar y disfrutar.
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