Rosalía publica “El mal querer” (Sony, 18): hits inmediatos (“Malamente”); canciones que estiran el flamenco hasta el pop (“Bagdad”); y muchos otros palos que hilan el conjunto. Un disco de mil capas. Un largo que deconstruye el amor romántico por capítulos. Un alegato a repensar las relaciones para conquistar el mercado global.

El truco es la organización. Saber decir ‘no’. Y dormir –comenta risueña– “un pelín menos” de lo que le gustaría. El calendario de Rosalía Vila (Sant Esteve Sesrovires, 1993) no tiene más hojas que el del resto de los mortales. Aunque lo parezca. Tal vez por eso ha costado tanto cuadrar este encuentro, que se ubica con alfileres entre un evento de la cantante en Barcelona y otro en Madrid. Faltan poquísimos días para la salida de “El mal querer” , su nuevo y esperado largo.

En menos de dos años, desde que se publicó “Los Ángeles” (Universal, 17), la vida de Rosalía ha dado un vuelco. La joven catalana ha ido apretando la agenda, pero no a bulto, como quien mete un edredón en una lavadora. Siempre con cabeza. Por ello, en este tiempo, ha traspasado unos cuantos techos de cristal: colaboraciones internacionales (“Brillo”, con J. Balvin); actuaciones en los Grammy (y nominaciones a ellos) o la preparación de un espectáculo previo a la salida de su disco para Sónar. Un aperitivo catalogado por la prensa –sin excepción– de exitazo. Aún así, Rosalía ha encontrado el –como le gusta llamarlo– “drive”, el rollito y la dirección, para crear un artefacto narrativo complejo: El mal querer, producido mano a mano con El Guincho, y que debe consumirse por capas. El álbum está compuesto por temas que le rascan a uno la oreja con facilidad (“Pienso en tu mirá”), que le hacen moverse sin posibilidad de resistirse (“Malamente”) y por otros más crípticos (para oyentes más allá del top de Spotify, dígase “Nana”). Una fórmula certera para mantener un discurso artístico de nivel y, a su vez, empezar a escalar en el selecto club del pop global. Un asalto al cielo con un trabajo que habla, básicamente, de la deconstrucción del amor romántico, de repensar las relaciones, con un final que es casi un alegato feminista.

“La prioridad es estar conectada con cada momento que estoy viviendo y que este sea una vía de comunicación, no un monólogo”.

Rosalía vive en el andén. Trabaja para coger un tren –metafórico– que la catapulte a la liga de las grandes. Pero en una hora le parte –literal– otro desde Sants. Aun así, cuando la catalana se sienta a hablar, se acaban las prisas. En tono pausado, como se hacen ahora los temas, bajitos de bpm’s, mima las palabras y accede a reflexionar sobre todo lo que tenga que ver con su carrera: el precio de sus tickets, su relación con la fe o la responsabilidad social del artista. Para ella hay una única filosofía: viva en Barcelona o Miami, los pies en la tierra. Y para los suyos, cuidados.

Se relaciona “El mal querer” con el “desamor”, pero el capítulo final, “Di mi nombre”, es puro empoderamiento. ¿Es este disco un alegato feminista?
No sé si diría que es un alegato feminista. Hay una intención de vincular una figura femenina con el poder, con la fuerza. Pero no sé si hablaría de feminismo, porque puede tener muchas connotaciones. Pero el disco es un viaje, un cuestionarse a nivel antropológico el amor o la forma como nos relacionamos.

¿De dónde parte ese interés?
Pedro G. [íntimo también de Niño de Elche] me recomendó una lectura, “Flamenca”, una novela del siglo XIII de autor anónimo. Me costó encontrarlo… Pero cuando lo leí me fascinó. El libro me conectó con cosas que me parecía interesante cuestionar. Quería abrir esa caja.

Hacer capítulos, compartimentar ese interés, no debió ser fácil.
Pues en realidad todo empezó con los capítulos. Los pensé lo primero. Fue mi trabajo final de carrera [Rosalía estudió Flamenco en la Escuela Superior de Música de Catalunya] (NdR). Antes de hacer las canciones tenía claros los capítulos y antes incluso el título del disco.

