La banda granadina supera ya tres lustros de carrera. Una trayectoria tenaz y poliédrica que culmina con la publicación de “Las noches de insomnio”, su disco más maduro, logrado y contundente. Hace tiempo que encontraron un sonido propio. El trabajo resume el ying y el yang del pop libre. Errantes y mutantes con el corazón abierto.

Ahora ejercen de padres mutantes. Atrás queda la afectada reivindicación de Raphael con la que se les recuerda desde la anterior entrega. Los granadinos emprenden su tercer lustro en activo con su disco más variado y potente hasta la fecha. Afirmación que, tratándose de los responsables de “El sol de invierno” (2002), estimula bastante y pone el listón muy alto. “Cada vez tenemos menos miedo a arriesgar. Han salido canciones marcadamente distintas. Las hay bailables, fronterizas, surferas y, en algunos casos, volviendo al sonido de nuestro primer álbum. Es decir, volcados en aquellas influencias de Pixies y Nirvana. Al final, nuestro universo fluctúa entre lo sutil y lo salvaje”, señala el cantante y guitarrista Juan Alberto Martínez.“Las noches de insomnio” viene repleto de clásicos inmediatos que añadir a su ya envidiable repertorio. Siguen recordando a Los Brincos y a Depeche Mode en un mismo tema. Permanecen The Cure o Surfin’ Bichos como referentes cardinales. Sin embargo, descubren un enmarañado ramalazo a Wilco, cierta proximidad a los confines americanos de Calexico –evocadoras esas trompetas de Jimi García, integrante de Eskorzo–, al ondulante Oeste de Morricone y hasta la vertiente popular en una nana sudamericana. “Uno siempre tiende a decir que el último lanzamiento es el mejor. Eso puede confundir, pero lo cierto es que estamos experimentando sensaciones muy especiales. Una intensidad que nos pone mucho”. Hastío vital, demonios internos que azuzan en la vigilia y la responsabilidad paternal. Perspectivas sólo posibles cuando se está más cerca de los cuarenta que de los treinta. “En el fondo, todos los temas mantienen características comunes. Hablamos del mundo que nos rodea. Ya no somos aquellos post-adolescentes enganchados al surrealismo. El tiempo te permite reflexionar y tener una visión más profunda de las cosas. Nos hemos convertido en una especie de grupo de culto, como un secreto para iniciados que nos adoran”. Sin embargo, el séptimo larga duración de Niños Mutantes supone, en cierto modo, una vuelta a sus orígenes. A aquel combo embrionario de instituto. “En parte sí. Este disco es muy salvaje y muy espontáneo, porque nos propusimos desde el inicio que las canciones tenían que sonar sin domesticar. Por eso decidimos dejar de ensayar un mes antes de grabar, para no mecanizar nada y llegar al estudio muertos de ganas. Y eso conecta con el primer disco, en el que sonábamos totalmente amateur porque no habíamos realizado apenas conciertos y el desafío de grabar era tremendo”. ¿La diferencia? Ahora manejan recursos. En su universo, la furia no está reñida con la suavidad. ¿Complejos? Demostraron su ausencia de pudor versionando a Mecano y a los Zombies en un sano ejercicio de concomitancia artística. “La versión del ‘Como yo te amo’ se nos fue de las manos. ¿Tú has visto cuantos vídeos hay en Youtube de directos en que la tocamos? En esta ocasión, queríamos sacar todas nuestras facetas y llevarlas al extremo. No tenemos miedo de ponernos trajes distintos, porque siempre se nos ve la cara. Hay que oírlo de principio a fin para poder entenderlo bien. Y eso es difícil en tiempos en que la gente oye sólo el single de cada grupo. Nosotros reivindicamos el placer de escuchar de la primera a la última canción para que pueda entenderse el viaje completo”. Un trayecto lleno de desvelos, inyecciones de vitalidad y consejos a sus vástagos. “Los hijos te hacen pensar de otra forma. Hay muchas canciones en este disco en las que le hablamos a nuestros hijos. No en plan baboso a decirles que son una bendición, que lo son. Más bien para advertirles lo que se van a encontrar y que no los engañen como lo han hecho con nosotros. La vida adulta es una estafa y un fraude”. Por otro lado, Las Alpujarras granadinas continúan albergando las grabaciones del cuarteto, que tuvo que driblar con las tempestades de un invierno pasado por agua. Diez días de intensa labor en equipo, en familia, y en busca de la carnalidad de sus directos. Por eso contaron con sus técnicos habituales de carretera, José Antonio Sánchez y Carlos Díaz. “Han estado detrás de lo último de Los Planetas, de Morente… y nosotros, que llevamos años trabajando con estos tíos, aún no les habíamos dejado al mando. Ha sido el proceso de grabación más fructífero y más feliz que hemos vivido nunca”. Los resultados ya se palpan en una gira atiborrada de delirios colectivos.