Alguien empezó un rumor y de golpe todo parecía encajar con esos tres años de silencio. Muchos dieron por sentada la separación de Two Door Cinema Club debido a una supuesta enfermedad de Alex Trimble. Su historia sin embargo, es la del descenso a los infiernos que tantos otros grupos han sufrido. ¿La diferencia? Two Door Cinema Club resurgen de sus cenizas y “Gameshow” (Parlophone/Warner, 16) es la prueba de que el juego continúa. Hablamos de todo esto y mucho más con Alex Trimble

Consideráis que en este tercer disco os habéis arriesgado mucho más que en los anteriores, pese a que apostáis por un revival de sonidos ochenteros. Sin embargo, fue con los dos primeros con los que creasteis un sonido propio…
“Tourist History” y “Beacon” suenan muy parecidos. Y ya no es emocionante hacer lo mismo una tercera vez. Queríamos hacer algo diferente, pero surgió de manera natural porque es un disco muy orgánico. Nos sentimos mucho más valientes y seguros de nosotros mismos, nos arriesgamos más y nos sentimos cómodos.
Costó un tiempo ver que otras bandas nos habían tomado como ejemplo, copiando detalles de nuestro sonido. He aquí otra de las razones por las cuales no podíamos seguir haciendo lo mismo, ¡porque ya hay demasiada gente haciéndolo!

“Después de girar en 2013, estuvimos como seis meses sin hablarnos, fue como una ruptura con tu pareja”.

En una entrevista concedida a The Guardian confesais que llegó un punto en el que la música se convirtió en una especie de competición: tocar mejor que nadie, dar más conciertos que otros grupos, llegar más alto en las listas… Pero a su vez, os tenían que llegar mensajes del impacto que tiene vuestra música, tanto por otras bandas como por vuestros fans. ¡Mi hermano utilizó vuestra canción “Sun” como primer baile en su boda!.
No creo que en su momento fuéramos conscientes. Y no lo somos del todo; pensar en detalles como lo de la boda de tu hermano suena casi irreal. No veo a TDCC teniendo tanta influencia. No era lo que buscábamos cuando empezamos y desde luego no nos dimos cuenta cuando sucedió. Nos sigue pareciendo inverosímil, incluso hoy en día, después de todo lo que hemos vivido. Aunque estoy mucho más seguro de la música que hacemos. Entiendo que somos una banda con éxito, eso lo sabes, pero me cuesta aceptar que podemos ser una inspiración para alguien.

El tempo de “Gameshow” es mucho más pausado que sus antecesores, es una metáfora para evitar volver al ritmo frenético de vuestra anterior etapa?
El ritmo más pausado sirve como símbolo del camino que hemos escogido, la vida que ahora decidimos vivir. Ya no es tan alocada como hace unos años y por otra parte, queríamos conseguir nuestro propio sonido pero de otra manera.
Nuestra música siempre ha sido bailable, enérgica. Así que ahora queríamos hacer bailar a la gente y capturar esa energía, esa vibración, pero con un tempo más relajado. Añadirle más groove a la música. Todo eso de tocar más rápido ya lo hemos hecho y éramos conscientes de ello. Los discos anteriores estarán siempre ahí, así que tocar, mirar hacia delante y evolucionar.

¿Cómo vuelve uno a sentarse al lado de sus compañeros de grupo después de haberse dicho ciertas cosas y cruzado ciertas fronteras?
Fue un proceso muy largo. Después de girar en 2013, estuvimos como seis meses sin hablarnos, fue como una ruptura con tu pareja. Así que nos costó algo volver a estar juntos. No lo hicimos de golpe, sino que empezamos a vernos en Londres, a hablar de libros que habíamos leído, películas, cosas que nos pasaban en casa… Nadie mencionaba el grupo. En algún momento empezamos a hablar de lo que había sucedido, de lo que pasaría a partir de ese momento… y todos nos dimos cuenta de que queríamos volver a estar en el grupo.
Así que empezamos a trabajar en esa dirección, pero de una manera muy diferente para evitar los problemas que habíamos tenido. Empezamos a componer el disco vía Skype, a decirnos todo lo que opinábamos de manera correcta pero sin callarnos.

“Internet tiene ese punto que tienen las religiones o las drogas, en las que te puedes perder fácilmente y ser súper adictivo”.