Durante el “viaje” del largo hay capítulos que no parecen de nuestra generación… “La boda”, por ejemplo. ¿Es algo puramente simbólico?
Hay capítulos que funcionan como metáfora, sí. Puedes entender el enlace como el momento en que te olvidas de tí mismo y te dejas de lado, te abandonas. El hecho de unirte con algo o con alguien a veces te hace sacrificar cosas.

¿Pensaste en introducir otras formas de relación en el disco? ¿Poliamor?
Me planteé un posible triángulo amoroso. Que no hubiese sólo dos individuos, con una voz claramente masculina y otra femenina. Pero no tenía claro… Ya es confuso que haya dos voces y que yo las encarne las dos… Igual era mucho lío meter otro individuo. Pero me parece interesante la idea. Vivimos de forma muy concreta el amor y tal vez sea interesante plantear otras formas de querer.

Todo el mundo se preguntaba dónde estaba el capítulo dos cuando salieron los primeros singles (capítulo uno, “Augurio”, y capítulo tres, “Celos”). ¿Que el trabajo tenga una voluntad narrativa tan clara contrasta con cómo se consume hoy día la música?
Es interesante, porque el orden de las canciones y las letras no es aleatorio. Todo tiene un sentido. A nivel conceptual y estructural, el disco está pensado al detalle. Pero a la vez… mira, si Malamente sirve para que la gente entre y luego se encuentre con una nueva capa, fantástico. Quien quiera encontrarse sólo con Pienso en tu mirá y luego con las más experimentales o flamencas no conecte, no pasa nada. Pero quien quiera entrar, que pueda hacerlo.

¿Tienes la sensación que los discos van a ir por ahí de ahora en adelante? “Vibras” de J. Balvin tiene hits que mezcla con interludios, como en tu caso, que sirven como pasaje entre temas.
Sí. A mí me gusta que “Malament”e funcione por sí sola y te la puedas encontrar pinchada en un club o en Spotify pero dentro del contexto del disco adopte otro significado y tenga más lecturas. Uno de mis libros favoritos es “Rayuela” [1963], de Julio Cortázar. Me marcó mucho. Recuerdo que me sorprendía que lo pudieras leer en el orden que él te proponía o como tú quisieras. Los capítulos los podías disfrutar por separado y si los ponías en contexto funcionaban igual. Este disco tiene esa misma intención.

Hacer una melodía de flamenco en un tema de Pharrell Williams, me encantaría. Me explota la cabeza. Me hace feliz, por todo lo que significa para mí el flamenco”.

Es una forma inteligente de relacionarse con el mundo del streaming…
Sí, pero no lo hago por una mera cuestión estratégica, sino teniendo en cuenta mi porqué de hacer música: compartirla. La prioridad es estar conectada con cada momento que estoy viviendo y que este sea una vía de comunicación, no un monólogo. Quiero poder compartir mi música con todo el mundo.

¿Las canciones más “directas” están compuestas en lugares diferentes a las que son “interludios”?
Todo está mezclado. Porque el disco está hecho entre Barcelona, Madrid y El Hierro, donde fuimos con Pablo Reixa, El Guincho. Hemos trabajado un año y medio con él haciendo músicas; y ha tenido mucha paciencia conmigo. De alguna forma me ha acompañado sin prisa para que yo fuera probando y probando. Eso ha sido muy gratificante.

¿Sobre la mesa estaba la idea de estirar del flamenco hasta donde se pudiera?
Él sabe que yo lo entiendo así. Él sabe que en todo momento quería hacer un disco con voces, muy rítmico, con uso del sampler. Con diecinueve ya sabía que quería un disco de flamenco vinculado al uso del sampler pero no tenía la manera, sentía que tenía que estudiar más.

¿Estás interesada en la autonomía total dentro de un estudio?
Tomo clases de ingeniería de sonido. A los treinta me gustaría no sólo hacer discos a medida de lo que me gusta a mí sinó ser versátil para poder trabajar para otros.

