“Empecé a grabar canciones con Garage Band. Y ahí sigo”
Entrevistas / (Sandy) Alex G

“Empecé a grabar canciones con Garage Band. Y ahí sigo”

Beatriz H. Viloria — 27-02-2020
Fotógrafo — Tonje Thilesen

No ha alcanzado la treintena y Alex Giannascoli -más conocido como (Sandy) Alex G- ya cuenta con una extensa discografía. Su último trabajo, House of Sugar (Domino / Music As Usual, 20), es su ambicioso y celebrado tercer título publicado vía Domino Records, pero realmente es la novena entrega del estadounidense.

Nos encontramos por primera vez con el joven y prolífico artista, quien después de participar en la última edición del Primavera Sound actúa esta semana en Barcelona (jueves 27 de febrero) y Madrid (viernes 28 de febrero).


Es la primera vez que tenemos la oportunidad de hablar contigo, así que, para situarnos, ¿cómo te iniciaste en la música?
Estaba estudiando Inglés y dejé los estudios cuando me ofrecieron un contrato discográfico y empezamos a salir de gira. Me di cuenta de que tenía la oportunidad de ganarme la vida haciendo música, así que dejé la carrera, pues la hacía únicamente porque esperaba trabajar de ello en algún momento. Empecé a grabar cuando era adolescente, utilizando el Mac que había en casa. Con el programa Garage Band aprendí a grabar y a hacer canciones. Lo sigo utilizando a día de hoy.

Aunque House of Sugar es tu tercer disco con el sello Domino, ya tenías mucho material publicado previamente.
Según acababa de grabar algo, lo publicaba. Hacía una canción y se la mandaba por email a un colega, hice eso durante años, y ahora esos temas los puedes encontrar en YouTube. Ahora tengo 26 años, pero tenía 15 o 16 cuando compuse muchas de esas canciones, he estado haciendo música de forma constante desde entonces.

Desde luego, llama la atención que eres muy joven, pero has sido muy prolífico. Además, tus últimos tres discos cuentan con entre 13 y 14 canciones cada uno, que es muy generoso para los tiempos que corren.
Creo que como tenía el privilegio de grabar sin tener que ir a un estudio, podía trabajar cuando me apetecía, en mi tiempo libre. Si no hubiera tenido esa oportunidad habría mucho menos material.

“Dejé los estudios cuando me di cuenta de que podía ganarme la vida haciendo música”

Cuando empezaste a trabajar con tu primer sello, Lucky Number, ¿cambiaste tu forma de trabajar o seguías grabando en casa?
Lo sigo haciendo todo igual, aunque espero haber mejorado con el tiempo (risas). Lo único que he cambiado ha sido el micrófono, que llevaba 10 años con el mismo. Y ahora hay un proceso de mezcla y masterización profesional.

En una entrevista decías que te gusta controlar todo. Acostumbrado a grabar y trabajar por tu cuenta, ¿te cuesta trabajar en equipo?
Me gusta que mis amigos participen en mis discos y lo he hecho desde el principio, estoy acostumbrado y sé lo que puedo esperar de ellos (en sus últimos dos discos cantan con Alex Emily Yacina, una amiga de la infancia, y otras veces participa su novia, Molly Germer). Aunque les esté dando parte del control, yo sigo teniendo la última palabra, y eso me da seguridad. Si no me gusta lo que han hecho, les puedo pedir que hagan otra cosa. Para las mezclas, he trabajado con Jacob Portrait en estos tres discos de Domino. El proceso es largo, no por su culpa, creo que complico mucho su trabajo, porque a veces no estamos de acuerdo, pero realmente confío en él y al final siempre funciona. Trabajar con Jake es más difícil que trabajar yo solo, evidentemente, pero al final estoy contento. Él consigue que el disco suene mejor de como sonaría si intentara hacer la mezcla yo solo.

Con Domino has publicado Beach Music (2015), Rocket (2017) y ahora House of Sugar, y sigues pudiendo trabajar como te apetece. ¿Qué significó para ti firmar con ellos?
Principalmente, fue guay tener esa seguridad de que un sello consolidado me dijera que quería editar mis discos. Significaba que durante los siguientes seis o siete años tenía una carrera asegurada. Y espero que por más tiempo.

