"El límite entre la parodia y la estafa está ahí"
Entrevistas / El Pony Pisador

"El límite entre la parodia y la estafa está ahí"

Mariona Longarón Ropero — 20-01-2022
Fotógrafo — Archivo

La primera vez que conocí al Pony Pisador, estaban entre las tiendas del Festival del Viña Rock con guitarra, violín y cucharas, a modo de percusión, convirtiendo aquel lugar árido en la verde Comarca.

Muchos de los allí presentes nos perdimos cantidad de conciertos por seguir en la zona de acampada al lado de aquella banda obsesionada con "El Señor de los Anillos". Película que dio su nombre del Pony Pisador, la posada donde los hobbits toman cerveza y hablan de sus cosas y problemas con Mordor. Así que, ahora, después de unas pruebas de sonido que me he perdido, en este húmedo vestuario de instituto que tomo como escena de mi entrevista, no puedo evitar preguntarles cuál es la mejor película de la mítica trilogía. Se hace un silencio acompañado de un «fuá» y Miquel Pérez (violín irlandés “fiddle”, percusión y voces) acaba por preguntar al aire en cuál se han dormido menos. Parece que no van a ponerse de acuerdo, que si el discurso de Sam, que si en la que salen más caballos. Concluyen que «apunta la tercera, porque muere Voldemor».

"En la academia aprendimos que el jazz no sirve para todo, hay cosas que puedes hacer en la vida y no necesariamente es tocar jazz" 

A partir de esta banda sonora, indagaron en la música celta, luego los sea shanties, y las habaneras y el khoomei, el bluegrass, la tarantela y el yodel… Incluso este año lanzaron el disco de “JAJA SALU2”, parodiando géneros como el mestizaje de la escena catalana, la rumba o el jazz más elitista. La verdad es ¿qué género jamás harían esta gente? "Ska punchi-panchi. Aunque también tuvimos un grupo de ska punchi-panchi"… confiesa Ramón Anglada (guitarra, acordeón y voces). Me digo que no hay ni un solo músico en Barcelona que no haya tenido alguna vez en su vida un grupo de ska-punchi-panchi. Luego, les pregunto si hay alguna música con la que todavía no han jugado. "Seguramente aún no la conocemos" dice Adrià Vila (mandolina, bodhran, cucharas y voces). Venga, ¿y no existe algún género musical que os encantaría tocar, pero que, ante vuestra impoluta reputación, os avergonzaría llevar encima de un escenario? Cual Method Man escuchando a escondidas a Taylor Swift. "Es que tenemos muy poca vergüenza" añade. Después del yodel, canto tirolés que domina, uno puede hacer lo que sea sin vergüenza alguna.

El Pony Pisador es un grupo de folk y, aunque este es música popular, cuando pertenece a una cultura o un país que no son propios, se convierte en música erudita. Otros géneros como el flamenco son testigo: generalizando, no es lo mismo cómo se vive en el sur, familiar y a pie de calle, que como se concibe en el norte, de complejidad académica. El Pony trabaja con música más próxima a la cultura vikinga que a la propia y, por tanto, suelen provocar ese comentario de «son muy buenos» con sus lejanos cantos tuvanos y sus violines irlandeses. Sin embargo, esta música vivida en nuestras tierras desde el conservatorio con cierta seriedad, la combinan con una estética que es de todo menos seria. Casi cutre. "Quita el casi" me invitan. Una trabajada calidad musical combinada con la búsqueda constante del chiste antes que la armonía visual. De hecho, el Pony no sería el Pony sin sus memes y sin esta forma de relacionarse con el público, tanto en el escenario como a través de las redes sociales. No sé si siempre habían querido relacionarse con sus fans a través de este método, casi contradictorio, y si esta estética, aparentemente improvisada y despreocupada, en realidad conlleva mucho trabajo. Para empezar, me aclaran que ellos no pensaban tener fans y reflexionan acerca de que en realidad lo cutre implica un "vale, esto ha quedado demasiado bien ¿qué hacemos?". Sí, es difícil dominar el Paint.

Hay un ranking de lo más punki que ha hecho este equipo y que, indudablemente, encabeza "el disco trol": en la creación de su primer álbum en físico, decidieron introducir un CD virgen, escondido entre las 500 copias, que contenía una recopilación de múltiples chorradas que, en verdad, pasaron muchas horas grabando. El afortunado, con su tique dorado de Willy Wonka, les escribió, entiendo, confuso pero ilusionado. "El límite entre la parodia y la estafa está ahí" concluye Guillem Codern (banjo, armónica y voces). A esta anécdota, le sigue en segundo lugar el álbum de "Els nostres amics els esfeníscids" que les obligó a cambiar su logo por el de un pingüino durante una semana. De un día para otro, habían anunciado, sin preámbulos, que lanzaban nuevo disco, ofreciendo el enlace para descargarlo de forma gratuita (que majos). El enlace en cuestión contenía un extenso PDF de todas las clases de pingüinos que habitan en el mundo, incluido el grupo de ska para niños The Penguin. Aquel día, amante irracional de esta especie, fui verdaderamente feliz. Por último, en el tercer puesto de este maravilloso ranking comentan la primera publicación del grupo en las redes, por aquel entonces desde el olvidado Facebook, con un chiste acerca de una pelota de rugby y un préstamo lingüístico que solo ellos entendieron y que obtuvo el increíble número de dos likes.