Volviendo a los samplers… ¿Lo de Justin Timberlake en “Bagdad” es cierto?
¡Sí! Y nos dio el ok, que por lo visto nunca lo hace. Nunca deja que pase. Y queda increíble. Hay más guiños: “Di mi nombre” también es por “Say My Name” (Destiny’s Child). Son homenajes a mis músicas de adolescencia.

¿Con lo que se ha agitado tu vida en estos dos años, ha sido fácil encontrar espacios para tener el modo de crear?
[Para de beber agua y levanta la mirada] No, no lo ha sido…

¿Y cómo lo has hecho?
Durmiendo poco… [ríe]. No, bueno, básicamente se trata de ser muy inteligente en la forma como te estructuras la agenda. Y saber decir que ‘no’, escoger. Tener claras las prioridades y focalizarte mucho. Para mi los dos lugares más importantes en la vida son el estudio y el escenario. Y a partir de aquí, todo lo demás es secundario. Shootings, promos, no sé qué… Secundario. Si ahora puedo estar haciendo música con gente de fuera, que es un sueño, pues esa es la propiedad.

Pero, ¿sigues teniendo el tiempo para pensar con claridad después de tanto trajín?
Sí. Siento que tengo la suerte de tener a mi hermana [Pili, Daikyri en Instagram, su estilista y mano derecha, que aguarda en la mesa de al lado] y a mi madre trabajando conmigo, un buen entorno. Lo de fluir o no fluir… Desde hace años mi forma de fluir es ser exigente y trabajar muy duro.

¿La Rosalía de ahora le habla a una persona diferente a la de hace dos años? ¿Le habla a Miami, Los Ángeles o Nueva York? Promocionaste en Times Square…
Me hizo mucha ilusión. A excepción de Alejandro Sanz, que ha sido el artista más internacional que ha tenido España, siento que los artistas hacen su música para compartirla sólo aquí. Como si hiciesen propuestas pensadas en local. La industria aquí está empezando a coger forma y somos muchos los de mi generación que empezamos a salir. En América en un estudio hay un productor vocal, otro ejecutivo, beatmakers… Diez personas haciendo muy bien su trabajo. Y eso es porque hay una industria del entretenimiento y las artes fuerte y asentada. Tu escuchas un disco de Kendrick Lamar y no hay nadie en España que suene así. No hay un estándar así, siendo sinceros. Me dices, ¿te ves viviendo en Miami o Los Ángeles? Pues hombre, medio año aquí y medio allí. Un pie aquí y otro allí. ¿Por qué? Porque los productores que están allí no están aquí y me gusta aprender de ellos y hay mucha gente con la que me motiva crear un diálogo artístico. Hacer una melodía de flamenco en un tema de Pharrell Williams, me encantaría. Me explota la cabeza. Me hace feliz, por todo lo que significa para mí el flamenco. Me siento una embajadora de esta música.

“Esa idea de un artista que se cree que debe ser adorado o que todo gira a su alrededor y se lo puede permitir todo, no la comparto”.

A muchos parece que les pese que te sientas embajadora del flamenco.
Pues sí, pero aunque les pese, es lo que hay. Me hace feliz. Es la música que más quiero del mundo y quiero que el mundo entero se enamore de ella como a mí me pasó. Siento que tengo una vinculación con el flamenco que no elegí. En España, mi generación nos estamos haciendo un hueco… Tener un billboard en Times Square es una cosa por la que todos los que somos de aquí deberíamos estar contentos. Como debemos estarlo porque Charli XCX ponga a Bad Gyal en su playlist o porque C. Tangana haga un tema con Becky G… España está en el punto de mira, como puede estarlo Colombia. Podemos hacer algo como lo de fuera pero que no sea lo de fuera, que tenga nuestras raíces, que muestre lo que somos. Está bien pensar en grande. Desde la humildad. Siempre que salga desde un lugar puro y orgánico. Yo no veo un equivalente de los shows de Pharrell Williams aquí. ¿Por qué no? No hay que tener miedo a pensar así.