House of Sugar ha sido descrito como tu disco más ambicioso. ¿Lo es?
La verdad es que afronté este álbum como el resto. La principal diferencia quizás sea que he contado con un equipo de grabación mucho mejor. También tuve que comprar un nuevo portátil y hacerme a una nueva versión del Garage Band (risas), por eso tardé un poco más con cada canción, aunque creo que eso es bueno, tener más tiempo para escuchar y decidir qué es lo que quiero hacer.

El álbum lo cierra SugarHouse. ¿Es un juego de palabras con el título? ¿Fue la semilla de todo?
Me parecía interesante. Hay un casino cerca de donde vivo que se llama Sugar House, y me hacía gracia porque suena algo siniestro. Fue una mezcla de cosas, porque había leído un relato corto titulado La casa de azúcar, que fue de donde cogí el nombre principalmente, y, claro, está el cuento Hansel y Gretel. Me gustaba como sonaba. Y luego está el adelanto, Gretel, que sé que suena muy sugerente, pero no era una metáfora ni había ninguna intención ahí.
Lo ambicioso de este álbum se puede ver en temas como Bad Man y Near, por ejemplo, son muy experimentales. Asomaba esa intención en tus dos trabajos anteriores, pero aquí hay mucha experimentación. ¿Dio mucho juego la nueva versión de Garage Band?
(Risas) Sí, la nueva versión ofrece muchas posibilidades. He utilizado mucho la opción de revertir audio, porque era nueva para mí. Podía coger unos sonidos raros y hacerlo todo más raro de lo habitual

Has compuesto y compones muchas canciones, ¿en qué te inspiras para escribir?
Escojo las palabras en función de cómo suenan, porque primero tengo la melodía y luego decido el ritmo que quiero que lleve esa melodía. Elijo palabras que puedan encajar por el número de sílabas y su melodía. Eso limita bastante mis opciones, pero busco palabras evocadoras. Son impresiones más que una idea concreta.

Veo un patrón en las portadas, siempre hay un dibujo y el título, y parecen formar una colección.
Las portadas las hace mi hermana, Rachel, siempre le pido que pinte y depende de ella, pero siempre me gusta, tiene mucho talento. Sí es verdad que tienen un formato muy parecido, me gusta, pero no ha sido intencionado. La patinadora de House of Sugar es mi hermana, que hacía patinaje artístico. Había una foto de ella colgada en casa y le pedí que la pintase para el disco.

Y aunque hayas pasado algo desapercibido, cuentas con una colaboración bastante importante, pues trabajaste con Frank Ocean. ¿Te gustaría volver a colaborar con otros músicos en el futuro?
Lo de Frank Ocean fue muy sencillo, en realidad. Yo estaba de gira con mi banda y su manager me mandó un email, preguntándome que si quería trabajar con él. Y le respondí, “sí” (risas). Y, claro, me encantaría colaborar con otros músicos, aunque creo que me apetece más participar en el proyecto de otra persona que al revés. Paranoias mías.

Por el carácter introvertido de tu música y tu forma de hacerla, ¿cómo fue empezar a compartir tus canciones frente a un público?
He estado dando conciertos desde hace muchos años, mi amigo Sam y yo hemos estado tocando desde que teníamos 14 o 15 años. Donde crecimos, cerca de Filadelfia, siempre hay conciertos, es lo que hacíamos mis amigos y yo para divertirnos. Por tanto no me resultó muy difícil enfrentarme a los primeros conciertos porque estaba familiarizado con ello.

¿Y a medida que ese público ha crecido?
Afortunadamente ha habido una evolución lenta y progresiva, nada extrema. El primer año de gira había 100 personas, el segundo 200 personas, etc. La primera vez que tocamos en un festival sí que fue intenso, sobre todo antes de salir, pero una vez pisas el escenario se activa la memoria muscular y haces lo que has hecho siempre.

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