El último regalo que el Pony Pisador ha ofrecido a sus fans es el reciente disco de sea shanties (“It’s Never Too Late For Sea Shanties”), recopilatorio de cantos marineros que antaño se cantaban para aumentar la productividad a bordo. La estrena ha llegado como perfecta estrategia: el resurgir de los sea shanties a través del video viral de Nathan Evans, que interpretó “Wellerman” en Tik Tok y en el que acabaron por apuntarse ciento y la madre. Comentan que esta recuperación empezó hace tiempo con la banda sonora de “Assassin’s Screed IV: Black Flag” que, con la temática de piratas, utilizó sea shanties. Inlcuso algunos de ellos los descubrieron a través de este videojuego. Martí Selga (flauta de pico, wisthle y voces), con su voz de contrabajo que haría temblar hasta las blancas baldosas de este vestuario, me habla de Pentatonix y de que a la gente le fascina que con tan solo la voz se pueda llenar toda una canción. El canto polifónico, marca del Pony Pisador que les permite iniciar un concierto allí donde sea sin necesidad de instrumentos, se aleja de la idea del divo y de una voz especial que destaca entre todas. Funciona a través de la idea de que las partes iguales forman un todo absoluto. Tal vez, esta música basada en el coro ha seducido tanto en los últimos tiempos por un romántico ideal de comunidad que nos acoge como niños perdidos en medio de un momento tan metropolitano e individualista.

El público del Pony es bien variopinto, en edad y gustos, pero, en general, el fan de este grupo se caracteriza por los juegos de mesa, el cau o el título de friki-del-ESMUC. También confiesan que la media de su público rondaba la edad de ellos, pero que han ido ampliándolo hasta seducir a la tercera edad y a familias casi enteras. De hecho, tienen en mente una en particular que les sigue en casi todos los bolos, donde el padre y los hijos los aman, mientras que la madre los odia profundamente. Porque eso es lo que ocurre cuando algo no te gusta y tu familia te obliga a verlo diez veces. El Pony tiene cierta predilección por ese público que va a ver el Pony y no le gusta el Pony. Que solo asiste a los conciertos arrastrado por su gente y permanece allí, de brazos cruzados en una esquina, mientras los demás se creen piratas. Me aseguran que ese sujeto anti-Pony nunca falla en cualquier directo y, de hecho, es su público favorito. Cuando tengan más presupuesto compraran un foco para iluminarlo desde el escenario y que salude.

Gran parte de estos músicos han aprendido los instrumentos que dominan de forma autónoma. Desde instrumentos como la mandolina hasta el dominio del canto armónico tuvano (que, por cierto, hizo ganar a Guillem en la República Asiática de Tuvá, contra todos aquellos nativos, en un concurso especializado en este canto difónico). Declaran que han aprendido la mayoría de lo que saben en la prestigiosa Universidad de Youtube y que "en la academia aprendimos que el jazz no sirve para todo, hay cosas que puedes hacer en la vida y no necesariamente es tocar jazz" según Ramón que lo aprendió de aquel profesor que le brindó con un excelente 2 en su último (porque no parece haber querido hacer más) examen.

Como siempre, llegado el final, me intereso por saber con qué referente (vivo o muerto) compartiría escenario el Pony Pisador. Discuten sobre diferentes artistas, pero acierto a entender Jon Sudano (youtuber que no ha entonado una sola nota en todas las canciones que ha interpretado hasta el momento pero que tiene gracia dándole a la sartén) y Bach.

Un responsable avisa de que queda un cuarto de hora para subir al escenario. La gente ya está entrando. Les propongo echar las preguntas que me quedan y que escojan cuáles quieren contestar. Deciden contestarlas todas y empieza una lista de respuestas rápidas:

¿Si fuerais un partido político, cuál sería?
Junts pel Suu

(De hecho hicieron un acto central de campaña y todo)

¿Referentes literarios?
Astérix y Obélix.

(De ahí su hit de “La Confraria del Menhir”)

¿Como superhéroe, qué poder representaría al Pony?
Mover de sitio los desagües de las bañeras, en la pared, mismo.

(Em…vale. ¿Qué?)

¿Cuál es la parte más tediosa de vuestro oficio?
La más tediosa es no tocar y la menos tediosa, tocar.
Construir un estudio.
Doblar las camisetas del merchan y ordenarlas por tallas.

¿Tema favorito de la discografía del Pony?
Cada uno escoge el suyo particular: Miki, “Wild Trip”, Adrià, “John Kanaka”, Ramón, “L’abordatge”, Guillem “Cenotafis de Marbre Florentí” y Martí, “Miner’s Life”.

Con esto, cierro la libreta, acaba la entrevista y todos aplaudimos. Ellos suben al escenario y una vez allí vuelven a esconderse detrás del telón. Se intuye un momento de manos al centro y gritan al unísono «¡BÚHOS!» que hace reír a su público.

El primer chiste ya está echado, que empiece el juego.

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