¿Cómo se combina el lanzamiento de un disco hoy en día con el concepto Weltschmerz que supone una especie de desconexión del mundo virtual?
Es excepcionalmente complicado. Hay un montón de canciones en el álbum que tratan sobre eso: la dificultad de encajar en esta vida moderna, de cuestionarte la comercialización de prácticamente todo. Pero a la vez estás lanzando un disco y formas parte de ello, porque lo vendes, porque haces promo, porque vas de gira… La única manera en la que puedo gestionarlo es dando un paso atrás y dejando que el resto del grupo se ocupe de ciertos aspectos. A ellos no les parece tan mal y no tienen una opinión tan fuerte como la mía.
No digo que Internet sea horrible. Estamos haciendo esta entrevista vía Skype, que a su vez me permite hablar con mi familia y amigos cuando estoy de gira. Sólo es que siento que mucha gente abusa del poder y del potencial de Internet. Puede llegar a un punto que es enfermizo y peligroso. Internet tiene ese punto que tienen las religiones o las drogas, en las que te puedes perder fácilmente y ser súper adictivo.
Ves a los niños enganchados a sus teléfonos, subiendo constantemente toda su vida en las redes sociales… Además, la gente ya no se preocupa por tener cosas, por poseerlas. Todo existe hoy en día en una sola máquina, ya sea ordenador o móvil. Y la gente ya no se compra libros, ya no tiene discos o cosas bonitas. Y eso no está bien.

Tanto las canciones como sobre todo los aspectos visuales del álbum -portada, fotos de promo, videoclips- tienen un aspecto muy ochentero, como retrofuturista.
Sí, esta vez nos hemos involucrado muchísimo en los vídeos, trabajando codo a codo con diseñadores, con los directores… De hecho, el vídeo para “Are we ready?” es una representación visual de la letra. Nos vinieron los directores con esta idea y nos quedamos flipando, porque entendieron exactamente lo que queríamos hacer, la visión que teníamos.
Con la portada del álbum estuvimos muchísimo tiempo. Y sí, tiene ese rollo retro futurístico. Es un diseño que nos representa a cada uno de nosotros gracias a los tres neones, pero a su vez, a la banda entera. Es como una vuelta a los orígenes pero con la mirada puesta en el futuro, avanzando.

Apenas hay información sobre el disco: llegados a este punto casi parece secundario saber quién lo ha producido, dónde lo habéis grabado… porque al final todo el protagonismo se lo lleva la historia de vuestro descenso a los infiernos. ¿Te preocupa que termine sólo por salir esta parte?
No me preocupa, porque entiendo que a ciertas personas les puede interesar la historia y a otros no. El disco fue grabado en California y producido por Jacknife Lee (Biffly Clyro, Bloc Party…) y sin él y sin haberlo grabado en California sería un disco totalmente diferente. Jacknife es como el cuarto miembro del grupo, quien ha ayudado a definir todo lo que queríamos hacer y decir. No sé si necesitas saber todo esto para disfrutar del disco o no.
En cuanto a nuestra particular historia, quizá si la conoces podrás identificarte de alguna manera con las canciones. Y si no sabes qué ha pasado, pues entonces podrás montarte tu propia versión cuando las escuches. Yo no escribo de una manera muy clara y concisa, soy bastante críptico a momentos. Así que quizá alguna gente quiera saber a qué me refiero cuando canto según qué y sabiendo lo que hemos vivido lo podrán hacer.

“Ahora me nutro de la energía de la música, del subidón del directo, en lugar del alcohol”.

¿Cómo os preparáis el directo ahora? ¿Cómo es la relación entre los tres sobre el escenario?
Es totalmente diferente ahora. Creo que los conciertos que damos son mucho mejor. Antes nos movía una energía mucho más nerviosa. Bebíamos un montón antes de salir al escenario y subíamos espitosos. Yo ya no bebo, es mi elección personal. Los chicos se toman una birra antes de tocar, pero para mi ya no funciona. Ahora me siento mucho más presente cuando estoy sobre el escenario. Me nutro de la energía de la música, del subidón del directo, en lugar del alcohol. Me siento mucho más consciente y parte de lo que sucede. Conecto muchísimo más con el público y me encuentro más cómodo, lo que creo que mejora los directos.

¿Habéis aprendido a decir “no”? ¿A bajar el ritmo y a tomar cierto control? ¿Supone el fin de cierto aire ingenuo que tenía el grupo?
Necesitábamos un tiempo alejados para entender qué había pasado y qué necesitábamos hacer a partir de ahora. Estábamos estancados y sí, éramos muy ingenuos y no supimos en ese momento cómo manejar la situación.
Piénsalo, es una situación bastante impredecible y alocada, vas enganchando giras, conciertos, más entregas de premios… Te atrapas en el momentum. Tienes miedo de parar, tienes pánico a decir que no a algo por si eso supone el final. Por si alguien considera tu negativa y estás acabado. No nos atrevíamos porque creíamos que era un error.
Ahora ya no nos da miedo. Escuchamos a la gente que tenemos a nuestro alrededor que le quitan hierro al asunto diciendo “sólo es un negocio, trabaja duro porque no sabes lo que va a durar, porque pasa sólo una vez en la vida…”. Lo cual es cierto, pero a su vez nos hemos dado cuenta de que ya no nos obsesiona eso de vender más discos o de estar el número uno en las listas. A mi ya no me llena. Aunque me ha costado darme cuenta de ello y he tenido que alejarme del grupo para verlo. Ahora lo que es importante es hacer buena música, que emocione, que sea interesante. Es la lección con la que me quedo después de todo lo que hemos vivido.