Las entradas de los grandes espectáculos no son baratas. ¿Te preocupa que si todo esto se hace demasiado grande parte de tu público no pueda acceder a tu directo?
Totalmente.

¿Y eso se puede controlar?
Claro, puedes controlarlo todo. Yo controlo todo lo que pasa con mi música.

Pero, entradas a cuarenta y cinco euros para una joven de dieciocho años… No las podrá pagar. ¿Cómo lo harás?
Depende, si una producción vale eso… Pues la entrada costará ese precio. Pero buscaré contextos diferentes para mis conciertos. Igual habrá conciertos con ese precio alto, porque llevarlos a cabo es caro. Pero también habrá otros donde igual todos se lo podrán permitir. Algo más intimista. Lo tengo en la cabeza cien por cien. No está bien perder a la gente por el camino. Sinó no tienes posibilidad de incidir realmente en la cultura. [Días después de esta entrevista Rosalía anunciaba una presentación gratuita de “El mal querer” en Madrid] (NdR)

Has crecido mucho en Instagram últimamente. Allí todo parece frío y estético. Contrasta con tu forma de relacionarte cara a cara...
Siento que me acerco a todo el mundo desde el mismo sitio. Hay matices y quien me conoce desde pequeña los ve, supongo. Ve que en el escenario potencio o neutralizo según qué cosas. Todos lo hacemos en mayor o menor grado. ¿Por qué lo dices lo de Instagram?

Las redes construyen un artefacto. ¿No hay responsabilidad de explicar que igual nos tenemos que cuidar también en ellas?
Yo todo lo pienso desde el mimo y los cuidados. Siempre fui así. Esa idea de un artista que se cree que debe ser adorado o que todo gira a su alrededor y se lo puede permitir todo, no la comparto… Pero bueno, ves a Cardi B en su Instagram y flipas. Con su red en la cabeza, una peluca, y riendo… Hay que cuidar y querer esto que hacemos pero no sé, también me flipa Cardi B en su Instagram.

Has replanteado las relaciones en el disco. Algo muy político para los feminismos. ¿Te sientes en la obligación de entrar en otros debates políticos?
Intento estar conectada a lo que pasa a mi alrededor. Hay cosas que me preocupan. Por las que sí siento que me tengo que implicar. Y me implico [da una palma con el revés de la mano, como en el ya icónico clip de Pienso en tu mirá]. Pero no quiero forzar: a nivel político hay cosas que querría que se hicieran mejor pero siento que no tengo conocimiento suficiente. Durante años he estado sumergida en la música para intentar hacerlo lo mejor posible en este sector. Prefiero que los que saben más que yo hablen más que yo; no voy a utilizar mi voz para hablar sobre algo sobre lo que no tengo conocimiento.

Has trabajado en una película con Pedro Almodóvar. ¿Las alfombras rojas pueden llegar a cegar?
Siempre hay algo que aprender allí donde estás. Y si te interesa estar en contacto con el mundo, abres Twitter o un periódico en cualquier hotel y ya está. Nunca me dejaré escudar por el ‘oh, por mi nueva vida no puedo estar conectada’. No.

Hablando de conectar: te expresas sin tapujos sobre un tipo de conexión que no es muy frecuente entre los jóvenes… La conexión con Dios.
Siento que soy una persona espiritual. Creo más en la causalidad que en la casualidad y a la vez creo que todos estamos aquí por algo, que tenemos un comedido. Es mi forma de vivirlo.

¿Te viene de familia?
No, es algo muy mío. Mis padres no me bautizaron ni me llevaron a la iglesia. Mi abuela me llevaba pero yo me fijaba en la música [ríe]. Pero a medida que he ido creciendo me he ido dando cuenta que soy muy espiritual. Es cierto que hoy día no se habla tanto de esto por el prejuicio de vincular lo religioso con las instituciones, pero para mi no tiene nada que ver. Lo espiritual tiene que ver con algo que te trasciende. Con una emoción.