Ocho discos después, los andaluces Niños Mutantes han visto la luz. Es posible cantar sobre cosas muy serias sin que la música sea fúnebre. Ya no están seguros de que las mejores canciones salgan del dolor, pero sí han conseguido ponerse de acuerdo en que nacen de la experiencia y, si es con amigos, mucho mejor. ¿Lo dudan? Pues escuchen “Náufragos” y lo tendrán claro.

El uso del rencor como catalizador del proceso creativo está infravalorado, y bastante mal visto, por otra parte. Por alguna oscura y probablemente siniestra razón por lo que esconde y lo que proyecta de nosotros y nuestras inseguridades, sentimos una extraña necesidad de no hacer evidente, ya no el dolor, sino la rabia, la ira y el odio hacia aquel que nos ha hecho daño. Y no es necesario andarse con miramientos; suelen habérselo ganado. Algo parecido fue lo que sintieron Niños Mutantes cuando preparando su octavo disco en Las Alpujarras, Nani llegó al local con una buena mala historia que contar. (Juan Alberto) “En primer lugar, antes que un grupo de música, somos amigos y después de tanto tiempo, compartimos la vida entera. Nani apareció con algo importante que contar; yo empecé una canción y salió la primera estrofa de ‘El infierno’, sobre algo que nos había tocado a todos a la vez. Antes había dos momentos: cuando la canción nacía para mí en mi casa, y luego cuando tomaba forma con el resto de la banda. Ahora, por lo menos la mitad de las canciones han tenido un nacimiento colectivo”. Nunca han perseguido el éxito ni parece que lo vayan a hacer quince años después de colgarse las guitarras. Tras la gira de “Las noches del insomnio” se encuentran en un excelente momento como banda, su directo es uno de los mejores de esa entelequia talibán, malencarada y soberbia que llamamos indie. Sobre si ocupan el lugar que les corresponde o no, dejemos la última palabra al público, ya que ni banda ni redactor logran ponerse de acuerdo en una interesante conversación de esas en las que disfrutar del placer de los argumentos propios y ajenos es más importante que llegar a alguna conclusión y que a punto está –literalmente- de terminar entre llamas antes de ser zanjada, con mucha elegancia, por el cantante de la banda granadina. (Juan Alberto) “Cualquier forma de comunicación aspira a ser escuchada por el mayor número de personas. El que escribe, pinta o canta tiene la necesidad de que se reconozca lo que hace. Afirmar lo contrario creo que es pose. El público te pone en el lugar que mereces o no, lo que está claro es que te sientes mejor cuanta más gente esté vibrando con tu música. Es una sensación que engancha y nos apetece poder seguir creciendo en ese sentido”. “Náufragos” está
cerca de ser el mejor disco de Niños Mutantes, y no es la típica frase que todos los grupos dicen en sus giras promocionales. En realidad, en la hora larga que compartimos en la Sala Costello en Madrid, ni lo mencionan. No es un álbum catastrofista, aunque la catástrofe sea un pilar importante al hablar de supervivencia. Las guitarras sucias de sus primeros discos no es lo único que se ha pulido por el camino. “Nuestros discos siempre han sido bastante autobiográficos, y se va viendo lo que hemos ido haciendo con nuestras vidas en ese tiempo. Mal de muchos, consuelo de mutantes: el miedo, el hundimiento del amor, la traición, las ganas de irse del curro… son cosas que le pasan a todo el mundo. Puede que hayamos tenido un aprendizaje más lento que otros grupos hasta llegar al sitio en el que nos reconocemos, pero en este disco hemos descubierto muchas cosas, como por ejemplo, que podemos hacer música que suene alegre sin a la vez estar diciendo tonterías. Tal vez anteriormente hayamos tenido un rechazo hacia nuestras propias canciones de un pop más fácil porque pensábamos que nosotros no estábamos para decir estupideces, que para eso ya hay mucha gente. En este disco nos hemos dado cuenta de que podemos hablar de lo que nos rodea sin entrar a cortarnos las venas y sin hacer una marcha fúnebre”. Trompetas, ukeleles, sintetizadores y hasta cascabeles son sólo el complemento a una cierta búsqueda de nuevas estructuras y diferentes sonidos con los que han roto su perímetro de seguridad y se han permitido –afirman haberse limitado ellos mismos durante mucho tiempo- disfrutar de lo desconocido. “Al principio la militancia indie nos limitaba bastante. Puede que desde fuera no se note tanto ese cambio, pero dentro del grupo, este disco ha sido una aventura en la que hemos investigado en sonidos un poco diferentes, al menos para nosotros. Me lo he pasado muy bien saliendo a zonas que no habíamos explorado y con la improvisación. Hay canciones que han cambiado de estructura más de veinte veces, y posiblemente sean las que suenan a canciones pop más estándar. El no darnos por vencidos y seguir peleando tanto tiempo por una canción es algo que tampoco habíamos hecho hasta ahora”.