Tras Siglo XX (Autoeditado, 2018), Ruiseñora regresan de la mano de Raso Estudio con Relente, un nuevo álbum que perfila aún más su sonido y va un paso más allá. Siguen uniendo música tradicional con electrónica; pero esta vez cuidando al milímetro cada detalle y con muchos más matices. Ha sido un largo camino hasta que el dúo ha conseguido que el álbum viera la luz. Y es que a pesar de contar en esta ocasión con apoyo externo para facilitar la visibilidad del proyecto, ambos se han vuelto a encargar de todo el proceso de creación. Desde la primera letra, hasta el cierre de producción. Hablamos con Elia Maqueda y Atilio González para conocer mucho más sobre esta nueva etapa.


A través de las redes explicabais que la grabación de Relente os ha dado muchos disgustos y muchas alegrías a la vez…
(Atilio) Ha sido un proceso duro porque yo llevaba toda la vida acostumbrado a trabajar en bloques de tiempo muy largos y desarrollando los proyectos muy rápido. Pero ahora, teniendo una niña pequeña, todo esto es imposible. Además, hemos tenido problemas con las líneas de voz y está esa obsesión de hacer algo mejor que el anterior.
(Elia) Trabajar en casa, y no ir a un estudio a grabar, tiene sus ventajas y sus desventajas. Te permite dedicarle al álbum todos tus recursos, pero a la vez se extiende mucho en el tiempo. Tenemos casi cien mezclas distintas de este disco.

Y entre tanto perfeccionismo, ¿qué determina el cierre de la creación?
(Elia) Como en cualquier proceso creativo, podría ser infinito. Pero en un momento dado tienes que ser responsable y cerrar. A veces algunos cambios pueden llevar a empeorar las canciones así que es mejor frenar a tiempo.

Aunque ahora contéis con el apoyo de Raso, sigue siendo un disco autoproducido y creado completamente por vosotros.
(Atilio) Nuestra unión con Raso ha sido desde hace muy poquito tiempo. Nosotros ya teníamos el disco acabado. Ellos se habrían esperado para sacarlo después de verano pero a mí me quemaba ya muchísimo en las manos.

Habéis hablado de la necesidad de que se notara el cambio con respecto al anterior disco. ¿Qué teníais en mente?
(Atilio) El anterior álbum surgió del impulso de crear algo diferente que uniera la voz de Elia al mundo de los sintetizadores. Sin guitarras ni nada. Este álbum, por el contrario, sí que está más premeditado y tiene una línea mucho más clara. Es bastante más oscuro y conceptual. Así que vemos un salto importante.

“Flipo porque nos relacionan con un montón de referencias de cosas que yo no he escuchado en mi vida”

No paran de surgir todo tipo de referencias a la hora de definir vuestro sonido. ¿Vosotros cómo lo veis?
(Atilio) Ya, yo flipo porque aparecen un montón de referencias de cosas que yo no he escuchado en mi vida. Pero claro, supongo que es algo normal. A mí me gusta mucho la electrónica de los setenta, ochenta y noventa. Tengo una obsesión con Air absoluta. Pero, nos han comparado por ahí con Slowdive y de verdad… Yo no soy indie (risas), yo vengo del rock y se nota en las estructuras de las canciones que están muy ligadas al progresivo.

¿Y todo ese trabajo con el mundo de la copla?
(Elia) El tema de la copla salió al principio como una definición de nuestra música. Aunque nosotros siempre hemos rectificado diciendo que somos “psicodelia popular”. Si dijéramos que hacemos copla electrónica tendríamos que tener una base de conexión más real con la copla que somos conscientes de que no existe. Para mí la cercanía a ese mundo de la canción española está más bien en las líneas de voz y en la forma de interpretar. Eso sí, me encanta escuchar copla antigua, la parte más cruda, y no tanto tonadilleras de los noventa. Aunque, por supuesto, me gustaron también ya que yo es ir a un karaoke y lo primero que hago es cantar Como una ola de Rocío Jurado. Y, bueno, a nivel de letras yo sí que quería traer al presente esos mundos que definen la copla. Dejando de lado el de la temática del amor y el desamor.

Habéis colaborado recientemente en El porvenir de Le Parody. ¿Cómo ha sido la experiencia?
(Atilio) Muy guay, ella me pasó las canciones cuando todavía eran bocetos y me pidió consejos de producción. Estuvimos trabajando en arreglos, no tenía nada claro con quién mezclar. Y luego en la canción de La puerta le hice un arreglo que suena al final y que además es muy Ruiseñora. Somos como “primos hermanos musicales”.
(Elia) Sole es amiga mía, nos conocemos desde hace muchos años por el ámbito de la poesía. Pero, también me ha gustado su música desde siempre. Así que cuando me dijo que si quería cantar con ella estuve encantada.

¿Y cuándo enlazaste el mundo de la poesía con la música?
(Elia) Para mí eran dos parcelas completamente separadas. Yo más que otra cosa era intérprete, cantaba canciones de otra gente y nunca me había atrevido a escribir una letra. Esa demonización que existe en el terreno de la poesía con las rimas me hacía huir de las canciones. Pero, con Ruiseñora he conseguido traer a las canciones los temas que me interesan de la poesía actual y esas imágenes de mi tierra que tanto había trabajado en el otro terreno literario.

Relente genera una clara nostalgia hacia el pasado, hacia una vida pasada mejor, y un ambiente tremendamente onírico. ¿No sois mucho de la vida moderna?
(Elia) La verdad es que sí que lo somos (risas). Yo creo que existe una tendencia general a la recuperación de los tiempos pasados y no olvidarlos. Pero, utilizarlos para vivir ahora. Quiero decir, hoy en día la gente está obsesionada con lo tecnológico cuando ya se está descubriendo que es tóxico. Así que es lógico que se empiece a mirar hacia atrás. En una canción hablamos de eso, de la voluntad de no perder la memoria.
(Atilio) Y luego yo creo que está ya muy agotado el modelo de importar todo lo anglosajón a la hora de hacer música. Los músicos empiezan estar ya un poco agotados de esto. Y vimos este filón y dijimos “hay que tirar de aquí, hacer cosas distintas”.

“Llevo tocando más de veinte años, pero a mí lo que me gusta es encerrarme en el estudio”

Al principio de la entrevista hacíais referencia a vuestra hija y vuestra vida familiar. ¿A la hora de educarla, musicalmente hablando, van a existir limitaciones?
(Atilio) No le pienso dejar que vaya al conservatorio como hice yo. Yo tengo mucho trauma de formación clásica y quiero que aprenda con nosotros. Además, hay un montón de alternativas para aprender.
(Elia) Yo al revés, me habría encantado tener una formación. Aunque soy consciente de que al no tener conocimiento de la técnica a la hora de cantar arriesgo y abro puertas que no abriría teniendo una formación formal de canto. Eso sí, yo siempre salgo como un animal asustado por esa falta de control.

¿Y a la hora de llenarla de referentes musicales?
(Elia) Yo creo que a una persona no se le pueden dar referentes artificiales. En casa ponemos lo que nos gusta. Y tú le puedes poner algo que te parece la caña pero es evidente que en el futuro ella seleccionará su consumo. Supongo que lo que venga después del trap. Ahora, con dos años y medio, ya nos dice que cambiemos de canción y le pongamos Baby Shark por ejemplo (risas).

¿Y qué es eso de que a Atilio no le gusta tocar en directo?
(Atilio) Llevo tocando más de veinte años, pero a mí lo que me gusta es encerrarme en el estudio. No me gustan las pruebas de sonido, no me gusta tocar. De hecho, a mí mis canciones me aburren desde que las saco. Una vez que ven la luz ya quiero ir a otra cosa. Yo ya estoy pensando en el próximo disco de Ruiseñora más que en este. Así que a mí toda esa parte del rock and roll, por decirlo de alguna manera, no me convence. Eso sí, hay que promocionar así que intentaremos tocar todo lo que podamos.

¿Cómo será entonces el siguiente salto de Ruiseñora a nivel musical?
(Atilio) Lo poco que puedo adelantar es que estoy harto de los sintes. Va a seguir habiendo sintes pero quiero recuperar guitarras. Estoy muy obsesionado ahora con la música de Semana Santa. Este año me emocioné muchísimo en Badajoz, la tierra de Elia, con la banda y al terminar le dije a Elia que quería estudiar un poco de todo esto.